Consolidación del PSUV

Como era de esperar los medios de comunicación internacional, opositores a los procesos transformadores de América Latina, se apresuraron a presentar el resultado de las elecciones regionales venezolanas como un retroceso para el presidente Hugo Chávez.

Seguro que ya tenían los titulares redactados desde antes de las elecciones. El País de España, especie de vanguardia contrarrevolucionaria en Venezuela, ya estaba anunciado una “derrota” de Chávez antes de las elecciones, y este lunes no se contuvo. En su sitio en internet tituló: “La oposición gana terreno en Venezuela tras las regionales” y enseguida: pierde Zulia y Miranda, claves”.
En un repaso de los Estados ganados por la oposición, el diario madrileño incluye a Zulia, que estaba en manos de Manuel Rosales, el candidato presidencial de la oposición que perdió con Chávez las elecciones de 2006, e incluye a Carabobo, que estaba gobernada por el dirigente de un partido aliado a Chávez hasta hace un año, pero que se pasó a la oposición a mediados de 2007.
Tampoco incluye los Estados recuperados por el chavismo a gobernadores que también abandonaron el proceso bolivariano y que desde hace más de un año estaban militando en la oposición.
Pero la derecha internacional pierde de vista o pretende disminuir la importancia de un dato por demás importante. Todo el Partido Socialista Unido de Venezuela, obtuvo a nivel nacional más de 5,6 millones de votos, cuando la oposición apenas alcanzó los 4 millones a nivel nacional. Y para derrotar a Chávez hay que ganar las elecciones nacionales.
En una editorial el martes, El País insiste: “La levedad de la victoria oficialista se evidencia en el hecho de que, con todo el apoyo del poder y las gravísimas amenazas con que Chávez obsequió a los candidatos opositores, los oficialistas hayan obtenido sólo millón y medio más de sufragios que sus rivales, sobre los casi 12 millones que votaron de un censo de 17″. Así que la ventaja de 1,5 millones de votos se transformó en una bagatela para los cagatintas españoles. Más del 12 por ciento de los votantes y casi el 10 por ciento del padrón electoral!.
Estos datos no incluyen aquellos votos destinados al Partido Comunista de Venezuela y Partido Patria para Todos (PPT) que en algunos Estados presentaron candidatos propios.
Además las fuerzas del gobierno conquistaron más alcaldías, incluso en los Estados cuya gobernación fue lograda por la oposición. En todo el país, las fuerzas revolucionarias conquistaron más de 260 alcaldías contra 62 de la oposición. Es decir que a nivel de los gobiernos locales, el PSUV se afianzó.
El “gran avance” de la oposición venezolana estuvo en la conquista del Estado de Miranda, ya que la Alcadía Metropolitana de Caracas, es una victoria relativa y que integra municipios del distrito federal y del Estado de Miranda. Para este cambio de situación fue clave la derrota en Miranda de Diosdado Cabello y en el municipio de Sucre especialmente, ya que otros tres municipios que integran el distrito federal estaban ya en manos de la oposición y corresponden a los sectores de clase media alta y alta.
Así, el entusiasmo opositor debe comenzar a aterrizar cuando intente analizar la situación de cara a las elecciones legislativas y presidenciales de los próximos años.
En esta perspectiva las fuerzas progresistas también tendrán que hacer sus análisis.
En primer lugar parece claro que el respaldo al presidente Hugo Chávez se mantiene firme a nivel nacional.
Ante el fracaso de la reforma constitucional, plebiscitada y rechazada el 2 de diciembre de 2007, no parece posible una nueva reelección de Hugo Chávez en los comicios de diciembre del 2013. Por lo tanto, los resultados y las perfomances de los candidatos del PSUV, y de aquellos que no tenían posibilidades constitucionales de una nueva reeelección y que dejaron una herencia de sus administraciones, deberán ser revisadas y analizadas detenidamente para ir encontrando los candidatos del futuro.
Desde ya es bastante obvio que la derrota de unos, o la pérdida de gobierno en otros, quita puntos, prestigio y respaldo a los candidatos derrotados y a aquellos gobernadores que no supieron dejar una administración encaminada ni satisfecho a sus pobladores, al punto que votaron al partido contrario.