Chile

Las primarias presidenciales y los nuevos escenarios

El número de electores en las primarias del día 2 de julio del presente año fue mayor que los pronósticos pesimistas de la mayoría de los analistas políticos: los votos válidos se acercaron a 1.738.9058 sufragios, cifra que equivale a un 12,85% de los 13.531.553 inscritos automáticamente. De los dos conglomerados que participaron en dicha elección, la derecha, con el Chile Vamos, logró 1.400.000, y la izquierda del Frente Amplio apenas alcanzó a cerca de 300.000 votos.

Una de las novedades en esta elección estuvo marcada por el voto de los chilenos en el exterior, que por  primera vez en la historia pudo acceder a ese derecho ciudadano. El número de inscritos en los distintos Consulados del mundo fue de 21.270 personas y sufragaron 6.292, equivalente a un 30% de los inscritos, cifra bastante magra si se considera el número de chilenos que viven en el exterior; en Argentina, por ejemplo, donde vive el mayor número de chilenos,  la candidata Beatriz Sánchez, del Frente Amplio,  ocupó el primer lugar, con el 71% y 357 voto; en Canadá, Beatriz Sánchez obtuvo el 56%, con 120 votos; lo mismo ocurrió en Francia, con el 62% y 101 votos.

El conglomerado de derecha, Chile Vamos superó, de lejos, la votación obtenida por los candidatos de 2013, Pablo Longueira y Andrés Allamand, quienes sólo alcanzaron 800.000 sufragios sumados los dos aspirantes. En 2017, Sebastián Piñera obtuvo el 58%, 827.347 votos; el segundo, Manuel José Ossandón, con un 26% y 372.011 votos y Felipe Kast, el 15%, con 218.279 votos.

Sebastián Piñera, aunque logró una buena votación, no llegó al 65% de su sector, según sus propias aspiraciones. Como en España, no debiéramos hablar de la derecha, sino de “las derechas”: sociológicamente y políticamente, los adherentes a Ossandón tienen posturas opuestas a las de Piñera, y representan una mezcla entre el conservadurismo del socialcristianismo con algunos aditamentos del Syllabus, sobre todo en los temas mal llamados valóricos – aborto, píldora del día después, matrimonio igualitario y otros -, pero tiene una llegada muy directa y sectorial a las comunas populares,  (no debiera extrañar a los versados en historia de Chile si recordamos a los famosos “Josefinos”, obreros sindicalistas adherentes al Partido Conservador.

De los 300.000 votos de Ossandón hay cerca de 100.000 que no votarían por Sebastián Piñera, en las presidenciales del mes de noviembre, cifra a la cual hay que agregar a quienes, desde la izquierda, votaron por Ossandón para detener a Piñera. Es posible que algunos  seguidores de este candidato no sean lejanos al camino propio, de la Democracia Cristiana. Algunos opinólogos pretenden atribuir a Ossandón las cualidades del Partido UDI-Popular – hemos comprobado que dé popular tenía poco, y sí mucho de Providencia, Las Condes,  Vitacura y Lo Barnechea, las comunas más ricas de Chile -.

La derecha liberal y democrática, personalmente  siempre la he encontrado una fantasía, pues los únicos liberales, más  o menos auténticos, se encuentran en el Frente Amplio,  sin embargo, la buena votación obtenida por el otro candidato, Felipe Kast, sumado a la  existencia de Amplitud y Ciudadanos – partidos encabezados  por Lily Pérez y Andrés Velasco – permiten visualizar un atisbo del llamado “liberalismo de derecha”, pero mucho me temo que terminarán absorbidos por la candidatura de Sebastián Piñera.

Si bien la votación de Piñera logró movilizar más del 90% del activo de la derecha en las últimas elecciones municipales de 2016, aún le faltarían 2.000.000 de votos para tener posibilidades de triunfar en la segunda vuelta de las presidenciales, sin embargo, sí está claro de que Piñera será el candidato a la segunda vuelta en la selecciones de noviembre próximo – incluso, hasta ahora, tiene las mejores posibilidades de encabezar la primera vuelta -.

Estoy  convencido, ahora más que nunca, que el sufragio no tiene nada de universal y sí mucho de clasista: es una forma electoral para mantener el predominio de las élites haciéndole creer al pueblo que es el soberano. En las recientes primeras, el carácter clasista de la llamada “democracia formal”, se marcó muy claramente.

En el territorio “independiente” de Las Condes, Vitacura, La Dehesa y Providencia, la capacidad de  la derecha para movilizar sus huestes en favor de Piñera fue notorio: entre las 11 y 12 horas de este domingo 2 de julio, las señoras de la derecha coparon los recintos de votación, ubicados en colegios para “gente bien” –  Verbo Divino, Villa María… -, y demostraron su buena preparación en el manejo de las redes sociales para que este selecto sector de la población concurriera en masa, luego de la misa dominguera, en la Iglesia de Santa Elena.

El objetivo que se proponían  lograr consistía en obtener una alta votación para Piñera y, de esta forma, tratar de evitar que se diera un gobierno similar al de Michelle Bachelet, según ellas, “desastroso  para el país. Por cierto que esta mini-movilización, más en comedia que en tragedia, no es parecida a aquella de los años 70, en contra del Presidente constitucional, Salvador Allende.

Sebastián Piñera, más vulgar e ignorante que nunca, se ha limitado, durante  y después de su triunfo en las elecciones del domingo reciente, a repetir frases francamente ridículas, como la de “arriba los corazones” y que vendrán tiempos mejores.

La visión que el candidato tiene de su primer gobierno es, a todas luces,  “enternecedora”, pues está  convencido que lo hizo de manera fantástica – como lo hace en sus negocios -: se le  olvida, que por ejemplo, durante su gobierno se realizó el censo más desastroso de la historia – repetirlo durante el presente año nos costó millones de dólares -; que algunos de sus  ministros y subsecretarios están formalizados por las Fiscalías  por cohecho y otros delitos; que los estudiantes lo mantuvieron en jaque durante todo su gobierno; que las provincias se rebelaron contra el centralismo. Al fin y al cabo, el gobierno de Sebastián Piñera destruyó a la  derecha, como lo hiciera antaño el neurótico Jorge Alessandri Rodríguez.

Piñera centra su campaña en el desprestigio del actual  gobierno y, no contento con eso, pretende conquistar los 2/3 de rechazo que ostenta la Presidenta Bachelet en la actualidad.

No es que los electores sean idiotas y los comicios una fanfarria en el contexto de la democracia bancaria, lo que ocurre es que a los ciudadanos se les olvida que “gobernar es defraudar”, en la democracia dominada por los bancos y las grandes empresas, y terminan votando por el mismo candidato que, anteriormente habían rechazado.

(En la próxima columna trataremos del bloque Frente Amplio).

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)