Alberto Gálvez Olaechea escribió tres libros en prisión

Para escapar de la soledad y la locura

El semanario latinoamericano Liberación, que se edita en Suecia, viene publicando los textos escogidos, del ex dirigente peruano Alberto Gálvez Olaechea, en las que no elude su responsabilidad, en la lucha subversiva peruana de corte marxista-leninista, guevarista y antiimperialista en 1984.

“La cárcel es el hecho crucial de mi vida. No es el mejor de los mundos, pero, aunque suene extraño, tampoco creo que sea el peor” dice el ex dirigente peruano Alberto Gálvez Olaechea, del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) en su libro testimonial: “Desde el país de las sombras” (escrito en la prisión). Después salieron: “Con la palabra desarmada (Ensayos sobre el pos-conflicto) y “Puro cuento” historias recogidas a lo largo de una dilatada estadía en el país de las sombras.
Nuestra relación, con el autor peruano nace por gestiones de nuestra lectora Eduarda Zegarra, ella interesada que la colectividad latina en Suecia, entienda a través de los testimonios y reflexiones de Alberto Gálvez Olaechea, el difícil proceso de la lucha armada en su país de los años 80.
A partir de tal iniciativa los intercambios de correspondencia, con Alberto Gálvez Olaechea, nos permitieron aproximarnos a sus ideas y opiniones actuales sobre su país y -desde luego contarnos su vida fuera de la cárcel.

¿Cuándo y cómo nace en ti esa necesidad de escribir?

En realidad como militante empecé muy joven a escribir, aunque obviamente eran cosas vinculadas al activismo político y social. No creo que haya nada digno de recuerdo de ese período. Además solían ser artículos y panfletos clandestinos que han quedado desperdigados. Después vino la larga etapa dela cárcel en la que, dadas las severas condiciones de reclusión, leer fue el refugio para escapar de la soledad y la locura. Siempre fui lector, pero la nueva situación hizo que la lectura fuera mi principal, y en algunos momentos mi casi exclusiva, ocupación.
Como el régimen era de encierro total y nos restringieron el acceso a todo tipo de medios de comunicación y a todo tipo de textos de contenido político, debí enfocarme en la literatura y la historia. Eso en cierto modo fue provechoso, fue una suerte de desintoxicación del exceso de ideología de una etapa de mi vida.
También la cárcel fue un espacio de reflexión de mi experiencia. La experiencia de una derrota profunda, de esas que no tienen atenuantes y que exigen escarbar hondo. Pero es a partir de la formación de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) el 2002 que, empiezo, no solo a escribir, sino también a firmar con nombre propio.
Hablando de los intelectuales mexicanos Octavio Paz decía que habían renunciado a la obra personal, eso como consecuencia de la militancia-y es aún más intenso en la militancia clandestina-que reemplaza el yo por el nosotros. Cuando publicas algo con tu nombre, asumes los riesgos y la responsabilidad por lo que dices, te muestras exponiendo fortalezas y flaquezas. Escribir se convirtió en mi principal ocupación, como un complemento del leer.
Empecé a escribir y luego a publicar desde el 2002. Tengo ya tres libros, dos de ensayos políticos y uno de relatos.

¿En algún momento de tu vida, en la cárcel, tu ánimo de vivir se ha quebrantado?

No. El único momento de mi vida en que la muerte se volvió una opción deseable fue durante la tortura. Nunca antes y tampoco después. Claro que ha habido momentos difíciles, etapas de angustia, de depresión por diversas circunstancias, pero mantuve la certeza de que saldría de la cárcel y me preparé para ese momento. Tuve además la fortuna de contar con una familia que me acompañó con una lealtad y una tenacidad indescriptibles. Fueron un formidable soporte material y emocional. Además estaba mi hijo, que nació cuando su madre y yo estábamos en prisión y acompañarlo, aunque fuera de lejos, ha sido una de las cosas más gratificantes de todos esos años.

¿Cómo percibías la situación de tu país desde el interior de la cárcel?
Cuando llegué a la prisión en 1987, en el Perú había una guerra que entraba en su fase de desenlace. Luego vino el autogolpe de Alberto Fujimori de 1992 y la imposición de un gobierno autoritario. Lo que pasaba en el país no solo lo vimos, sino que lo sentimos directamente porque las prisiones fueron uno de los blancos más importantes de la ofensiva contra-insurgente.
La otra cara de la contrainsurgencia fue el proyecto neoliberal. Las privatizaciones, la apertura del mercado interno y la desprotección del trabajo se implementaron en el contexto de un estado represivo y de unos movimientos sociales a la defensiva. Esto explica su éxito.

¿Hoy ya en libertad, qué actividad estas desarrollando?
Salir de la cárcel después de tanto tiempo me han exigido reaprender destrezas perdidas, como las de desplazarme en grandes espacios, cruzar las calles o movilizarme a través del sistema de transporte público.
También he tenido que ir organizando la manera de ganarme la vida. En esto la principal actividad que realizo son traducciones. Aprender idiomas fue una de las grandes adquisiciones de mi vida en prisión, pues además de abrirme horizontes culturales, me dio una herramienta útil para mi lucha por la supervivencia. Si alguien tiene algo que traducir del inglés o del francés al castellano, por favor me avisan.
Otra de mis actividades es la de escribir. Tengo otro proyecto de libro en preparación que espero tener publicado a fines de este año o a inicios del próximo. Hay otros proyectos, pero estos son a más largo plazo.

¿Tu opinión del exilio latinoamericano?

El exilio político latinoamericano ha tenido diferentes etapas, con características distintas cada una de ellas. Ha habido en nuestra América Latina convulsa diversas olas de exilios, siendo la que se produjo con las dictaduras del cono sur desde los años setenta la más extensa de todas. El exilio peruano comenzó cuando en el resto de América Latina terminaba.
Conozco casos de exilio pero no sé si se ha escrito una historia del exilio, de los exilios, para ser más preciso. Salir huyendo de tu país con lo que llevas puesto y empezar una nueva vida en otro país donde a veces ni siquiera hablas su lengua requirió de mucha fortaleza de estos hermanos y hermanas, a algunos de los cuales vi pasar por el Perú o encontré en lugares con México o Nicaragua a inicios de los ochenta.
Cuando volvió la democracia a sus países la mayoría de los exiliados volvió, pero hubo quienes se arraigaron y lo más interesante es que se crearon redes de información y solidaridad que son un valioso activo en la lucha de nuestros pueblos.
No deja de ser notorio el hecho de que aún hoy haya cientos de ciudadanos peruanos que mantienen esta condición de exiliados políticos que no pueden retornar a su patria. Pero hay otro tipo de exilio, mucho más masivo, que es el exilio económico. Del Perú han salido desde la última década del siglo pasado más de dos millones de personas, produciendo un fenómeno social, cultural y económico de proporciones. Las nuevas tecnologías les permiten estar muy conectad con el país y sus familias en particular y sus remesas son una fuente importantísima de divisas para la economía. No puede analizarse la realidad de nuestros países sin tenerlos en cuenta.

¿Cómo describes la situación actual en tu país?

El panorama político actual es complejo. Aquí no hubo salida negociada de la guerra, por lo que el bando de los vencedores estableció unilateralmente las reglas de juego. Hay un humor contrainsurgente que tiñe todo, que crispa la política y las relaciones humanas. El espíritu de cruzada “anti-terrorista” está muy presente en el discurso del poder.
A esto se suma la corrupción masiva y generalizada que impregna al Estado y la sociedad. Es un tema antiguo pero que los años 90 adquirió unas proporciones y una sistematicidad nunca antes vista, lo cual quedó documentado en unos célebres videos con una crudeza inigualable en el mundo. Vino la democracia, pero las instituciones corruptas siguieron prosperando.
Perú a lo largo de su historia ha tenido un ciclo distinto al del resto de América. No participamos de la ola de gobiernos progresistas y la derecha ha mantenido el control del Estado durante estas décadas, facilitado esto por la derrota de las fuerzas populares de los noventa.
Las fuerzas populares y la izquierda recién empiezan a salir de la postración en la que se encontraban y recuperan la iniciativa. El proceso es, sin embargo incipiente y complejo.
Nuevos desafíos se plantean. El cambio climático trae consecuencias tremendas para el país. La resistencia de las comunidades a la contaminación y destrucción del medio ambiente por las actividades extractivas está en la agenda urgente.
La situación de los trabajadores del siglo XXI los ha devuelto al siglo XIX: largas jornadas laborales, empleos precarios y ausencia de beneficios sociales (vacaciones, jubilación, etc.). Desempleo, informalidad, delincuencia afectan a las masas empobrecidas, especialmente a los jóvenes.
En esta situación hay dos frases de Gramsci que a mí me parecen particularmente pertinentes para los tiempos que corren: “El viejo mundo muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos” y la otra, que solía repetir José Carlos Mariátegui, es la de: “Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”.
Con esto en mente, estoy listo para encarar lo que venga con serenidad y firmeza.

«No pido ni exijo nada, salvo que se tenga la mente abierta al entendimiento y a la reflexión»

Es la afirmación de Alberto Gálvez Olaechea, en su declaración ante la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), encargada principalmente de elaborar un informe sobre la violencia armada interna, vivida en el Perú durante el periodo de los años 1980 y 2000.
En su libro: «Desde el país de las sombras», más allá de ser un testimonio valiente y honesto, hace también una profunda reflexión. «El nuestro fue un proyecto producto del espíritu de una época. No pretendo eludir mi responsabilidad, pero tampoco creo que sea admisible circunscribir la experiencia del MRTA a un hecho aislado de individuos fanatizados que trastocaron un país que vivía en paz, en calma y en orden. No pretendo defender nada, no intento justificar nada. Lo que me parece fundamental es tratar de explicar y comprender, y sobre todo mantener los ojos abiertos a la realidad y admitir una derrota sin atenuantes. Es necesario también admitir los errores, y, en particular, estar abiertos a pedir y conceder perdón, si queremos efectivamente avanzar en un proceso de reconciliación nacional. En lo personal, no pido ni exijo nada; salvo que se tenga la mente abierta al entendimiento y a la reflexión», subraya.
«Es necesario también, admitir los errores, y, en particular, estar abiertos a pedir y conceder perdón, si queremos efectivamente avanzar en un proceso de reconciliación nacional. En lo personal no pido ni exijo nada, salvo que se tenga la mente abierta al entendimiento y a la reflexión. No olvidemos que las heridas que existen en la sociedad, secuela de la violencia política, están también en el terreno de los vencidos. Y no olvidemos que en estas heridas abiertas de los vencidos fermentan las futuras rebeliones, algo que deberían tener en cuenta fundamentalmente las clases dirigentes del país» declaró Alberto Gálvez Olaechea en las Sesiones Públicas de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR, junio del 2003)
El ganador del primer premio del Concurso de Cuento Arte y Esperanza 2007 organizado por la Asociación Dignidad Humana y Solidaridad es Alberto Gálvez Olaechea. Gálvez es un preso, eso ya lo saben todos -o casi todos- y los que conocen algo del Conflicto Armado Interno (1980-2000) lo recordarán como importante miembro del MRTA (parte de la Dirección Nacional) hasta su captura en 1991 y posterior renuncia en 1992.
Gálvez Olaechea junto a su agrupación política, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria - Voz Rebelde (MIR-VR), se acopló al ya existente MRTA en 1985, intercambiando experiencias, según recuerda:
“el MRTA era un núcleo más pequeño pero compacto y dinámico, con un mayor desarrollo militar; el MIR (VR), por su lado, tenía una mayor presencia nacional y una mayor inserción social. Éramos de cierta forma complementarios, los espacios en que nos movíamos eran los mismos, nuestras raíces las mismas y nuestras perspectivas convergentes”. (CVR IF, p. 399)
Fue capturado por primera vez en 1987 cuando trabajaba como periodista de Cambio (vocero del MRTA), fue condenado a 12 años de prisión, pero luego de tres escapó del penal de Castro Castro a través del espectacular túnel del MRTA junto a otros 46 miembros (3 años de trabajos y 332 metros, sin duda una de las maravillas de la Lima moderna que debería ser recuperado y valorizado como un museo de sitio) en julio de 1990. Sobre el tema, Alberto Gálvez comenta:
“[La fuga] permitió al MRTA, protagonismo político y su robustecimiento orgánico, al inyectar un conjunto de cuadros y dirigentes a la estructura partidaria y potenció los planes de desarrollo; pero también generó un reacomodo de fuerzas internas que desencadenó una crisis que erosionó al MRTA, haciéndolo frágil y vulnerable ante lo que vendría después.” (CVR IF, p. 411)
Lo que vendría después es la confirmación del MRTA como grupo de accionar terrorista (coches bombas, secuestros, asesinatos selectivos), la caída del socialismo y el fin del paradigma guerrillero (”Entonces los paradigmas desaparecen, nos empezamos a mover en el vacío desde el punto de vista programático, ideológico”. CVR IF, p. 412), las divergencias internas entre los miembros del MIR-VR de encontrar una salida política con el gobierno de Alberto Fujimori y los del MRTA de continuar la lucha armada, y el recrudecimiento de la vorágine de violencia que ya había sido iniciada por el PCP-SL y continuada por las Fuerzas Armadas.
Luego de un paciente y efectivo trabajo de inteligencia, Gálvez es nuevamente capturado en 1991 y ya preso renunció al movimiento en 1992 debido a los “ajusticiamientos” internos que se estaban produciendo dentro del MRTA gracias a las peleas entre el “ala dura” (Polay, Rincón, Cerpa) y los que buscaban separarse del movimiento. Gálvez recuerda que: “Esos acontecimientos son los que provocan mi renuncia, se ingresa en una descomposición moral, una pérdida de perspectiva total, desde el punto de vista interno y político.” (CVR IF, p. 416).

Apuntes tomados de: http://elblogdecayo.blogspot.com

Alberto Gálvez Olaechea


(Lima 1953) Desde 1970 militó en el Movimiento de Izquierda revolucionaria (MIR) y luego en el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), al que renunció en enero de 1992. Detenido en agosto de 1987, fugó de prisión en julio de 1990 y fue detenido nuevamente en mayo de 1991; condenado a 24 años, permanece en la cárcel desde entonces. En 2004 ganó el premio de Testimonio en el Concurso “Dónde están nuestros héroes y heroínas”? organizado por Sur, Casa de estudios del Socialismo; y en el 2008 el primer premio del Concurso de Cuentos Penales del Perú, organizado por la Asociación Dignidad Humana y Solidaridad y auspiciados por Petroperú y la Embajada de los países bajos.

Jaime Padilla
suramericapress