Polémica con el estreno de Samerblod

Samer reclaman debate del papel colonizador de los estados nórdicos

La premiación en Gotemburgo de la película “Samerblod” (sangre de samer) abrió un tímido debate sobre el papel colonialista del Estado sueco y el proceso de asimilación de la población samer del norte de los países escandinavos.

Conocidos como “lapones”, término de definía a los habitantes del norte de Noruega, Suecia, Finlandia y parte de Rusia, los samer son considerados hoy por las Naciones Unidas como un pueblo aborigen al que le han arrebatado y negados sus derechos por décadas.
Los samer no se identifican con el término lapón o Laponia, ya que el mismo proviene de la palabra lapp que se refería a sus vestidos tradicionales de varias capas de telas de colores llamativos, y tenía como significado “vestido de mendigos”.
Hoy la población samer es estimada en algo más de 100.000 personas distribuidas mayormente en Noruega y Suecia, Finlandia y algo en Rusia.
Los samer se han dedicado a la cría y cuidado de renos y alces, la caza y la pesca, manteniendo su carácter nómade por la característica de su economía, y sin propiedad privada de la tierra ni su fragmentación.
Los estados escandinavos iniciaron ya por el 1600 su desplazamiento hacia el norte reclamando la propiedad de la tierra y de los recursos naturales subyacentes. Los mayores recursos mineros suecos están ubicados hoy precisamente en el norte del país. Con esa base comenzó un proceso de asimilación, diferente a la integración, ya que se les exigía abandonar sus creencias religiosas, idioma, cultura y costumbres.
Así la población local fue perseguida y desplazada y obligada a asumir los valores culturales de los colonizadores.
La película dirigida por Amanda Kernell, es actuada por población samer y relata la historia de una niña y su desarrollo, mostrando el robo de tierras, la separación de las familias, la imposición de un idioma y cultura extraña, y la asimilación de gran parte de la población, que aún hoy no se anima a identificarse con sus raíces.
Aunque el film recibió excelentes críticas y algunos premios internacionales, la distribuidora oficial de películas en Suecia, apenas se estrenó en pocas salas en Estocolmo y Gotemburgo. Recién ahora con las críticas recibidas, se anuncia que se ampliará el número de salas en que se exhibirá.
Desde las organizaciones samer se reclama un debate sobre el papel colonizador del Estado sueco y apoyo financiera para mantener la cultura, así como escuelas en su idioma, entre otras reivindicaciones.