¿Será que el perro de Trump renunció?

El actual “emperador” de Washington, Donald Trump, es el primer presidente norteamericano que no tiene en la Casa Blanca un perro, u otra mascota, lo que ha sido una “tradición no oficial” durante casi 130 años en Estados Unidos.

Revelaciones de diversos medios de prensa cuentan que Trump, antes de asumir el poder, trató de adoptar un cachorro de la raza Goldendoodle, conocidos por ser inteligentes, entrenables y amigables.

El can, llamado Patton, era o es todavía la mascota de una cercana amiga que se lo ofreció al ahora mandatario estadounidense, quien sin embargo terminó por no llevárselo consigo a la Casa Blanca.

Al parecer, renunció, pero no Trump, sino el perro, el cual debió olfatear las cualidades de su posible futuro dueño, especialmente su extrema agresividad y trastornos sicológicos, más que demostradas durante sus casi nueve meses al frente de las riendas de Washington.

Evidentemente el inteligente Patton comprendió que una relación con su eventual nuevo amo sería muy difícil y podría conducir a un peligroso enfrentamiento entre ambos.

Acorde con los mismos medios de información, se dice que en la familia del hoy “emperador” de Washington existe afición por matar animales, y poco o nada por darle cariños a mascotas.

La mayoría de anteriores mandatarios de Estados Unidos han tenido en la Casa Blanca como acompañantes a perros de diferentes razas, pero también desde orugas de sedas hasta leones, elefantes y caimanes.

Sin embargo, Trump rompió con esa tradición y con los paseos por los jardines de la residencia presidencial con canes que se difundían por las televisoras norteamericanas e internacionales en los tiempos de Barack Obama, William Clinton, y hasta George W. Bush, este ultimo igualmente afamado por su actuar violento.

Del actual gobernante norteamericano se comenta reiteradamente que supera a W. Bush, Ronald Reagan y Richard Nixon en conducta agresiva, y por esa razón si no posee el record tiene un alto average de renuncias entre sus propios colaboradores.

En poco tiempo, se ha merecido además el rechazo de la mayoría de las naciones, pueblos y autoridades del mundo, y cada vez son menos los que temen al águila calva, en este caso rubia, de Estados Unidos.

Sin duda alguna, el amigable Patton se percató que la convivencia con quien pretende ser el dueño del planeta tierra es imposible, y lo peor es que ni siquiera puede ser entrenado para que mejore su comportamiento. En fin, Trump no tiene remedio.

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