Y se hizo la luz; ¿o es otro apagón del béisbol cubano en el Caribe?

“…y cada jugada está escrita en el cielo….
Será que el béisbol se parece a la vida;
será que sin él no podemos soñar…”

Dúo Buena Fe

Hace algo más de una década reflexionaba acerca de que hay que trabajar con pertinencia política para lograr el equilibrio sustentable (equidad socialista posible) entre la idea y la eficiencia de lo material para vivir bien.

En este momento, el ahora, no es una futuridad creíble sin interacción crítica entre presente y pasado, para crecernos desde nuestra cotidianidad -que tiene que ser cada vez menos límite entre precariedad y miseria. Estuve en la URSS en 1988 e hice absoluto rechazo a lo que vi, que en nada se parecía a las promociones de las revistas soviéticas. Percibí allí que un enorme hálito de tristeza flotaba sobre todos los lugares. Una precariedad hiriente, semejante a la de los pordioseros que a punto de mal acicalar sus viejos harapos, sueñan con una fiesta fastuosa adonde esconder su realidad. El nivel sustentable de vida en el equilibrio pertinente entre lo material y lo espiritual quizás sea lo que salve a las personas de las ratoneras de su subconsciente. Toda la sangre y el sacrificio que cueste alcanzarlo dentro del proyecto socialista, en bien de TODOS, no será bastante.

Pero ni los caminos ni las experiencias se transitan dos veces de la misma forma. No albergo la disposición de deplorar lo que venga. Que si no es mejor, será distinto. El optimismo es una buena actitud. Pero no es suficiente.

El reto urgente para el proyecto socialista cubano es económico, pero sometido políticamente a la capacidad cultural indispensable a la aplicación de la praxis pertinente con que salvaguardar y ampliar democráticamente el espacio de justicia social alcanzado –y el necesario que nos resta-, para que vencer dicho reto no desplace al proyecto hacia la reproducción burguesa.

Mientras, la pugna contra dicha reproducción, políticamente, se extiende hacia toda la dimensión cultural del proyecto; dentro y fuera de nuestra cotidianidad. En un país bloqueado por una guerra económica y política durante más de medio siglo, por parte de los gobiernos que representan a la hegemonía “unipolar” angloestadounidense, propietaria privada desde hace casi un siglo de los guantes, el bate y la pelota, impedir que una expresión de la espiritualidad cubana tan fuerte como su deporte nacional, emergiese como un triunfo político, ha formado parte desde siempre de aquel asedio.

Y el pueblo políticamente organizado de la Isla, siempre se lo tomó –y aún se lo toma-, muy en serio. Porque es una porción harto sensible de esa justicia social acumulada; lo que implica al consumo sostenible de “vitaminas” caras a la autoestima, para la resistencia contra un mundo, cada vez más, pasivamente acodado en una desigualdad insoportable. El béisbol en Cuba es un “texto” de su cultura, y no cualquier otro deporte.

En un país sometido al más imbécil, por esquizofrénico e inútil, bloqueo integral; donde hasta la utilización del transporte público es una agonía que puede llevar al más pinto al Cuerpo de Guardia de un hospital psiquiátrico. Incluso, en días no laborables La Habana, su capital, concebida inicialmente para unos 600 mil habitantes hoy sufre casi tres millones de personas, que incluye a una población flotante insuficientemente precisada por las estadísticas. Su estadio Latinoamericano, de béisbol, que posee una capacidad para alrededor de cincuenta mil asistentes, se desborda durante un partido importante, sobre todo si juega el equipo Industriales. Las personas que acuden deben en un porciento no despreciable salvar distancias de alrededor de sesenta kilómetros; es decir, todo un día laborable, o de asueto, agobiante debido a la calamidad del transporte público. Y a otras incomodidades que no sacaré a colación. En medio de la crisis económica más cruenta de los últimos sesenta años, que aún no termina. Y asumen ese sacrificio, aun cuando los juegos se transmiten por la televisión. Esa pasión tiene una fuerte implicación política. Y es recomendable tener cuidado con la despolitización como herramienta categorial; si el imperialismo angloestadounidense la utiliza con fines subversivos, sobre todo durante los avatares de la guerra cultural que ha impuesto, la respuesta a ese intento de despolitización politizada, será culturalmente política. Otra reacción significaría hacerles el juego. Todo es político.

Esa guerra cultural no es nueva, sino que en los últimos tiempos se ha potenciado por parte de la plutocracia capitalista –en su incesante acumulación parasitaria de plusvalía-, al ser esta la verdadera dueña privada del béisbol, de sus implementos; y de la ejecución global de las normas para acceder a ellos. Las disciplinas deportivas devinieron, a través de esa transnacional que es el COI (Comité Olímpico Internacional) y su propiedad privada sobre los Juegos Olímpicos, en la materializaron del despliegue total de una ocupación casi militar sobre el negocio de los espectáculos deportivos como parte de la emergencia de la economía de servicios, con que apuntalar a la misma economía improductiva angloestadounidense, víctima de la deslocalización y la desregulación que dicha plutocracia ha impuesto con el objetivo de rebajar brutalmente los costos de inversión mediante abaratamiento de los salarios y precarización de las condiciones de trabajo en los países hacia donde se han desplazado los procesos productivos.

En ese sentido, resulta muy curioso que el béisbol controlado como negocio por casi cien años desde la llamada “gran carpa” o Grandes Ligas, nunca fue interés puntual para su inserción en los Juegos Olímpicos hasta que el COI devino en la transnacional del entretenimiento que es hoy. Y una vez que logró ser insertado en los juegos, su permanencia fue relativamente corta. ¿Las causas? Fueron varias, pero la que parece esencial está en el hecho de que los partidos de béisbol duran “mucho” tiempo, y no tienen la emotividad, el fuerte contacto físico e hiperkinesis que caracteriza a deportes como el fútbol (soccer) o los de campo y pista del atletismo.

Existe una explicación al respecto: según la tradición beisbolera estadounidense –ya globalizada- a un estadio de béisbol se va a consumir mucha pacotilla digestiva y espiritual. Mientras el fanático esté en el estadio disfrutando del juego, se la pasará tragando, masticando o bebiendo; comprando símbolos de sus equipos y debatiendo con los otros al tiempo que continúa masticando, bebiendo y tragando; mientras descifra una cantidad abrumadora de pautas que conforman a un reglamento históricamente muy extenso. Precisamente conocer de béisbol es un ejercicio intelectivo complicado. Personas en Cuba –o en el exterior- a las que no les gusta, y cambian de canal sin pensarlo dos veces, generalmente se quejan de lo complicado de sus reglas. Y de cuánto hay que esperar para que suceda “algo”.

A partir de la tercerización global de la economía capitalista y del auge de la acumulación parasitaria de capital como una norma desde el fundamento neoclásico, esa asociación internacional de béisbol con sede y amplia participación financiera angloestadounidense, cuyo negocio principal son las Grandes Ligas y su supuesta serie mundial, se dio a la tarea, primero de insertar al béisbol en los Juegos Olímpicos, extender la práctica de ese deporte incluso a países del antiguo campo socialista, el resto del sur latinoamericano; apalancarlo en Asia y el norte africano. Y como colofón, fundar un Clásico Mundial cada dos o cuatro años (ya va por su tercera edición) para la prospección de nuevos jugadores que alimenten a sus equipos de las ligas profesionales estadounidenses. ¿Estados Unidos no ha ganado aún uno de esos Clásicos? No es muy importante; porque compra y vende, recibe y despide a jugadores de todo el mundo. Haber jugado dentro de las Grandes Ligas es un palmarés indispensable para cualquier atleta en ese deporte. El dinero de la “gran carpa” sigue fluyendo; regresar a las Olimpiadas es un punto importante en la expansión del negocio. Estados Unidos es el primer país que nació capitalista, lo que exige una actualización constante de su hegemonía. Es una condición genética de su excepcionalismo político. Pese a la diversidad del origen cultural, todos los atletas que pasan por, o aspiran a pasar por la “gran carpa” son “americanos” de nacimiento o de propiedad.

El amateurismo no perdió contra el deporte profesional, solo se transformó en la supra-especialización del trabajo que caracteriza al post-keynesianismo del mercado laboral capitalista, por lógica, desde la interrelación entre economía neoclásica y neoliberalismo también atrapó al beisbol de fly. Los lanzadores ya no batean, se especializan en abridores, relevistas de tiempo corto o medio, en matadores (o killers). Hay bateadores designados que cubren su turno al “plato”, pero no van a servir al terreno. Están –les pagan-, solo, para batear. La preparación física es esencial, a tal punto que si uno no alcanza un volumen de masa muscular es preferible que se siente en las gradas, porque la preparación física que se exige solo es posible dedicándose a ella a tiempo completo. Un lanzamiento a noventa millas o más, de velocidad, solamente se puede “adivinar” tras muchas sesiones de entrenamiento para perfeccionar una coordinación de movimientos harto precisa al hacerle swing a la pelota. Exige una coordinación muscular y de sentidos a un nivel de destreza digna del Circo del Sol. Si a eso se suma la fuerte competencia inherente a la misma cultura del capitalismo, jugar como aficionado solo puede aplicarse al patio de su casa, o a los domingos de solaz con los amigos.

¿Entonces?

Aún estamos muy lejos de un amateurismo des-mercantilizado, del juego solo para divertirse un rato y compartir con los otros. El deporte se ha convertido en una de las fuentes más lucrativas de acumulación de capital en una economía harto tercerizada. Todo se vende y se paga de manera lucrativa. Máxime si cada jugador estelar, cada poseedor de algún record relevante, deviene un símbolo de la biologización del escogido, del exclusivo en la sociedad de consumo, que es la sociedad que predomina exactamente ahora. De quien deja de ser latino, negro o indígena, pobre, inmigrante indocumentado o excluido para devenir en individualidad de referencia mundial a salvo de las vicisitudes y carencias materiales en la vida real existente; del jet set digitalizado, por desmantelar. ¿Adiós a la pobreza, al desamparo, al desempleo concomitante, a los sacrificios ineludibles en pos de un cambio radical socialista? Los atletas continúan cruzando hacia el “norte” alegórico; todos los caminos van a “Roma” si se desea brincar a esa “gran carpa”.

Es imposible, de facto, cumplir un horario de ocho horas de trabajo en una fábrica o una oficina, sacrificar el resto del tiempo para jugar béisbol, por ejemplo, y hacerlo con un nivel de profesionalismo que pueda confrontarse con la cuota alcanzada por el béisbol profesional. En el capitalismo del siglo XXI es una quimera, siendo un trabajador o un desempleado, practicar un deporte para divertirse; y a su vez cultivarlo con profesionalismo. Eso podría ser posible hace medio siglo atrás, más o menos. Hoy practicar un deporte como el béisbol es una profesión, y no para cualquier persona. Incluso, el nivel de alfabetización elemental es insuficiente; la complejidad misma de sus normas y reglas lo exige. La tecnofilización de la cultura que ha impuesto el reajuste neoliberal de la sociedad capitalista obliga a “estudiar” el desarrollo de la concentración máxima en los entrenamientos y en el campo de juego. Salir al diamante está ya lejos de significar una distensión en la estresante vida cotidiana, hay miles de millones de dólares en riesgo. Si fallas nadie te pasará la mano, quedas fuera del mercado y terminas, en el mejor de los casos atendiendo a niños en un terreno de barrio.

El amateurismo seguirá siendo una quimera mientras exista sociedad capitalista hegemónica. El mismo olimpismo tal y como nació, es ya mitología. El amateurismo es hijo de la libertad, pero ella “existe” a nivel global solo desde la perspectiva cultural y política angloestadounidense de libertad en la desigualdad, que Samir Amín dilucida como igual a salvajismo. Lamentablemente si el amateurismo desde la cultura socialista, hoy se inserta en el mercado capitalista: pierde. El deporte no es aún expresión de la libertad –lo que tiene una implicación política ineludible-, sino de acumulación parasitaria de capital. Es una esclavitud, en ocasiones lucrativa para el explotado; que por ello no deja de serlo.

Enfrentar a la “profesionalidad” amateur contra el “profesionalismo” de la sociedad capitalista es intentar freír un huevo en la palma de una mano, debajo de la luna sentado sobre una piedra. Ubieta comentó con pesar que “la derrota momentánea del amateurismo –que no es la victoria de la profesionalidad, sino del profesionalismo– es una de las consecuencias naturales de la derrota momentánea del socialismo. Es poco serio discutir sobre la real o supuesta merma de calidad en los equipos cubanos, si no mencionamos el continuado desangramiento que producen las deserciones (el robo) de peloteros consagrados y de talentos en desarrollo.” ¿Verdad? ¡No fastidies! Es parte de la guerra cultural imperialista.

Resulta lamentable que los escasos recursos existentes, las energías y la voluntad que tales recursos garantizan deban dilapidarse en garantizar todos los años, en Cuba, para organizar y realizar una serie nacional de beisbol con dieciocho equipos a, por ejemplo, noventa y pico juegos cada equipo y con casi cinco meses de duración. A celebrarse en dieciocho estadios. Es apabullante la cantidad de recursos que requiere tal empeño. La economía tiene que ser política porque la política no administra, sino que vela, garantiza por que la administración no cometa disparates tales que puedan echar abajo el esfuerzo por hacer sustentable a la sociedad y a su reproducción.

El béisbol, al margen de otros deportes como el balompié, es un deporte que se juega en equipo; y eso hace más exorbitante su inversión. En el socialismo de Cuba el amateurismo, por mucho profesionalismo que ostente no se auto costea; es un gasto social. Y todavía hay que crear condiciones para que los servicios complementarios de un campeonato nacional de béisbol puedan amortizar, un poco, esa inversión social. La única economía que tiene “secretos” y “milagros” es la neoclásica.

Y para colmo de males las insensibles restricciones de las leyes extraterritoriales angloestadounidenses contra Cuba impiden que nuestro país pueda acceder a un centavo de cobro por la participación de un equipo de la Isla en un campeonato o serie con profesionales adscriptos a, o contractualmente relacionados con las Grandes Ligas. Recordar la Serie del Caribe 2014 en Isla Margarita. De regresar el béisbol a las Olimpiadas será muy probable que la plutocracia beisbolera angloestadounidense se adueñe del espacio de operaciones correspondiente. Así tendremos al perro corriendo detrás del conejo; como siempre.

Las derrotas deportivas significan lo que las condiciones de sustentabilidad material, política y económica de una cultura semanticen. Si tenemos que “bailar” a lo “americano” para sentirnos tranquilos en ese aspecto, nos estaríamos haciendo muy enjuto favor. La conservación y crecimiento de la autoestima como proyecto de emancipación social radical está por sobre victorias o derrotas deportivas circunstanciales. Pero en no pocas ocasiones parece que nos lo estamos jugando todo a un partido de béisbol. Tendremos las condiciones de desarrollo deportivo que la misma sustentabilidad alcanzada o no de la sociedad nos permita. Y aún queda mucho por trabajar al respecto.

La madrugada del verano del año 2000 en que el béisbol cubano perdió su medalla de oro olímpica contra un equipo norteamericano compuesto por profesionales; entrenado no para creer sino para hacer las cosas con la efectividad de una máquina, nos enseña que la persistencia debe tener una técnica y un estilo. Y una cultura, para todo. Los hombres de nuestro equipo no tuvieron la culpa, son excelentes personas y atletas, pero esas gentes -USA- estaban defendiendo un “modo de vida”; un concepto (y no un sentido) de la vida basado en la felicidad de una tranquilidad material, que únicamente les ofrece la alternativa de salir ganadores. La imagen exitosa de los ganadores. En algunas ocasiones hay que hacer las cosas con precisión de máquinas para alcanzar grandes valores humanos. Aún no es suficiente la dignificación del modo de vida de nuestros peloteros durante los campeonatos nacionales –a pesar del reciente aumento salarial-; y del contexto de donde provienen. Una provincia también vive para defender los colores de su equipo de béisbol en la serie nacional, algo que es un privilegio en un país pobre como Cuba. Desde la tradición de un patrimonio cubano que tiene más de un siglo. El béisbol es también un “texto” de la cultura cubana, que no se limita a victorias o derrotas en torneos internacionales. A la competitividad monda y lironda, banal.

La rectificación radical hacia el proyecto socialista posible, a través de una pertinente praxis política en democracia amplia por empoderada, será lo que haga emerger con nuevos bríos a la sustentabilidad material y espiritual, a su reproducción también pertinente. Y junto con ella a nuestro movimiento deportivo, y al béisbol mismo. Para ese momento casi estará resuelto el conflicto del profesionalismo de marras.

El propio Lotman, aporta mucha más precisión, al concepto de “texto”, cuando, enuncia que: “La primera brecha […], fue abierta […] cuando se examinó el concepto de texto en el plano de la semiótica de la cultura. Se descubrió que, para que un mensaje (elemento, signo) dado pueda ser definido como “texto”, debe estar codificado, como mínimo, dos veces. [Y da un ejemplo] Así […] el mensaje definible como “ley” se distingue de la descripción de cierto caso criminal por el hecho de que pertenece a la vez al lenguaje natural y al jurídico, constituyendo en el primer caso una cadena de signos con diversos significados, y en el segundo, cierto signo complejo con un único significado. Lo mismo se puede decir sobre los textos del tipo de la “plegaria” y otros”. Iuri M. Lotman. La semiótica de la cultura y el concepto de texto. Revista Entretextos 2, Noviembre de 2003, Granada España. http://www.criterios.es
Hace 53 años el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz inauguró la primera Serie Nacional del beisbol revolucionario, amateur, cuando en el deporte mundial aún existía esa categoría., que el reajuste neoliberal capitalista ha revertido, por el momento. Aun así, esa fecha posee una significación cultural y política fundamental como acto efectivo de justicia social. (NA).
Ver: Samir Amin. La desigualdad actual es el hecho social e histórico más impresionante de la historia. La Haine. 7/10/2010. http://www.lahaine.org/index.php?s=Blog+Camino+Socialista&sentence=lhsentence_b&lhsearch=1&submit=Buscar
Enrique Ubieta. La serie del Caribe y Cuba. Crónica de una muerte deseada. Rebelión. 11-02-2014. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=180654&titular=cr%F3nica-de…

Desde el litoral de La Habana, febrero/2014.