Chile, política

Petición de Perdón al  pueblo mapuche: obras son amores y no buenas razones

La  petición de perdón por parte de la Presidenta Bachelet al Pueblo Mapuche es un paso positivo, pero exige ser llevado a cabo por medio de un viraje político que permita cambiar las  erróneas políticas del Estado de Chile con respecto a los pueblos originarios, en especial  de los habitantes de la Araucanía.

Entre los horrores cometidos por el Estado  chileno en contra de los mapuches podemos anotar el genocidio en la famosa “Pacificación de la Araucanía”, perpetrado por el ejército chileno, vencedor de la  guerra del salitre, promovida por los oligarcas que posaban de liberales rojos, a finales del siglo XIX. Leer el tratamiento despectivo  con respecto al pueblo mapuche, el escritor Domingo Faustino Sarmiento – quien luego fue Presidente de Argentina -, o las obras de Diego Barros Arana y de Benjamín Vicuña Mackenna, y de otros estadistas e historiadores liberales, produce desasosiego debido  a la forma que  se expresan, respecto de los mapuches de fines del siglo XIX. Muchas de las insensateces que repite el historiador Sergio Villalobos están tomadas de los textos de estos personajes.

“La Pacificación de la Araucanía era el triunfo de la civilización contra la barbarie”, que había que imponer así fuera sobre la base del genocidio. Las tierras infértiles y de difícil acceso, que los españoles reconocieron a los mapuches, al sur del Bio Bio, deberían ser fertilizados mediante un plan de colonización, especialmente, europea.

El  capitalismo, con su idolatría de la propiedad privada, debía penetrar en la Araucanía y, para lograrlo, había que reducir y someter y, en algunos casos, cooptar a los mapuches. Otrora, cuando Chile era República, se eligieron nueve diputados mapuches en el Parlamento, incluso, hubo un diputado conservador, Venancio Coñuepán. Ministro de tierras y colonización  de Carlos Ibanez

Salvo durante el período del Presidente Salvador Allende, los diversos gobiernos,  no han hecho que cometer errores, no sólo en el tratamiento hacia el pueblo mapuche en general, sobre todo, en especial  de la Región de la Araucanía.

El ideal de la derecha y de otros sectores conservadores de la Concertación es la militarización de la Región, como también  la aplicación de la ley antiterrorista, que ha rechazada por distintas organizaciones internaciones de por incumplimiento de los mínimos estándares exigidos  respecto al derecho del respecto a los derechos humanos.

Hasta el momento, las promesas de la Presidenta, Michelle Bachelet, se han centrado en la intención de enviar un proyecto de ley sobre la Araucanía y, por extensión, a todos los pueblos originarios de Chile, así como la institución de 25 de junio como el día de Los Pueblos Originarios y la oficialización del uso del mapuzungún en la zona; también la Presidenta anunció la creación de un Ministerio de Asuntos Indígenas y la conformación de un Consejo de Pueblos Indígenas. Otro tema tocado por la mandataria dice relación el destino de 3 mil millones de peos para las víctimas de la violencia.

Si bien la petición de perdón representa un paso positivo, si este acto no va acompañado de cambios importantes en las políticas respecto a los pueblos originarios- en especial a la Araucanía, quedará en una de las tantas expresiones de buenas intenciones de distintos gobiernos chilenos con respecto al pueblo mapuche, pues sobre la base de la institucionalidad actual los problemas siguen agudizándose, y gobierno y parlamente e intendentes demuestran poca voluntad política para enfrentar los distintos problemas y darles solución, ya que a la derecha, principalmente,  le conviene más la militarización para la defensa de las grandes empresas, instaladas en la Región.

El proyecto de la elección de gobernadores, a lo mejor, quedaría pospuesto para el próximo gobierno, y la fuerza del Chile centralista se ha comprobado, una vez más, en el parlamento. Estamos muy lejos de una verdadera descentralización y, en la mayoría de los  casos, ni siquiera existe una deslocalización.

Los intendentes han sido el alter ego del Presidente de turno y, como son cargos de exclusiva confianza del Presidente de la república, cuoteados por jefes de partidos políticos, han demostrado ser serviles y con muy poco compromiso con la Región que representan. (Quizás, el único intendente que intentó un cambio positivo fue Francisco Huenchumilla, expulsado  de su cargo por el reaccionario ministro del Interior de la época, el DC Jorge Burgos). Los sucesores de Huenchumilla han sido desastrosos para enfrentar el problema de la Araucanía, incluso, el intendente actual reconoce su incapacidad para hacerlo.

Los pasos fundamentales que debiera llevar a cabo el Estado chileno pueden resumirse en los siguientes puntos:

El reconocimiento de la autonomía de la Araucanía, lo cual no quiere decir quebrar la continuidad del territorio chileno, sino seguir los modelos de autonomías regionales de España, Canadá, Nueva  Zelandia, y otros.

Tomar como ejemplo para el tratamiento de los pueblos originarios los casos de Canadá, Australia, Nueva Zelandia e, incluso, Colombia.

Estatuir una cuota de representación mapuche en el Parlamento, en los Consejos Regionales y Regionales.

Incluir en la Constitución un artículo que rece que Chile será un país multicultural, multiétnico y que posea varias lenguas oficiales.

Devolución de las tierras usurpadas violenta e injustamente al pueblo mapuche.

Desmilitarizar la zona e instituir una forma de justicia netamente mapuche.

¡Obras son amores y no buenas razones!

Rafael Luis Gumucio Rivas, El Viejo (Chile)