¿Cuánto vale un refugiado?

En el año 2016, el total de refugiados a nivel mundial sobrepasó los 65 millones de personas superando cualquier valor posterior a la Segunda Guerra Mundial. Las guerras en Siria, Iraq, Afganistán y Libia propiciadas por Estados Unidos con sus secuaces europeos han generado una gran crisis cuyas consecuencias son aún inimaginables.

Motivado a estas cuatro guerras, se han desplazado externamente más de 13 millones de personas. En esta cuenta no están los millones de desplazados palestinos o africanos que recibió Europa durante el siglo XX. Desde 2003 el continente europeo solamente ha recibido un número cercano al 80% de esos refugiados. En esta tétrica ecuación, Siria ha aportado prácticamente el 50% de los refugiados en Europa con un número superior a 5 millones de refugiados totales para el año 2016. Iraq y Afganistán han aportado más de 3 millones de personas y África otros 2,5 millones. La mayoría de estos seres humanos es de religión musulmana. Mientras tanto, Estados Unidos, el gran planificador, solo ha recibido un número menor a 50.000 refugiados de estos países en este período.

Es difícil imaginar el drama humano de un refugiado. Nuestra mente inhibe nuestra conciencia y priva cualquier sensación de miedo, generando un estado donde la negación nos da confort: “Esto no tiene nada que ver conmigo”, “esos hechos nunca afectarán a mis hijos o a mi familia”. Con mente fría, desvinculada del hecho terrorífico, seguimos con nuestra vida sobrecargada de pequeñas vicisitudes. Algunos nos abarrotamos de dopamina viendo la reducida pantalla de 4” del celular con asuntos en que lo individual prevalece. Narcotizados y dependientes dejamos de percibir los cambios profundos en la humanidad como consecuencia de los dramáticos desplazamientos humanos sin parangón en la historia terrestre. Sin un plan de paz a la vista, viviremos al menos dos décadas más de guerra en el mundo árabe y otros pueblos africanos, túrquicos y persas como consecuencia de las políticas de “estúpidos hombres blancos”. Que no quepa ninguna duda de ello, el llamado mundo occidental debe estar preparado para recibir unos ochenta millones de refugiados en este periodo de tiempo. Los desplazamientos humanos por las guerras mundiales, la partición de India, los éxodos chinos o la migración de hispanos a Norteamérica serán superados con creces por la implantación del caos “constructivo” referido por Condoleezza y aplicado por los yanquis en el Oriente Próximo y África. Es decir, no solo no nos hemos percatado del sufrimiento del ser humano inmigrante, sino dejamos de percibir nuestro futuro cercano avasallado por una crisis que explotará.

Niños ahogados en costas europeas, inmigrantes masacrados tratando de cruzar verjas infranqueables, refugiados que se mueren en el duro invierno en guetos, travesías inverosímiles y mortales de desesperados, familias desmembradas por la distancia, niños huérfanos que deambulan por las calles, crímenes sonados en que los inmigrantes son los permanentes chivos expiatorios, confinamiento de inocentes, acciones bárbaras de guardianes caucásicos con la bandera del nacionalismo y la xenofobia, cánticos diabólicos de terror, razias contra inmigrantes y pobres, colapso de los servicios sociales, epidemias, choques religiosos y caos dentro de las fronteras del Occidente son ya presentes. Si esto ya está sucediendo, ¿cuál es el futuro que le espera principalmente a la vieja Europa?

Estados Unidos de Norteamérica construye sus diques. Las cárceles colmadas de “ilegales” tenderán a expandirse y transformarse por sus políticas xenófobas hasta ser similares a territorios como Gaza o el campo de refugiados de Calais que eventualmente pueden ser borradas del mapa si es necesario. En el Imperio norteamericano ya se empezó a acuñar la frase de ciudades santuarios para aquellas urbes que albergan o albergarán inmigrantes y tendrán tratos especiales aprovechando su mano de obra barata. Muros insalvables (físicos o tecnológicos) serán construidos en sus fronteras terrestres, marinas y aéreas. La vigilancia será también hacia adentro. Los llamados tanques del pensamiento anglosajón y sionistas que planificaron tal desventura para la humanidad saben perfectamente lo que viene. Por su parte, la idiotez europea filoamericana, que padece el síndrome de Estocolmo y que ha capturado la toma de decisiones en nombre de sus pueblos, pronto padecerá de los errores que ha cometido al fornicar para el chulo mayor. A última hora, Inglaterra, alertada por su etnia celta, intenta separarse del menudo problema. ¡La Unión Europea ha quedado preñada, soltera y sin empleo!

Muchos analistas hablan del fracaso de la política de Estados Unidos en el Oriente Próximo. Algunos hablan de la derrota de Estados Unidos en las guerras de Iraq y Afganistán. En realidad, estamos viendo no una derrota, sino el éxito de una política que busca fragmentar el mapa en pequeños feudos sin leyes petroleras que permitan elevar la ganancia para las transnacionales al eliminar cargas fiscales nacionales a la explotación y transporte de crudo. El caos generado propiciará guerras por décadas que alimentarán la gran máquina armamentística norteamericana. La guerra fue diseñada para que dure por siempre. En el caso sirio, su territorio debe ser atravesado por un “corredor polaco” que permita la construcción de ductos para el transporte de hidrocarburos, líquidos y gaseosos del yacimiento más grande del mundo entre las aguas de Qatar e Irán (Campo North Dome – South Pars), hasta el Mediterráneo a través de territorios alauitas o hasta Turquía vía territorios kurdos. Es por ello que la guerra en Siria es aún una tarea incompleta para Estados Unidos que utiliza el Estado Islámico como punta de lanza para atravesar el territorio sirio con apoyo de sus socios sionistas y sauditas. Hugo Chávez, ya moribundo, en 2012 alertó: “Ojalá que quienes han planificado esto y lo están apoyando se pusieran la mano en el corazón. Siria es un país soberano como cualquiera de este mundo. Es lamentable que el mundo haya entrado en la nueva era imperial. El imperialismo es el responsable. El Gobierno de Estados Unidos es uno de los grandes responsables de este problema”.

Por su lado, Europa, el verdadero gran enemigo comercial de Estados Unidos quedará dividido con una gran cuña en su corazón por las disputas con Rusia y desestabilizado al recibir una cantidad sin precedentes de inmigrantes. El Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones entre EEUU y Europa fue siempre un engaño para que Europa creyera en las buenas intenciones norteamericanas. Por eso, ese acuerdo fue secreto para no tener que dar explicaciones a la opinión pública gringa una vez cancelado. Estados Unidos utilizó a la Unión Europea de la misma manera que las trece colonias utilizaron a Francia en su independencia y una vez finalizada la guerra se aliarán de vuelta con Inglaterra. Francia, incluso, le regaló la Estatua de la Libertad. ¡Tamaña ingenuidad!

Pobre Merkel, pensaba que la cosa era jugando. Al igual que Hollande, Lula, Dilma y Cristina confiaron en su membrecía del G-20. La inteligencia cibernética norteamericana los volvió añicos. La teutona no hizo nada cuando el espionaje electrónico ultrajó la libertad y dignidad de su patria. Tampoco hizo nada por los abusos de tropas norteamericanas en su territorio. Su pragmatismo (poco empático por cierto) no midió bien y tragó el señuelo del invasor. Sus decisiones en pro de la inmigración controlada nada tuvieron que ver con su corazón. Sus políticas no tomaron en cuenta el verdadero valor del ser humano desesperado que cruza fronteras para sobrevivir. Sus decisiones fueron codiciosas buscando esclavos modernos para salvar su economía moribunda. Sus trágicos errores tendrán consecuencias políticas desastrosas para su partido. No hay que ser muy inteligente ni conocer mucho de historia para saber lo que viene para una Alemania en ruinas. Los pobres recién llegados, que se mueren de frío en el invierno europeo, pagarán las culpas de todo lo que ha pasado en Alemania en los últimos 100 años. Los aparatos de inteligencia europeos ya trabajan arduamente elaborando falsos positivos para culpar a inmigrantes de lo que es y no es.

La pregunta ¿cuánto vale un refugiado? no será para la insensibilidad ciega de los gobiernos europeos que no supieron nunca dónde estaban parados. El llamado es para los pueblos conscientes y elevados, cuya misión debe ser internacionalista. La patria debe ser humanidad, refraseando a Martí. ¿Cuánto deben valer los refugiados para nuestros pueblos? Es necesario plantear soluciones integrales al dramático problema. Nuestra acción voluntaria, solidaria e internacionalista debe intensificarse. Adicionalmente, debe exigirse respeto a la soberanía de las naciones, el derecho internacional y la autodeterminación de los pueblos. Alguien debe tomar el liderazgo en esta desesperada situación.