Cataluña-Referéndum

No a la violencia en Cataluña, no a la violencia que exporta Rajoy

Javier Cortines    28.Sep.2017    Mundo

Ninguna república triunfará, incluida la catalana, sin la solidaridad a gran escala de las clases oprimidas y excluidas. El capitalismo salvaje es el agujero negro de las ideologías.

La violencia, claro, está justificada para derrocar al tirano que esclaviza y mata a los nadies (1), pero no en países donde es posible cambiar las cosas con imaginación y diálogo. Ahora los Hunos y los Otros disparan palabras trampa para manipular al pueblo y utilizarlo como arma arrojadiza.

Con el referéndum estamos entrando en una vil dinámica de exaltación al odio, en sintonía con las injusticias que ha provocado la crisis económica, que se palpa en numerosos rincones del país. ¿Quién no ha oído estos días comentarios catalanófobos e hispanófobos en la calle, bares, etc.) Catalunya quiere ganar la batalla apelando a la “desobediencia civil” y el Estado al cumplimiento a rajatabla de leyes envejecidas y caducas.

Es necesario salir del bosque para ver los árboles y ampliar horizontes y perspectivas. No deberíamos entrar en los bombardeos que han iniciado ambos bandos con “discursos cepos” y utilizando a los civiles como escudos humanos.

Ahora hay dos pueblos crispados que quieren ganar la batalla al precio que sea y, como estamos en la época de la post-verdad, se utilizan las palabras, (degenerando su origen sagrado), a modo de anzuelos con promesas que ya no se cumplen -sin la solidaridad a gran escala de las clases oprimidas y excluidas- en los feudos del capitalismo salvaje.

Rajoy pasará a la historia de Catalunya por ser el presidente que lanzó la pasada semana la macrooperación policial Anubis (el antiguo dios egipcio de los muertos con cabeza de chacal) para aniquilar la consulta del 1-0. Un policía nacional, autoproclamándose portavoz de la extrema derecha, llegó a decir en “la zona sublevada” que “tenemos efectivos para arrasar Beirut, lo que falta son huevos y dejar actuar”.

Anubis intentado embalsamar a Cataluña

Ahora que la suerte está echada habrá que ver si “después de la tempestad viene la calma”. O, si como dice la ley de Murphy, “todo lo que es susceptible de empeorar, empeorará”.

Uno de mis mitos preferidos es el que narra el enfrentamiento que hubo entre Atenea (la inteligencia) y Poseidón (la fuerza bruta) por dominar la región del Ática, y su capital Atenas.

Dicen los aedos que Poseidón, no contento con reinar sobre mares y océanos, quiso ampliar sus dominios conquistando tierra firme. Para eso atacó un día el Partenón y clavó su tridente en el templo abriendo un horrible boquete que no dejaba de vomitar agua salada.

La diosa Atenea, que había nacido de la cabeza de Zeus, era, además de una gran guerrera, partidaria de utilizar la inteligencia y el amor, siempre que se pudiera, y dejar las armas para cuando ya no hubiese otra alternativa.

Atenea fue al lugar donde Poseidón había descargado su cólera y, para quitar la mala energía del pozo salubre, plantó un hermoso olivo que regaló a los atenienses, a quienes prometió proteger -si obtenía el beneplácito del Cielo- para que desarrollasen una grandiosa civilización.

Su disputa llegó al Olimpo y los dioses votaron (con igual número de deidades masculinas y femeninas) quién merecía reinar sobre el Ática. La consulta quedó en empate y entonces se hizo necesaria la votación de Zeus, que hasta ese momento había permanecido neutral.

El portador del rayo no lo dudó y apoyó a su hija pues, combatió la violencia con amor e inteligencia y regaló a los humanos un sagrado olivo, recuerdo que perdura en la memoria colectiva de los griegos y de todos los que nos sentimos griegos.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano que sigue imaginando con John Lennon “un mundo sin fronteras ni religiones, donde no haya nada por lo que matar o morir”.

-1- Eduardo Galeano llama “Nadies” a los parias que sólo poseen su sombra.

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