Las vivencias del autor del libro: “La búsqueda interminable”, retrata al exiliado latinoamericano

Enrique Pérez: su vida y tiempo en Suecia

«Nunca pensé quedarme a vivir en un país que siempre consideré extraño. Mi estadía sería transitoria. Era un transeúnte, un viajero con un pasaje de regreso asegurado. Chile me esperaba», escribió en 1996.
Los años -no solo para Enrique Pérez- se han encargado de diluir las esperanzas y los sueños de retornar a la patria, cada vez hoy parece más lejana…
“Los años se nos vinieron encima y nuestros hijos, nacidos en Suecia, no tendrían las vivencias de nuestro país y compartirían su identidad en dos vertientes, con una referencia circunstancial de los que significa ser chileno..”, escribió Enrique Pérez, más de 20 años atrás en su libro “La búsqueda interminable” (Diario de un exiliado chileno en Suecia), publicado en diciembre 1996 en Chile.

Esa lectura, no solo sintetiza, las vivencias del autor, retrata por sus características al exiliado latinoamericano, por tanto todos creo que de alguna manera o forma podemos también asumirlo como un pleno testimonio.

Enrique Pérez nos brinda pues con su obra una narración vivencial de su juventud, militancia política y convivencia en un país que no es el suyo, pero viviendo 40 años en estas tierras lo reconoce con legitimidad como parte inseparable de su vida.
El viernes 2 de junio próximo, en el local de “Poeten på hornet” de Malmö, Enrique Pérez compartirá sus inquietudes literarias. Dijo que nos hablará de sus libros. Es más, recordará a grandes rasgos sus vivencias en Suecia, entre penas, alegrías, frustraciones y honores acumulados en estos 40 años.

Motivado por la anunciada actividad visité a Enrique en su lugar de trabajo, en la Malmö Högskola (Universidad de Malmö), para remover junto a él, sus reminiscencias y pensamientos reunidos en varios libros. En esa ocasión, le decía a él que en la colectividad latina son muchos los que han acumulado 40 años de permanencia en estas tierras y será un homenaje también para ellos la presentación de sus libros, porque resulta muy difícil apartar las experiencias de Enrique Pérez de las del resto de los latinoamericanos en este país.

Cuando ya vamos por la mitad del año 2017, la mentalidad de nuestro entrevistado es distinta, sereno y profesional. Se considera chileno-sueco.

«No sólo porque tengo la doble nacionalidad si no porque me siento de dos partes o de varias partes a la vez. Pertenezco a una generación o grupo que se podría calificar como transnacional. Estamos actuando en diferentes lugares. Soy activo en la sociedad sueca y tengo contactos permanentes con Chile y puedo desde acá intervenir en lo que yo considere oportuno» dice resuelto al tiempo de valorar su vida por décadas en este país.

«Los primeros 10 años -explica- estuvieron dedicados fundamentalmente a la actividad política. El objetivo era el retorno. La siguiente década estuvo dedicada a los estudios. Me doctoré en antropología en el departamento de Sociología en la universidad de Lund. Y las dos últimas al trabajo en la Universidad, primero en Lund y después en Malmö».

El exilio chileno desde 1973 ha sido en Suecia la colectividad extranjera más numerosa. ¿Para ti fue difícil incorporarse a la sociedad sueca?
No, el exilio chileno no es la más numerosa de las colectividades extranjeras. Entre los latinoamericanos si. Incorporarse a la sociedad requiere primero de una decisión y luego de un esfuerzo.

El primer escollo es el idioma y me tomó tiempo manejarlo, no solo oralmente si no sobre todo en forma escrita. Recuerdo las primeras veces que hice clases en sueco y me ruborizo. Luego viene el desafío de tener legitimidad en las funciones que uno se desempeña. También tener su espacio social, compartir el tiempo libre, desarrollar actividades que se guían por el interés común. Para mí la academia nunca fue un objetivo en sí. Pero ha sido una gran satisfacción haber podido dedicarme a esas actividades. De una u otra manera y a veces de manera sutil he sentido discriminación. En algunos casos con instituciones y a veces con personas, en el trato personal. Soy un «cabeza negra».

Los últimos años he tenido la oportunidad de trabajar con organizaciones dedicadas a la educación popular y con jóvenes en Malmö. Tengo una enorme satisfacción de conocer personas activas que trabajan en contra del racismo, por iguales derechos para todos, por el reconocimiento de las minorías y por una sociedad más justa.

A finales del año 1996, publicaste el libro: “La búsqueda interminable” es un interesante relato de la vida política, la militancia mirista y las posteriores vivencias en Suecia. ¿Vienes de las filas del MIR?
Sí, fui militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Todo comenzó en los estudios secundarios y en la universidad en la sureña ciudad de Osorno. Una región agrícola y ganadera muy conservadora y reaccionaria. La desigualdad y las diferencias de clase eran, y siguen siendo, enormes.

¿En qué circunstancias llegaste a Suecia?
Para el golpe militar el 11 de septiembre de 1973 era dirigente estudiantil. Ese mismo día me fui a vivir en la clandestinidad. Algunos días más tarde mi nombre estaba en una lista de los más buscados en la región. Permanecí clandestinamente cuatro meses y luego me cambié al centro del país. La represión era enorme. Muchos compañeros fueron detenidos y hechos desaparecer o asesinados. A mí me detuvieron en febrero de 1975 y estuve hasta fines de 1976 en la cárcel. En Mayo de 1977 llegué a Suecia como refugiado político. Debo decir que desde el primer momento y ya en el aeropuerto de Växjö, las autoridades suecas me acogieron amablemente, me brindaron protección y me garantizaron las necesidades básicas. Cuando uno compara las condiciones de otros compañeros que llegaron a otros países europeos las diferencias son abismantes.

¿Podrías brindarnos una especie de radiografía, de la sociedad sueca de ese tiempo?
Me sorprendieron muchas cosas. El desarrollo económico, los derechos de las personas, los beneficios del estado de bienestar, la urbanización, la homogeneidad cultural, el silencio, y por cierto el gran movimiento de solidaridad con Chile. Todos aquellos que no solo se solidarizaban con Chile, también con Vietnam, con el pueblo Palestino, con el Congreso Nacional Africano, etc. Tengo un gran sentimiento de cariño con mis compañeros suecos que conocí en aquella época y que hasta el día de hoy seguimos compartiendo preocupaciones y alegrías. Voy a recordar a una de ellas que desde hace un tiempo ya no está con nosotros, Eva Remaus. Eva era actriz, cantante y muy activa en la solidaridad también con Nicaragua. Trabajó en la televisión sueca en el programa «Fem myror är flera än fyra elefanter». Así como ella muchos más, y otros que ya también nos han dejado. Sin duda era otra época.

Todos las latinoamericanos, estamos consientes; no ha sido fácil aceptar un nuevo país, una nueva cultura,. ¿Podríamos hablar de las consecuencias que se han tenido que soportar ?
El «modelo sueco» era seguido con mucho interés por la izquierda y los sectores progresistas de muchos países. Muchos se miraban en el espejo de esta sociedad del bienestar. Sin embargo, y para seguir con la radiografía, había otra parte de la cara de este modelo. Como en el dios romano de dos caras Janus. El sometimiento y la opresión del pueblo lapón, la discriminación contra los romaníes, la estigmatización en contra de los seres humanos con alguna deficiencia mental y los atropellos que se cometieron para que, según la medicina moderna, no se reprodujeran. La discriminación y el racismo.

Nosotros llegamos y dijimos que nos íbamos a volver. Entonces no hubo mayores problemas para la sociedad sueca y para nosotros. Pero nos quedamos y entonces hubo que entrar a competir por un lugar y se pudo entender que, como en todas las sociedades, que no siempre eras bienvenido. Por otro lado, pienso que la idea de retornar influenció mucho para seguir pensando en irse y no establecerse en la sociedad sueca. Como en todos los exilios y entre mucho grupos de inmigrantes se idealiza la imagen de la «patria». Esto a su vez llevó a la idea de trabajar y ahorrar dinero.

No me lo preguntas, pero a comienzos de 1990 éramos aproximadamente 30 000 chilenos y se fueron a Chile cerca de 6 000 de los cuales volvió, después de un par de años, aproximadamente la mitad a Suecia. Allá se encontraron con una sociedad chilena transformada. Allí se derribaron para muchos las ilusiones de poder reconstruir su vida y muchos de ellos tuvieron que volver a retornar a Suecia, esta vez sin mayores ilusiones. Sin embargo, se han creado lazos políticos, culturales, sociales, económicos, entre la sociedad sueca y la sociedad chilena que promueven una relación constante. Un ejemplo de esto es el Instituto Chileno Sueco de Cultura, que existe en Santiago y en Estocolmo.

Hay que agregar que los chilenos siguieron llegando a Suecia desde fines de la década de los 90 y hoy hay aproximadamente 60 000 chilenos y siguen llegando uno tras otro. Y en Chile hay 5 000 suecos, muchos de ellos de origen chileno, son las nuevas generaciones.

Los jóvenes latinoamericanos, muchos alcanzaron con éxitos una carrera profesional, pero también hay aquellos que sucumbieron en el circulo vicioso de esta sociedad.
Efectivamente, muchos jóvenes murieron por el efecto de las drogas, otros hicieron una carrera criminal, y otros tantos nunca lograron vincularse efectivamente al mercado del trabajo. Pero esto no afecta solamente a estos jóvenes, es un problema estructural que tenemos en la sociedad, por ejemplo con la cesantía entre los jóvenes, la mayoría de ellos de origen extranjero.

Respecto a los jóvenes de origen chileno hay diferentes situaciones. Mi opinión es que en parte nosotros, la generación adulta, fracasó en darle perspectivas a los jóvenes en la sociedad sueca. Nos encasillamos en la idea de retornar y en la lucha política. Muchos chicos y jóvenes tuvieron que arreglárselas a su manera. Hay muchos factores que influyen, nivel educacional, clase social, la poca comprensión y conocimiento de la sociedad sueca, las separaciones matrimoniales, la época en que llegaron a Suecia. En sólo diez años, de mediados de los años 70 (cuando llegaron cerca de 14 000 chilenos) a mediados de los 80 (cuando llegaron cerca de 16 000), las condiciones económicas en Suecia cambiaron mucho.

¿Cuál es tu enfoque en torno a los temas más candentes que se manejan hoy: la integración y la segregación?

Alguien lo dijo de una manera sencilla, pedagógica e ilustrativa. No fueron los extranjeros los que redujeron el gasto público, los que cerraron escuelas, los que disminuyeron el financiamiento de la salud, los que privatizaron la educación pública, que finalmente son las causas fundamentales de la pobreza, la segregación y la marginalización de amplios grupos. Se necesita una fuerte intervención del Estado en el financiamiento de infraestructura y en la creación de empleos. Necesitamos enfermeras, profesores, personal para atender a los ancianos, para educar a los niños en los jardines infantiles. Y tenemos recursos para esto.

Pero hay otro factor del que casi nadie habla. La democracia es limitada en gran parte y se reduce a elegir representantes al parlamento y al gobierno. Me llama la atención que los profesores no hagan huelgas con las malas condiciones laborales que tienen. Hay protestas de diferente tipo en los barrios de Estocolmo, de Gotemburgo y de Malmö, pero necesitamos de un movimiento social amplio, aglutinador que sea capaz de presionar al sistema político por mayor democracia, justicia, e igualdad.

En Suecia se define la situación política un antes y un después del asesinato de Olof Palme. ¿Es así como se puede entender los cambios políticos y sociales del país.
Simbólicamente sí. Palme representaba otra política y estaba consciente de los desafíos de la sociedad multicultural. Tenía sus propias contradicciones, pero básicamente tenía un principio de solidaridad que desapareció con su muerte.
Pero no sabemos cuál hubiera sido su perspectiva política frente a la ofensiva arrasadora neoliberal. De cualquier manera, primero, la socialdemocracia paulatinamente y de manera sostenida giró hacia la derecha. Y luego el nacionalismo, la xenofobia, y la derecha populista reaccionaria han venido a ocupar un espacio político importante ante la ausencia de una nueva visión y modelo para la nueva sociedad. Tenemos muchas interrogantes sin resolver que crean mucha inseguridad en la población.

Sin embargo los conflictos bélicos en el mundo, particularmente en el medio oriente, han alterado el espectro social no solo de Suecia, de Europa toda, por la dramática situación de millones de refugiados.
En Suecia recibimos miles de refugiados en el 2015, muchas organizaciones y personas particulares se movilizaron para acogerlos. Era maravilloso ver la solidaridad espontánea y organizada en la estación central de Malmö. Pero rápidamente se confrontaron dos maneras de ver la acogida de los refugiados.
Cuando Migrationsverket (oficina de migración) y el ayuntamiento de Malmö se hicieron presentes, se limitó la solidaridad. Y cuando se comenzó a hablar de que el sistema estaba colapsado y se cerraron las fronteras, cambio definitivamente la orientación política. El gobierno y las autoridades no se fían de la sociedad civil y de sus organizaciones para promover la solidaridad y las soluciones colectivas.
En estos momentos tenemos un drama con los jóvenes refugiados, que después de haber llegado y de aprender el idioma e imaginarse una nueva vida, están siendo expulsados a sus países de origen, a Afganistán, Irak, Somalia, donde la guerra continua. Hay muchos en la clandestinidad, que necesitan ayuda. Y hay otros que en la desesperación se han suicidado.
Quiero recordarles a los latinoamericanos la solidaridad que recibimos en los años 70 e invitarlos a este trabajo de apoyo a los refugiados. Echo de menos su apoyo y me sorprende su ausencia.

Apuntes sobre Enrique Pérez
Nació en Osorno (chile) en 1950
Enrique Pérez Arias es antropólogo social. Trabaja en la Universidad de Malmö, en Suecia. Se ha dedicado a estudiar el rol del sector público en la integración social de los inmigrantes, y ha escrito varios libros dentro de su labor profesional. Además ha escrito en castellano el libro autobiográfico “La búsqueda interminable” y su versión en sueco “Ett helt liv men ändå inte riktigt”.
Experiencia Profesional
Profesor titular e investigador en la carrera de trabajo social, responsable de la carrera de trabajo social con perspectiva multicultural. Profesor e investigador en el programa Migración Internacional y Relaciones Étnicas, IMER. Malmö University. Profesor en estudios sobre América Latina.
Publicaciones como escritor
- (2015) Tango för alla. Malmö: Bokbox förlag
- (2014) Amores peregrinos. Santiago: Aura Latina.
- (2010) Ett helt liv men ändå inte riktigt. En chilensk politisk flyktings historia. Malmö: Bokbox förlag.
- (1996): La búsqueda interminable. Diario de un exiliado político chileno en Suecia. Santiago: Mosquito Comunicaciones.
Presentaciones en conferencias
- “Chilenos en Suecia: exilio, retorno, integración, diáspora”. 52°
Congreso Internacional de Americanistas. Pueblos y Culturas de las Américas:
Diálogos entre globalidad y localidad. 17-21 julio, Sevilla. España.
- El terrorismo neonazi en medio del paraíso nórdico. Universidad de Los Lagos, Osorno, Chile. 7 december 2011.
- El terrorismo neonazi en medio del paraíso nórdico. Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública. Universidad Central, Chile. 24 november 2011. Ha sido profesor invitado en varias Universidades de Europa y de América Latina.

jaime padilla/suramericapress