El argentino, Ciro Bustos, ex guerrillero y soldado de Che Guevara, radicado desde hace años, en la ciudad sueca de Malmö, murió este domingos 1 de enero a la edad de 84 años

Con la misma emoción de siempre, estimado Ciro te deseo un descanso en paz…

Estimado Ciro, el viernes 23 de diciembre, ambos casi con lágrimas en los ojos, nos confundimos en un fuerte abrazo. Claro con los mejores deseos que acontecen estas fechas.
Hoy al recibir al medio día, la llamada de René Borda, comunicándome tu muerte, lo único que atine fue gritar un rotundo «¡NO!».
Claro la triste noticia fue por encargo de Paula tu hija…Cuando hable con ella dijo que su hermana Andrea está en Buenos Aires, y que no ha podido hasta ese momento tomar contacto. Quizá ella misma no quería aceptar tu repentina partida, no le salían las palabras para explicar las causas de tu muerte.
- Falló su corazón! dijo.

Estimado Ciro, el viernes 23 de diciembre, ambos casi con lágrimas en los ojos, nos confundimos en un fuerte abrazo. Claro con los mejores deseos que acontecen estas fechas.
Hoy al recibir al medio día, la llamada de René Borda, comunicándome tu muerte, lo único que atine fue gritar un rotundo «¡NO!».
Claro la triste noticia fue por encargo de Paula tu hija…Cuando hable con ella dijo que su hermana Andrea está en Buenos Aires, y que no ha podido hasta ese momento tomar contacto. Quizá ella misma no quería aceptar tu repentina partida, no le salían las palabras para explicar las causas de tu muerte.
- Falló su corazón! dijo.
Mi esposa y mis hijas corrieron hacía mi.
Pronuncié apenas tu nombre..¡Ciro ha muerto!
Escribí apresurado unas cuantas líneas en Suramericapress, avisando al mundo de tu muerte. Envié mensajes a Página 12 de Argentina y Prensa Latina.
Querido Ciro, aun resuenan en mi mente tus palabras, como el eco de una campana, los temas conversados aquel viernes.
-Necesito ordenar mis cosas, dijiste señalando tus cuadros colgados en todas las paredes de tu departamento. Tu desorden era armónico y artístico, los cuadros, los libros, las sillas reacondicionadas para tu comodidad y para recibir a tus amigos.
Tu escritorio, las facturas de la luz y las citas para la consulta médica..todo tendría que estar a la vista y a tu alcance.
No había desorden, pero tus palabras denotaban un oculto temor.
Tu primera preocupación, la más importante de tu vida, siempre ha sido Ana María, tu inseparable compañera, aunque por azares de la vida no compartía el mismo techo.
- Cuando yo muera…
- No lo digas Ciro, dije cortando tus palabras y hoy ni siquiera puedo sospechar ¿qué tenías que decir en ese momento?.
Cuando hoy tu ya no estás, mis recuerdos vuelven atrás, como cuando las manecillas del reloj giran hacia al revés.
Nos conocimos en 1989 cuando ambos concurríamos a unos cursos para hablar el sueco. Han pasado tantos años ni tu ni yo hemos logrado congeniar con este idioma. Como jovenzuelos -que gracia me causa hoy- cuando se nos antojaba, nos ausentábamos de clases para refugiarnos en tu taller, ubicada en pleno centro de Malmö y a pocos metros de «nuestra escuela».
Al principio de nuestra amistad, te conté que yo era trabajador fabril. ¿Recuerdas que me dieron tiempo después un curso de mecánica de camiones? Nunca terminé de estudiar.
Sabías que yo escribía de vez en cuando algunas notas, relacionadas con la comunidad boliviana, hasta que en 1991 me vinculé al semanario Liberación. ¡Uf como ha pasado el tiempo!
Así como yo fui soltando la historia de mi vida, también fui con la misma confianza el depositario de tus secretos: sobre la revolución cubana, Che Guevara y de tus compañeros, de tus viajes a Argelia, Checoslovaquia, China y otros antecedentes que forjaron los ideales de la lucha armada junto al Che.
-Al Che lo conocí en Cuba, adonde yo había viajado en abril del 1961, atraído por la revolución cubana, solías decir, en una forma indirecta de abordar temas guardados por ti. Las interminables horas de charlas, una veces con un vinito tinto otras con un singani boliviano, siempre fueron temas apasionantes.
Así después de tanta charla e insistencia por mi parte en conmemoración de los 30 años de la caída de Che, hemos elaborado la extensa entrevista publicada en un suplemento especial en el diario boliviano Presencia, cuyo título: «El sueño revolucionario del Che era la Argentina», y esta desató una serie de reacciones.
Es desde entonces tu voz no callaría. La verdad de tanta intriga sobre tu participación en la guerrilla guevarista, sobresalía esclarecedora y solida para tapar la boca a quienes repetían la tan gastada propaganda de una supuesta traición.
El escritor cubano Froilán González, a quien yo acompañé hasta tu casa, te entregó personalmente el libro de su autoría: «La CIA y el CHE» donde subraya que tu protagonismo en la guerrilla de 1967 es incuestionable. Más adelante el escritor norteamericano Jon Lee Anderson en su libro: «Che, una vida revolucionaria», que llegara hasta Malmö y por varios días conversaron en tu vivienda, entregaste tu testimonio, hecho público e irrefutable hoy, cuando se habla del Che. Acotar a esto el documental «El sacrificio».
Han transcurrido años y de tales charlas nunca hemos descartado escribir un libro. Recuerdo con nostalgia tus primeras experiencias con la computadora, desde luego con la ayuda del amigo leal y solidario: René Borda, cuando el internet era un lujo y solo para algunos. Pero la máquina de escribir Olivetti, cumplía bien su labor de recepcionar tus pensamientos..letra por letra, o mejor dicho tecla por tecla, cuando escribir se convertía en una especie de rito…con un vaso de coñac al lado.
Hoja por hoja fuiste acumulando tu historia. Amigos y amistades, todas aquellas personas que te apreciaron, animaron tu empeño…inclusive tu perra Gema, que mereció una dedicatoria, pues aquella era como reza el refrán; «el mejor amigo del hombre»
Ciro ahora que no estás más entre nosotros, acaricio como si fueran tus manos el libro, con la misma alegría, que cuando de tus manos recibí: «El Che quiere verte», firmada: «Para Jaime y familia con todo mi afecto y gratitud» y es ahora y aquí donde yo quiero decirte, tu bondad, tu sencillez y personalidad, quedan para mí como las mejores monedas que el hijo hereda. A veces así yo me sentía contigo, cuando escuchaba tus relatos, especialmente aquella charla de hace menos de un mes que por encargo de documentalista argentino Norberto Forgione, intenté indagar sobre «Tania la guerrillera o Tamara Bunke.
«Han creado una imagen romántica y heroica con ella» dijiste, cerrando el tema. «Hay cosas que hoy ya no se pueden decir, porque los críticos se vendrían sobre mí, no hay forma de comprobarlas».
Querido Ciro, nuestros encuentro no siempre fueron para hablar solo del Che. La familia fueron también el ingrediente de amenas charlas.
Todo mi afecto y apoyo a Ana María, a tus hijas, y nietos, que lloran hoy tu muerte…junto a mi abrazo rezar aquella frase inmortal de Jorge Luis Borges, «la muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene».

Jaime Padilla
Malmö 2 de enero 2017