Chile-Cuba

Fidel en el corazón de los revolucionarios chilenos

A días de la muerte del Comandante Fidel Castro, la tristeza aun invade el corazón de millones de seres humanos en todo el planeta, pero su obra revolucionaria, que puede ser apoyada, cuestionada, controvertida o como se quiera evaluar, muchas veces por imágenes  y versiones intencionadas  destinadas  a desprestigiarle, esta allí. Con una Cuba parada, digna  referente de una soberanía nacional-popular, bloqueada, amenazada pero nunca violentada.

La cuestión radica en como cada cual quiere ver Cuba, pero objetivamente el régimen socialista cubano, con todos sus defectos e imperfecciones, sigue siendo la contraparte del diagnostico latinoamericano crónico de explotación, muertes por desnutrición,   por enfermedades curables de millones de adultos y niños, por el desamparo de personas que no pueden jubilar por temor a la pobreza, por la deserción escolar, la drogadicción, la criminalidad, el desempleo y subempleo, la polarización social entre otros.

Un país que sin aspirar a ser perfecto, con todas sus limitaciones, ha dado una larga lección de internacionalismo, cuyas evidencias están al alcance de todos, porque son millones de seres humanos de todo el mundo los que han sido beneficiados por el afecto cubano a lo largo de más de medio siglo. Patria es humanidad decía Martí, constituyendo el concepto de patria que se tiene en Cuba, un pensamiento que en Fidel fluía con fuerza afirmando una y otra vez, que esa era “la flor más hermosa de la Revolución Cubana…que ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad…”

Sus enemigos le cargan “la exportación armada” de la revolución, lo que  en gran parte es un mito, pero nunca hablan del aporte real que profesionales cubanos han hecho y hacen de manera desinteresada en todo el mundo. En 57 años de revolución han pasado mas de 80.000  trabajadores de la salud por 39 países del continente africano y en la actualidad, 4.048 profesionales continúan colaborando en 32 países de África, de los cuales 2.269 son médicos.

A nivel mundial y al día de hoy, Cuba colabora en 66 países con 50.731 cooperantes —el 64.6% son mujeres—, entre los que se encuentran 25.412 médicos. Cifras importantes que difícilmente otro país puede mostrar, que demuestran la solidaridad desplegada por Cuba, realizada a pesar del bloqueo criminal impuesto por el Gobierno Norteamericano y que le ha impedido desplegar todas sus capacidades, para alcanzar una mayor felicidad de su pueblo.

Pero este tremendo despliegue internacionalista nunca será reconocido por los enemigos de Cuba, por el contrario, lo que nos venden los medios de comunicación es el discurso de quienes critican a Cuba, de los que se sienten dueños de la verdad política, que pregonan la democracia mientras en el nombre de la libertad de mercado, niegan mas y mas derechos a las personas en sus propios países. Otros, como es el caso de la  derecha en Chile, que sin siquiera reconocer su participación en el terrorismo de Estado de Pinochet, de manera directa o indirecta, montan historias y califican al régimen cubano de  “tiranía”, o como el “modelo comunista que atenta en contra de las libertades y los derechos humanos”.

Pero la influencia cubana en América Latina es objetiva, porque desde su irrupción en 1959, se constituyó en un duro golpe a la hegemonía económica, política e ideológica de Estados Unidos en Latinoamérica. Lo que le significó a los cubanos, un permanente ataque, desde Estados Unidos, quienes hicieron todos los esfuerzos por neutralizar el proceso revolucionario, intentaron asesinar a sus dirigentes, entre cientos de otras acciones criminales, incluyendo el bloqueo económico vigente  hasta hoy.

Cuba se transformó en una alternativa, eso es cierto, primero porque nos mostró un camino distinto, en el cual las libertades de las personas se manifestaban en el logro y materialización de sus derechos, a educarse, a la salud, a la recreación y que todo eso formaba parte de un modelo de justicia social. Una influencia que se fortalecía, y aun se fortalece, en la realidad que viven cada uno de nuestros países, atrapados en procesos de abuso y enriquecimiento de pequeñas elites, en desmedro de la felicidad y bienestar de millones de seres humanos.

En segundo lugar, porque en tales circunstancias, es inevitable que surjan esperanzas de cambio social que, inspiradas en la revolución de Fidel, influya en los movimientos y partidos de izquierda latinoamericana, para asumir una actitud frente a la forma de tomar el poder. Inevitablemente el triunfo de la revolución cubana mostró un camino distinto a la lucha político-electoral, como estrategia para llegar al poder y, para desde allí,  llevar a cabo profundas reformas estructurales, como paso previo a la construcción del socialismo.

En otras palabras, la solidez política que tomó el curso de la revolución cubana,  desde un principio, asumiendo el parámetro del arribo al poder a partir de la lucha armada y su definición socialista, se constituyeron en un referente tangible para la izquierda latinoamericana.

Por lo tanto, ya no se trataba del ejemplo de la URSS y el socialismo en otro continente, bajo condiciones completamente diferentes en términos históricos, políticos y económicos, sino de un acontecimiento en Latinoamérica; una nación con problemas comunes que había hecho una revolución, se había librado de Estados Unidos y que construyó una nueva sociedad.

Todo esto es lo que hace de Cuba un referente y lo seguirá siendo, a pesar de que los profetas políticos, en el caso de Chile, alimentados por la “cultura mercurial“ y desde el fin del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), a principios de los noventa, postulan su desaparición. Seguramente ahora, con la muerte del Comandante Fidel, continuarán apostando al fin de la revolución cubana, porque para ellos es la etapa neoliberal del antiguo capitalismo lo que debe reinar en el ámbito mundial.

Pero esas historias dan cuenta que sus autores no conocen Cuba, no dan crédito a que el socialismo cubano se genera a partir de un movimiento revolucionario, en el que participa la mayoría de la sociedad, transformando de raíz las estructuras políticas, económicas y sociales de la dictadura de batista. No saben o no reconocen que no es un proceso impuesto desde afuera ni por una clase burocrática, sino que, el resultado de una amplia participación popular impulsada a partir de un liderazgo forjado en la lucha, reconocido en su propio país y en el mundo y protagonizado fundamentalmente por Fidel Castro y por quienes lo acompañaron en el Movimiento 26 de Julio.

Quienes de una forma u otra fuimos  receptores directos del cariño de la revolución cubana, que crecimos políticamente al alero del internacionalismo y quienes  se educaron en sus principios, sabemos que en Fidel se plasmó la revolución en sí misma, en su dirección, orientación y fisonomía. Por eso es que para el conjunto del pueblo cubano, al margen de sus cualidades, de su eficacia como dirigente, es ya un símbolo que adquiere un valor fuera de lo humano, fuera de lo cotidiano y estará allí aun después de su dolorosa partida.

Algún día se entenderá que las revoluciones no se exportan ni se copian, solo son referentes que se pueden o no seguir para construir lo propio, tal como decía Fidel, “las revoluciones no se exportan, las hacen los pueblos”. Pero, “Que la revolución es posible, que los pueblos pueden hacerla, que en el mundo contemporáneo no hay fuerzas capaces de impedir el movimiento de liberación de los pueblos”.

Partió Fidel, pero con todo esto nos dejó su legado, una vida plagada de ejemplos, de consecuencia de internacionalismo, lo que para un número significativo de chilenos y chilenas, significó recibir su ayuda solidaria, para vivir con cariño y apoyo su condición de exiliados y para otros, nosotros, digo los Rodriguistas, enfrentar a la tiranía de Pinochet.

El FPMR nunca hubiera podido existir sin la visión inclaudicable e internacionalista de Fidel Castro, cuya decisión, que al final se impuso, representó la voluntad de millones de Chilenos, hombres y mujeres. Originando una organización político militar, que contó en sus filas con  hombres y mujeres que no se doblegaron ante la dictadura y estuvieron dispuestos a entregar sus vidas, aportando como lo hicimos, a la libertad de Chile. Por eso es que tanto para nosotros como para los luchadores sociales de otras latitudes, Cuba fue y será un icono de dignidad, que nos movilizó, en nuestro caso, a comprometernos con la rebelión justa y necesaria en contra de la tiranía criminal en Chile.

Lideres perfectos no existen, modelos perfectos tampoco, pero si lideres revolucionarios consecuentes, visionarios, firmes en sus convicciones, quienes consagran toda su vida al bienestar de su pueblo y Fidel era uno de esos, elevando, por sus obras, su figura política revolucionaria, como la más importante del siglo XX y principio del XXI.

“ Los hombres individualmente pueden desaparecer, pero los pueblos perduran. Y este pueblo nuestro, este pueblo revolucionario, este pueblo que trabaja, este pueblo que se prepara, este pueblo que se educa, es algo que tiene vida eterna, algo que tiene vida inmortal, algo en lo cual la obra de cada uno de nosotros, el granito de arena de cada uno de nosotros, se continuará a lo largo de la historia, porque los que vengan detrás seguirán la tradición de su pueblo, como nosotros hemos seguido la tradición de los que empezaron a luchar por la nación cubana hace un siglo……” ( Fidel Castro, 2 de Septiembre de 1960)

Comandante, con la humildad que aprendimos de su tremendo e inmortal  ejemplo, hasta  siempre……….

-El autor, Enrique Villanueva M., es ex dirigente Rodriguista