Un mal resultado para la Unión Europea: más incertidumbre y el Brexit parado

En la Unión Europea no gusta la incertidumbre. Y es incertidumbre lo que no ha cesado de llegar en el último año desde el otro lado del Canal de la Mancha. Las elecciones anticipadas celebradas este jueves en Reino Unido no han hecho sino agravar esta situación. De modo que todo apunta a que será necesario posponer de nuevo el arranque de las negociaciones del Brexit, previsto para el día 19.

Cuando Theresa May decidió convocar elecciones anticipadas para reforzar su posición de cara al Brexit, la sensación en el Continente era mixta. Por una parte, los socios europeos no guardaban buen recuerdo de la última votación celebrada en Reino Unido, hace casi un año, cuando los británicos se rebelaron contra la consigna dictada por el Gobierno de David Cameron y optaron por salir de la UE.

Pero por otra, los socios europeos y, muy en especial, el equipo negociador que encabeza la Comisión Europea esperaban que las elecciones pusieran al otro lado de la mesa a un interlocutor fuerte, con un mandato claro que le permitiera llevar con brío unas conversaciones que se anuncian muy complejas. Y, sobre todo, cerrar compromisos difíciles de vender en casa. Todo para lograr un acuerdo de divorcio y otro con los términos de la nueva relación en menos de dos años.

“Necesitamos a un negociador muy fuerte que una a toda su nación tras sus espaldas”, aseguró recientemente a Politico Martin Selmayr, la mano derecha del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

Sin embargo, toda convocatoria a las urnas conlleva en sí un cierto riesgo. El que subestimó David Cameron al llamar a un referéndum con el que quiso hacerse fuerte frente a sus socios, a los que quiso arrancar un encaje más cómodo para Reino Unido en la UE. El mismo riesgo que meses después desdeñó May al precipitar unas elecciones imprevistas de las que contaba salir como una clara vencedora.

Todo lo contrario. May se encuentra ahora cuestionada desde sus propias filas, donde se escucha ya ruido de sables. Como mínimo, sus colegas de bancada exigen la cabeza de su mano derecha, Nick Tymothy. El asesor no solo ha firmado alguna de las propuestas más impopulares del programa de May -como la conocida como “dementia tax”-, sino que ha conseguido llevar por el camino de un Brexit duro a una primera ministra que hasta que accedió a su cargo era tímidamente partidaria de permanecer en la UE.

Con el Gobierno Tory tocado por la pérdida de escaños y con un Parlamento tan dividido como para hacer muy difícil la salida adelante de proyectos que no aunen consensos, la opción de un Brexit duro -que suponga romper los vinculos con la UE y empezar de cero con un acuerdo nuevo que artícule las nuevas relaciones entre ambas partes- pierde fuelle.

Lo ha reconocido durante la noche del recuento electoral el propio ministro británico para el Brexit, David Davis: Si los Tories habían ofrecido a los británicos del mercado único, ahora “tendremos que ver si lo aceptan o no”, según recoge el Financial Times. Pero también podría suceder todo lo contrario, si May es reemplazada por el eurocrítico Boris Johnson y éste opta por mantener una vía dura.

Se cambie o no de estrategia, lo cierto es que las elecciones añaden aún más confusión al proceso del Brexit. Estaba previsto que las negociaciones, que podrían estar ya en curso pero se decidieron retrasar tras la convocatoria de elecciones, comenzaran por fin la próxima semana. Un objetivo que hoy parece poco realista.

En cualquier caso, la cuenta atrás de dos años que se inició en marzo, cuando May decidió activar el proceso para salir de la UE, prosigue. Y no se detendrá tampoco si Reino Unido tiene que recurrir a una nueva convocatoria de elecciones. Y, aunque abundan las especulaciones, a día de hoy la interpretación que predomina es que el país abandonará la UE en dos años se haya logrado o no un acuerdo. Sin alternativa.

Queda por ver si el próximo gobierno que se forme en Londres trata de arrancar a sus socios un poco más de tiempo para negociar. O si incluso se ve empujado a celebrar un segundo referendo en el que consulte a los británicos una vez más sobre su futuro dentro o fuera de la UE, pero esta vez con los términos del divorcio claros.

Aunque para que los británicos dieran marcha atrás, haría falta que se fraguase un decisión política a nivel comunitario y se diese con un atajo legal. Tareas nada fáciles que requerirían de un consenso entre el resto de países europeos y Bruselas. Y es cierto que en inglés se dice que “cuando hay voluntad, siempre hay un camino”. Pero también, que “para bailar tango, hacen falta dos”. Y en la UE en realidad la coreografia es a 28, con varias instituciones, leyes y un tribunal de Justicia.

Agencias