Chile

Impunidad y militares corruptos

Militares, empresarios y políticos sin ética, son los pilares de un sistema que institucionalizó la corrupción en nuestro país, hasta el punto de que hoy lo malo no es que se realicen estas prácticas, sino que sean demasiado evidentes.

Militares, empresarios y políticos sin ética, son los pilares de un sistema que institucionalizó la corrupción en nuestro país, hasta el punto de que hoy lo malo no es que se realicen estas prácticas, sino que sean demasiado evidentes. Transformando el abuso, el clientelismo, el favoritismo y el tráfico de influencias, en prácticas que se asumen como comunes, transformando el Estado y el gobierno en un botín en la que los altos cargos pueden enriquecerse con facilidad.

¿Cuál es el origen de todo esto?. Es cierto que la corrupción es una especie de peste que padecemos desde hace siglos. Los delitos, tan actuales como el cohecho, el tráfico de influencias, el robo de las arcas del Estado, la extorsión, la adjudicación de obras públicas a amigos poderosos, o la compra de votos, colapsaron a muchos gobiernos desde la antigua Roma hasta nuestros días. Pero lo que sucede es que en nuestro país, sin la intención de simplificar una explicación, es que la corrupción se extendió en la dictadura militar y luego de manera silenciosa en los gobiernos post dictadura, amparada en un manto de impunidad que fue perfeccionado sus métodos, a la par con el sistema económico y social que ya era corrupto cuando lo heredamos.

La corrupción encontró en “el país del tener y paraíso del consumo“, una inagotable fuente de reproducción, tejiendo las amplias redes que hoy vinculan a empresarios y políticos, militares y servidores públicos, en la acumulación de bienes y riquezas, unos engañando o defraudando al Estado y otros, sacando partido de las necesidades de la gente, del ciudadano de a pie, pero todos, amparados en una verdadera sociedad de encubrimientos que intenta justificar todo e involucrar a todos, haciéndonos creer que “no hay gobernador que no cometa injusticias, soldado que no viva de modo disoluto, señor que no actúe como tirano”. ( rey Luis XIV de Francia para referirse a la corrupción generalizada en su país).

Pero todos sabemos que “el poder absoluto corrompe absolutamente”, palabras de Lord Acton, historiador católico británico, lo cual sucedió en dictadura y sucede en democracia, durante la tiranía no había estado de derecho ni justicia independiente y el funcionamiento de la Contraloría estaba subordinado al poder cívico militar autoritario. O alguien puede decirnos que la dictadura cívico militar no fue un régimen corrupto, hoy está comprobado que Pinochet (y su camarilla de generales y civiles) ejerciendo el poder despótico, traspasaba recursos públicos a sus cuentas bancarias personales y conocidos son los casos, en los que sus generales contrabandeaban armas a Croacia o Ecuador para obtener beneficios personales.

En democracia la explicación de la corrupción, apunta hacia la incapacidad política y al acomodamiento al poder transferido desde la tiranía a la Concertación, sus dirigentes asumieron esta transición, acallando a los medios de prensa que durante años se habían atrevido a luchar en contra de la dictadura, eliminado con el mismo principio del poder absoluto, a todo aquel que pudiera disentir de las negociaciones que ellos entendieron correctas para iniciar la transición a la democracia. Esta elite política actuó sobre la base del relativismo ético, la ética de la responsabilidad (Max Weber), una ética pragmática que se fundaba en la real politik, la misma que permitió el ascenso de Hitler al poder durante la república del Weimar.

Por eso es que ninguno de los gobiernos post Pinochet, desde Aylwin a Bachelet, fueron capaces de pedir o exigir cuentas por el enriquecimiento ilícito de Pinochet y su camarilla, o por la generación de grandes fortunas por el traspaso a manos privadas de las empresas públicas. Tampoco se atrevieron a reorganizar las FFAA, sometiéndolas al control político civil y eliminando de sus filas la ascendencia Pinochetista y a los cientos de oficiales y suboficiales comprometidos con crímenes de lesa humanidad.

Ese es el punto de quiebre, entre otros, en el cual la corrupción y el poder triunfan sobre la ética de los principios, los que habían movilizado a millones e personas a luchar en contra de la dictadura. Por lograr cambios trascendentales, especialmente en el plano de los derechos humanos, de las FFAA, la distribución del ingreso y el rol del Estado.

John Kenneth Galbraith (Economista Ingles), decía que “la virtud más admirable en política es la falta de memoria” una frase muy oportuna para referirse a lo que pasa en las FFAA. Lo que no es nada nuevo, lo que sucede es que en este año 2016, el abuso por parte de los mandos superiores y subalternos, de una serie de privilegios sin control otorgados por el Estado, colmaron lo tolerable.

La falta de memoria o mejor dicho la impunidad, intentó hacernos olvidar que esos mandos institucionales, la mayoría de ellos, que hasta hace unos años eran los generales del año 2000, fueron los jóvenes tenientes y capitanes, suboficiales, que en 1973 comandaron a las FFAA con el germen de la corrupción. Fueron los actores directos de la ocupación militar antidemocrática de un país entero, de la tortura en contra de su pueblo, motivando por décadas a sus tropas y nuevos ingresos con una historia golpista, manteniendo intacta la base de creencias y valores que hace mas de cuarenta años permitieron el ascenso al poder, por medio de la violencia, de una tiranía.

Todos estos militares, con la complicidad de la clase política, por acción u omisión, se beneficiaron del camino que optó Aylwin para transitar hacia la democracia, en cuanto a lograr justicia en la medida de lo posible, aplicando tambien la ética en lo posible. Sintiéndose ajenos, intocables e invulnerables ante los reclamos ciudadanos, que van desde exigir sus responsabilidades en violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, hasta el uso discrecional del 10% de las ventas del cobre.

Es cierto que las instituciones no son la corruptas o que una institución “no es per se” ética o moral, esta es una facultad de los sujetos que la componen, los que para cumplir su cometido, como es el caso de las Fuerzas Armadas, necesitan interiorizar un código ético y que este sea asumido por la institución, para facilitar el cumplimiento de la misión. Ya no se puede seguir mirando para el lado, las FFAA requieren de cambios profundos y así como las estructuras del Estado e instituciones deben someterse a revisión y crítica, los principios golpistas que moldean y configuran el quehacer militar no deben escapar a los procesos de reconfiguración y cambio, haciéndose urgente la revisión de estos anti valores que hasta hoy dan justificación ética a la función del militar.

Pero mientras no se expulsen y degraden a todos aquellos que corrompieron nuestras FFAA en 1973, activos o jubilados, culpables de crímenes de lesa humanidad y su ideología, su mal ejemplo seguirá actuando como un grupo de presión dentro de la institución armada.

Los valores profesionales de los militares surgen y se transmiten en la relación regulada del mando y la obediencia, entre superiores y subordinados y de la finalidad última de esa relación, que es la defensa de la Patria. Estos conceptos se materializan en una fórmula que se agudiza en los momentos de trascendencia, que es la guerra o el enfrentamiento militar en todas sus formas, en la que el superior solicita subordinación y valor, y los subordinados responden para defender a la Patria, con disciplina, subordinación, lealtad, abnegación y valor.

Pero ¿puede constituirse este proceso sin riesgos para la sociedad, si parte del mando de las FFAA, en su nivel mas alto es corrupto, o este es permisivo, por tanto culpable pasivo?. Un mando militar que no hace nada para eliminar una historia de actuaciones aberrantes, que no se ajustan a parámetros morales y profesionales que los reglamentos militares exigen?

Las respuestas a estas interrogantes son urgentes, estamos frente a situaciones complejas que son necesarias de abordar como país, no se puede permitir que se defina una situación de guerra como legítima, de la misma manera como se hizo en 1973, avalando los comportamientos de los militares, en cada nivel de ejecución, con actos crueles o de barbarie.

Un proceso en el cual la memoria histórica, que es el relato que construimos sobre nosotros mismos será un factor determinante, sin memoria histórica se continuará alardeando sobre hechos militares falseados y que solo apuntan a mistificar a héroes militares con pies de barro. Porque la verdad histórica, muestra que las instituciones militares han cumplido en distintas épocas, de forma clara, el papel de brazo armado y de instrumento político y militar de la clase que ostenta el poder económico., como actores de una tradición que es de luces y sombras y activos participantes de la fragmentación y violencia sobre la cual se ha construido nuestra sociedad.

Y a propósito de la corrupción y de las riquezas mal habidas en Chile, algunas de las cuales son el fruto de la apropiación de vidas de inocentes junto a sus bienes.