EEUU-Corea del Norte

Por qué Pyongyang desafía a Donald Trump

Javier Cortines    22.Jul.2017    Mundo

Los misiles nucleares de Corea del Norte pueden impactar en 45″ (segundos) en el Área Metropolitana de Seúl, donde viven 25 millones de habitantes, la mitad de la población del país.

Corea del Sur, aliada de Estados Unidos, vive con la pesadilla de una guerra nuclear con Corea del Norte. Los cientos (o miles) de misiles norcoreanos desplegados a poca distancia de la Zona Desmilitarizada (los 238 kilómetros de largo y cuatro de ancho de la frontera intercoreana) pueden llegar a Seúl en 45” (segundos) provocando una tragedia humanitaria sin parangón desde la Segunda Guerra Mundial.

Ese es el motivo fundamental por el que el Sur trata de calmar al resentido Donald Trump, espécimen que confunde la realidad con la televisión y que vive “enjaulado” en las redes del mundo virtual. Seúl está tan sólo a 52 kilómetros de la valla de alambradas que discurre a través del paralelo 38. En esa metrópoli y sus alrededores, lo que se conoce como el Área de la Capital Nacional de Seúl (Sudogwon), viven cerca de 25 millones de habitantes, la mitad de los 50 millones de todo el país.

En Corea del Norte, dirigida por el Líder Supremo, Kim Jong-Un, vive la mitad de la población que en Corea del Sur, unos 25,2 millones de habitantes (censo de 2015), de los que 3,4 millones residen en la capital. La distancia entre Pyongyang y Seúl es de unos 195 kilómetros. Este escriba (1) realizó, en mayo de 2003, el primer viaje aéreo de corresponsales entre Pekín-Pyongyang-Seúl desde el final de la guerra civil coreana en 1953.

La frontera intercoreana, uno de los últimos reductos de la Guerra Fría, ubicada en la Zona Desmilitarizada (DMC, siglas en inglés) forma una espesa barrera de alambradas. A ambos lados del paralelo 38 los antagonistas se bombardean con altavoces, panfletos, canciones, etc. para mostrar “al enemigo” (los soldados apostados allí) las miserias de su gobierno, y animarles a sublevarse contra sus líderes y desertar.

La guerra civil coreana (1950-1953) que terminó en tablas, concluyó con la firma de un armisticio, (nunca se aprobó un acuerdo de paz), por lo que ambas Coreas se encuentran técnicamente en guerra. La península coreana, ocupada por Japón entre 1910-1945, fue dividida a través del paralelo 38 en los acuerdos de Yalta (Crimea), por las potencias ganadoras de la II Guerra Mundial.

En el Norte se instaló un gobierno comunista con el apoyo de Moscú. En 1948 fue nombrado presidente Kim Il Sung, quien gobernó hasta su muerte en 1994. En el Sur se instaló un sistema capitalista aliado de EEUU. Su primer presidente Synman Rhee (1948-1960), fue el adversario de Kim Il Sung en la Guerra Civil, que se saldó con cerca de tres millones de muertos, heridos y desaparecidos (más de 800.000 civiles).

En un momento de la contienda, cuando las tropas chinas (2), aliadas del Norte, avanzaban hacia el Sur, Seúl propuso al gobierno USA, presidido por Harry Truman (la otra pata de la guerra) que arrojase la bomba atómica sobre Pyongyang, para logra la reunificación de la península coreana de una vez por todas. La Casa Blanca rechazó (no es certero con cuantas dudas) el castigo nuclear a Corea del Norte. (La conciencia colectiva aún no había digerido la espeluznante masacre de civiles en Hiroshima y Nagasaki).

La línea fronteriza cruza diametralmente el centro de dos edificios destinados a las reuniones Norte-Sur

Ahora la incógnita que pesa sobre la península coreana es qué hará el engendro Trump si Kim Jong-Un, que está majara perdido, “lanza por error” un misil a Seúl. El padre de “America First” es, como todos sabemos, muy previsible. Tanto como el loco que aparece en un pasillo con un cuchillo. Hay temores fundados de que no le temblaría el pulso, si la cosa se pone chunga, a la hora de ordenar un ataque nuclear contra Corea del Norte.

Lo que sí es seguro, es que el mundo es más inseguro desde que los estadounidenses entregaron el trono de hierro a un hombre que debería estar encerrado y llevar camisa de fuerza. A un tipo que, si ahora estuviera en un manicomio, gritaría en los jardines del sanatorio mental que es Napoleón, o el líder del imperio más poderoso de todos los tiempos.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para denunciar lo carísima que está la sombra en verano. No me extraña que las vacas se cobijen en sombrillas de las playas del sur de Hispania. La sombra debería democratizarse.

-1 Residí en Corea del Sur (unos nueve años) como corresponsal, y he conocido, también como periodista, Corea del Norte. Asimismo, he visitado decenas de veces la aldea fronteriza de Panmunjon, donde se firmó el armisticio que puso fin a la guerra civil, y donde se celebra, periódicamente, el dialogo intercoreano. Allí hay una sala destinada a los periodistas que trabajan en el Norte y el Sur. En esos encuentros era fácil hablar con los corresponsales cubanos y rusos que vivían al norte del paralelo 38.

-2- En la guerra de Corea falleció Mao Anying, hijo mayor de Mao Tse Tung, a la edad de 28 años.

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