La eterna migración de los elefantes.

Partieron desde una dimensión,
Ilocalizable para el más diestro de nuestros peritos;
A descubrir la gota que apacigua las miserias.

Todo el recorrido surgió en una cartografía que guarda la intuición,
Es un misterio el moverse por las dunas, sin perder equilibrio,
Sobre un filo interminable de silencios; y buscar
Con su vista y olfato bien profundo en la memoria.

No importa que otras especies le retuerzan sus nervios a la naturaleza;
Que le agujereen cráteres al horizonte hasta que sangre.

Ellos recorren la ruta de los siglos. En un viaje hacia atrás,
Siempre de regreso al punto en la memoria desde donde parten.

Los únicos seres del planeta que avanzan en retroceso;
Quizás esa sea la razón por la que jamás se extravían.

Infelices los lampiños bípedos que cubren sus temores con piel de los otros,
Calzan sus huellas inútiles con epidermis ajena; aun si artificial.
Habitantes de chozas enormes y muy rígidas por el escándalo.
Que adquieren comida, agua potable por fragmentos de piedra; se creen propietarios,
Extorsionan y lastiman en las cortes a las madres de sus crías,
Para ocultar los galanteos en celo por otra hembra;
Y arrebatan a los demás su sobrevida martirizando con fuego al mundo.
Que dependen de la prensa para fijar, a corto plazo la hora del aseo.

Los huérfanos de fábula; disfuncionales para los espacios sin ruidos
Que martirizan a sus perros, los echan a reñir por placer,
Cuando suplican con escopeta al medioambiente para que les lance una migaja.

Los baldados de su propia Historia ven cruzar la manada, impávidos;
Incapaces de recordar esa última vez, que se repite interminable,
Cuando los elefantes cruzaron, cruzarán la planicie de las dunas;
Por siglos. Sorteando tinieblas mudas de su intuición,
Por sobre el filo eterno de silencios sin perder el equilibrio.

Aprendiendo a soportar el dolor de no perder su memoria.

31/10/1955-5/09/2016