España- Crisis

Cataluña y el telón de acero

El líder de la derecha española, Mariano Rajoy, podría ejercer como presidente de Cataluña para asegurar la transición a “la legalidad democrática” de la comunidad rebelde.

Al haberse convertido Cataluña en el monotema de la prensa y la calle, parece que todos los problemas importantes de los españoles han sido relegados a un segundo plano, como si fueran asuntos marginales, hasta que el triunvirato (PP, PSOE y Ciudadanos) vuelva a poner las cosas en su sitio.

El líder de la derecha Mariano Rajoy, que hasta hace poco no se quitaba el traje de luces para lidiar contra el toro de la corrupción, ha logrado salir del coso madrileño a hombros de los diestros Pedro Sánchez (PSOE) Albert Rivera (C`S). No es para menos, se ha convertido en el gran salvador de la patria y ha logrado una victoria “cuasi militar” sobre Cataluña. En términos taurinos se diría que, para muchos españoles, ha cortado las orejas y el rabo al president de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont.

Optando por la fuerza y el peso de la ley, (la inteligencia sigue siendo el último recurso) Rajoy, si se aplica a fondo el artículo 155 de la Constitución, podría ejercer como presidente de Cataluña para asegurar la transición a “la legalidad democrática” de la comunidad rebelde.

El escenario no puede ser peor, y Cataluña se ha convertido en el agujero negro que se traga los problemas acuciantes de los españoles y españolas que viven al margen del progreso y la “supuesta recuperación económica”. Ellos son, como siempre, los grandes olvidados.

Los hombres y mujeres que fueron golpeados por la crisis ahora se preocupan por la factura de la luz y por el frío que se avecina con la llegada del invierno. Muchos tampoco saben si serán los próximos desahuciados o cómo arreglárselas para abrigar y dar de comer a su familia. Se han vuelto invisibles. Han quedado detrás del telón de acero que separa a “los ciudadanos protegidos” de “los nadies”.

Se dice que El Procès ha provocado brotes de odio en todo el país, lo que se palpa por doquier. También ha despertado al fascismo durmiente que escupe frases despreciables de otros tiempos. Nunca he visto a tanta gente en España “dispuesta a acudir a la llamada de la patria”. Existe el riesgo de cometer graves equivocaciones “por culpa de un errado patriotismo”.

Junto a lo anterior, el gobierno ha decidido controlar, aún más, los medios de comunicación públicos para que den información “rigurosa, veraz, objetiva y equilibrada”. Es decir, Rajoy pasa de vestirse de luces a convertirse en el gran imán de la mezquita parlamentaria.

En España nunca ha habido unidad. Hubo complicidad entre las clases sociales, según su estatus y riqueza, lo que produjo la endogamia que nos caracteriza. Los trabajadores, que hace décadas estaban agrupados y eran una importante fuerza de cambio, ahora están dispersos en las barricadas.

Del enfrentamiento entre Cataluña y el resto de España saldrá algo gordo, imprevisible. Los que ahora están ciegos dirán “eso se veía venir”.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano que, si podría volar, se iría muy lejos para no seguir oyendo la insoportable cacofonía que aturde y alquitrana la claridad.

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