Uruguay: Sobre polos y fortalezas en el camino

Hace ya casi dos años, en un café de Quito, durante una conversación sobre política con el actual Ministro de Energía de Uruguay, Daniel Martínez, él decía que José Mujica sería un excelente candidato presidencial.

Hablaba de Mujica con una admiración y una confianza que me sorprendió. Me detalló el apoyo de Mujica al proyecto azucarero, destacó el trabajo en el Ministerio de Agricultura. En fin, me describió al futuro Presidente uruguayo.

Hoy cuando leo la información sobre la posible conformación de un “tercer polo” para participar en las elecciones internas del Frente Amplio (FA), recuerdo aquella conversación, pero también proyecto esa propuesta hacia la historia inmediata que vivirá el paisito.

Es imposible no indagar el por qué de esta propuesta, y preguntarse además sobre la proyección que puede tener. Prefiero no llamarla “tercer polo”, porque si la denominamos así estaríamos aceptando que actualmente en el Frente Amplio existen dos polos que se repelen y, tal vez con el surgimiento de un tercero neutro surja la armonía, y eso no es así. En el FA no existe ninguna polarización, solo dos miradas distintas de cómo llevar adelante un programa aprobado por su Congreso que, aunque algunos no estén de acuerdo con su decisión, es la instancia que resume la democracia interna de una estructura diversa.

Tal vez la diferencia más importante entre esas dos miradas está en que José Mujica pone más énfasis en el ser humano que en los números, sin descuidar el manejo adecuado de los mismos para que estén al servicio de la gente. Danilo Astori, en cambio, enfatiza su accionar en los números. Los números son importantes porque nos ayudan a sumar, restar, multiplicar y dividir, pero no sirven para nada si los seres humanos no tienen condiciones mínimas de vida para sumar, restar, multiplicar y dividir.

Son dos miradas que alinean gente a su alrededor y que en lugar de dividir unifican, porque son parte de la democracia. La democracia interna no divide. Por más discrepancias que se presenten durante su ejercicio, la democracia siempre unifica. Por lo tanto, a la hora del surgimiento del denominado “tercer polo” debemos preguntarnos cuál es su impacto en la democracia interna.
En cualquier lugar, cuando surge una tercera opción a las dos existentes, generalmente se coloca por encima de las anteriores y, de alguna manera, está “sobre el bien y el mal”. Así no sea neutral finalmente se transforma en una alternativa. En este caso, el “tercer polo” aporta al fortalecimiento democrático del Frente, amplía la oferta electoral, pero no se transforma en una alternativa, no es una propuesta que pueda colocarse con fuerza por encima de las otras dos, así reciba votos de gente que no quiere apoyar a uno de los dos precandidatos principales. Pero sí puede posicionar públicamente, una figura que hacia futuro tendrá en su hoja de vida la importancia de haber sido precandidato presidencial del FA.

En el caso particular de Marco Carámbula, debería hacerse un análisis adecuado para establecer si ser precandidato le ayudaría luego en su reelección para la intendencia de Canelones o no. Eso es fundamental antes de cualquier movida, por el prestigio y popularidad que tiene Carámbula en el pueblo de Canelones debido a su excelente gestión como Intendente. En el caso de Martínez, imagino que también se estará midiendo si es más importante ser candidato o terminar la gestión como ministro.

Pero más allá de eso, si existe la necesidad de una tercera candidatura en un sector del Frente, y finalmente hay quienes la asuman, eso será bueno para la democracia interna. Además, la sola posibilidad de contar con varios cuadros en capacidad de ser precandidatos, muestra también la fortaleza actual del Frente Amplio. Lo fundamental es remarcar que el camino une, y las internas, con dos o tres candidatos, son parte del camino. Alguien dijo por ahí que cuando todos piensan igual, alguien no está pensando, por eso la riqueza de la variedad de pensamientos, de la diversidad, dentro del respeto a la unidad.

Dentro de esa diversidad, y a propósito de aquellas palabras de Martínez en aquel Café quiteño, creo que Mujica ya es mucho más que una excelente opción presidencial para el Frente. Mujica reúne entorno de si mismo diversos elementos simbólicos que lo colocan como parte indisolublemente ligada al espíritu de la época, para usar palabras de Hegel.

Salvando las distancias, es lo que ocurre con Barak Obama en Estados Unidos, alguien que más allá de la impronta que le pueda colocar el poder del imperio, ya simbólicamente representa el cambio, representa la esperanza. Pero además, para la gente, representa la imagen de que uno de los suyos está en la presidencia. Eso es también parte del espíritu de la época. Hay elementos simbólicos que están ahí, en el imaginario de la mayoría del pueblo.

Mujica expresa también, la imagen de la tolerancia, de la apertura para tender puentes, tal vez porque sabe que cuando los puentes se caen los caminos se truncan, y eso a veces lleva a buscar atajos que generalmente son muy dolorosos y no necesariamente ayudan a seguir construyendo el camino. Eso lo presiente la gente, y presiente, sobre todo, que el futuro no es el pasado y la esperanza está en el futuro. Y al fin de cuentas, el camino también es la esperanza.

kintto@yahoo.com