Elecciones en Chile

Chile 2017: La recta final de las elecciones

Con el último debate presidencial organizado por anatel, el 6 de noviembre, se entró en la recta final de las elecciones presidenciales del 19 de noviembre en Chile 2017. Los dados están echados. En las elecciones, los 13,5 millones de electores potenciales no sólo deben elegir presidente, sino que además el Congreso bicameral (155 diputados y 23 de los 50 senadores) y, por primera vez, los 278 miembros de los quince consejos regionales).

Todo indica que no habrá presidente el 19 de noviembre. Las predicciones apuntan a la necesidad de un balotaje de resultado incierto, el 17 de diciembre, entre el ex presidente Sebastián Piñera y el senador Alejandro Guillier. Los analistas coinciden en que todo dependerá de la distancia entre Piñera y Guillier el 19 de noviembre. Las posibilidades de traslado de votos a Guillier que matemáticamente o por geografía política debiese ganar, dependen de ello. Si la distancia es de más del 15 a 20% que anuncian las encuestas, tenderá a repetirse el escenario de la derrota de Eduardo Frei Ruiz-Tagle en 2010.
 
¿Piñera en Punta?
 
El 3 de octubre la encuesta CERC-Mori, una de las más respetadas, confirma para la primera vuelta, un apoyo estable del 45% a Sebastián Piñera, ex presidente derechista (2010-2014) que postula a un segundo mandato. Esta vez, pese a invocar  con descaro la imagen del ex presidente Patricio Aylwin, Piñera, viene con una propuesta propiamente de derecha. No hará un gobierno, que algunos consideraron “concertacionista“. Su programa propone restablecer el crecimiento con estrategias económicas neoliberales de promoción de la inversión. De reducción del tamaño del Estado, con despidos por la eliminación de programas estatales mal evaluados. Promete revisar las tímidas reformas de la presidenta Bachelet. Se propone cerrar el capítulo de los derechos humanos por la edad avanzada de los condenados o procesados por crímenes de lesa humanidad durante la dictadura. Es sorprendente que el candidato derechista opte con seguridad a un segundo mandato siendo, entre otros: que recurre frecuentemente a las posverdades (como en el debate de anatel); que ha sobrevivido a numerosas denuncias de corrupción; que aprobó en su mandato una Ley de Pesca coludida con la gran industria pesquera.
 
¿Guillier para la segunda vuelta?
 
La misma encuesta anunció un aumento al 30% del apoyo al senador y candidato Alejandro Guillier. Guillier representa el liderazgo más competitivo de la autodenominada centro-izquierdista Fuerza de Mayoría (PC, MAS, PPD, PR y PS).
 
Guillier se definió finalmente como continuador y profundizador de las medidas del gobierno saliente. Cultivó la distancia porque, como se recordará, se le prefirió como candidato, al ex presidente Ricardo Lagos por no tener techo de vidrio. Hay un cambio de estilo porque el senador que se inscribe en la tradición del partido Radical. Su campaña ha adolecido de falta de dinamismo.
 
Para enfrentar las posverdades de quienes le acusaban de no tener programa de gobierno. Lo puso en evidencia el martes 7 de noviembre. Ese programa se inscribe en la continuidad de lo esencial de las reformas de la presidenta Michelle Bachelet (tributaria, laboral, educación, propuesta constitucional, etc.). Pero además en el tronco histórico representado por Pedro Aguirre Cerda, Salvador Allende y los presidentes de la centro izquierda desde 1990.
 
Ruptura de las coaliciones tradicionales
 
¿Los otros 6 candidatos, pueden determinar la balanza del poder? Ellos reflejan la ruptura del bipartidismo inaugurado en 1990 (la mal llamada transición).
 
En primer lugar están los cercanos a las coaliciones otrora dominantes. Por el lado de la Nueva Mayoría, recordemos la ruptura simbólica de la coalición y representada por la candidatura de Carolina Goic de la Democracia Cristiana. Un partido clave de la coalición gobernante que optó por el camino propio. Ella recibiría sólo el 8%, con lo que no tiene ninguna posibilidad de pasar a la segunda vuelta. Pero, la DC si puede imponer su veto si mantiene su representación parlamentaria. Estas rupturas en la coalición, anuncian un movimiento de placas tectónicas del sistema de partidos políticos que surgió en 1990. Los resultados de las elecciones parlamentarias pueden consolidar esa diversidad inaugurando un esquema de negociaciones y vetos de la Democracia Cristiana.
 
Por el lado de la derechista coalición Chile Vamos, está la candidatura del partidario acérrimo de la dictadura pinochetista. José Antonio Kast, ex miembro de la ultraderechista Unión Demócrata Independiente (UDI, el partido de Jaime Guzmán). Critica el pretendido centrismo de Piñera, rescatando los valores pinochetistas y fascistas: Dios (Opus Dei), Patria (militares) y Familia (valores conservadores). Kast interesa a la base social de la derecha piñerista. Es la primera vez que se produce una división de esa naturaleza en la derecha y ella se plasma además en el surgimiento de nuevos partidos como Evopoli. Lo cierto, es que con un 2% que le otorgan las encuestas, José Antonio Kast no tiene posibilidades, más allá del testimonio de que Piñera no sería un verdadero derechista.
 
¿Nuevas o viejas opciones?
 
Más allá de Piñera y Kast, de Guillier y Goic hay otras cuatro candidaturas. ¿Son movimientos centrífugos anunciadores de un nuevo ciclo político? ¿Son los efectos fugaces del fracaso del sistema de primarias?
 
Entre ellas, como principal fuerza, está la nueva coalición de 10 partidos y movimientos, el novedoso Frente Amplio (FA). Una coalición heteróclita representada por Beatriz Sánchez. Anti neoliberal y en ruptura con la herencia pinochetista, el FA, que despertó un entusiasmo inicial enorme, encontró dificultades. Bea es la primera en reconocerlo. Por ello, bajó al 11% de intenciones de voto. Muchos no creemos que el FA sobreviva como tal, después de las elecciones. Perdió plumas con la polémica sobre la candidatura de Mayol, demasiado parecida a la misma vieja política y de cuoteo según muchos. El Partido Comunista y otros critican la ruptura de esa nueva izquierda con los principios y valores tradicionales de la izquierda chilena, como es la imagen de Salvador Allende, Cuba o Venezuela. Su esencia, principalmente anti-neoliberal, se traduce en propuestas políticas diversas, ajenas al socialismo, de cualquier tipo (del siglo XXI o del siglo XX). Ni de izquierda ni de derecha, el FA se inscribe también en ruptura con los nuevos movimientos sociales. Una crítica contundente de uno de sus mentores, Gabriel Salazar. Ello no evita considerarles como reflejo de los nuevos tiempos.
 
Otros, como el candidato recalcitrante, Marco Enriquez-Ominami, el ME-O de PRO reflejan corrientes centrífugas. Luego de tres campañas presidenciales puede afirmarse que el PRO no cuaja aún como partido. Con un 4% estimado, ME-O molesta más que lo que propone. Alejandro Navarro, con el 1%, confirma la deriva tradicional de los caudillismos, pese a propuestas interesantes. Alejandro Artés de la Unión Patriótica, con un mensaje de filiación revolucionaria tradicionalista, no alcanzaría al 1%.
 
¿Elecciones cruciales?
 
Para el viajero, el observador distante del proceso chileno, son elecciones cruciales para la profundización de la democracia ¿Con el regreso de Piñera se impondrá finalmente el modelo de alternancia en el poder? Se marcaría la victoria última del artífice de la constitución pinochetista, Jaime Guzmán. La alternancia en el poder sería a la imagen y semejanza de EE.UU. En el seno de la Nueva Mayoría muchos se resignan como en el Mostrador frente al inevitable retorno a la presidencia del Berlusconi chileno, Sebastián Piñera. No es por nada que muchos como Tironi, calificaron su gobierno como el 5o gobierno de la Concertación. Esperan que Piñera repita su primer gobierno, tomando la herencia del fallecido ex presidente Patricio Aylwin, como lo muestra en su franja televisiva.
 
Lo cierto es que permitiría confortar la idea impuesta por los medios de comunicación en manos de la derecha, de que muchos no estaba de acuerdo con las tímidas reformas de (tributaria, educacional, aborto en tres causales de Bachelet). Una tesis del intelectual de derecha Carlos Peña que Chile es hoy (nuevamente) un país de clase media, individualista, arribista, de consumidores. Una cuestión contradicha por la imposición desde la calle de inesperados temas como el de la reforma de las AFP, o del sistema de salud, además del cuestionamiento del crecimiento económico en estilo neoliberal por uno sustentable.
 
El desafío abstencionista
 
Pero, las elecciones no concitan mayor interés. Se teme una opción por la abstención superior al 50% del electorado. La participación electoral podría ser incluso menor del 45%. Ello introduce variables importantes que las encuestas de opinión tienen dificultad en circunscribir. Lo más probable es que sean los poco más de 5 millones de electores acostumbrados en votar quienes decidan los resultados. Pero ello implicaría que los nuevos referentes como el Frente Amplio no atraen nuevos votantes.
 
Por otro lado, la reglas de techo de gastos y de transparencia provocaron cambios visibles que pueden paradojalmente reducir la participación electoral. Desaparecieron los rayados, siendo remplazados por vallas y pancartas en parques o casas que trasladan la campaña a radios, a la televisión o las redes sociales. En ausencia de los rayados callejeros de campañas anteriores, es difícil para el visitante darse cuenta que hay elecciones. En ese marco y por la ausencia de versatilidad, la limitación de los gastos de campaña, pueden traducirse en menor participación electoral. En un país que considera moderno que los electores sean percibidos como consumidores, ellos están mejor informados de productos en venta que de saber por quién votar.
 
¿El Factor Bachelet influirá?
 
La última mujer presidente en América del Sur, no quiere pasar a la historia como Dilma Rousseff (Brasil) o Cristina Fernández (Argentina). Bachelet defiende su legado e indirectamente apoya la desabrida campaña de Alejandro Guillier.
 
Ante la impopularidad de su segundo mandato (solo el 13% cree que este fue mejor que el primer gobierno con 68%), defiende encarnizadamente su legado. Lo hace hasta en entrevistas con la BBC, buscando pasar a la historia como la responsable de profundos cambios. Y ha sido efectivamente responsable de profundas reformas. Desde la reforma tributaria, la reforma laboral, las leyes de la educación, incluida la gratuidad universitaria, hasta leyes de transparencia, del fin del binominal y la inminente propuesta de una nueva constitución. Su balance incluye la ley del aborto en tres causales (peligro de muerte de la madre, inviabilidad del feto y violación).
 
Además, muy afectada por las denuncias de corrupción en su entorno familiar con el caso Caval, perdió protagonismo. En su ofensiva final, a pocos meses de terminar su mandato, marca la cancha. Cuestiona la lógica neoliberal, rechaza por causas ecológicas y de desarrollo sustentable el polémico proyecto minero Dominga. Acepta la renuncia de dos ministros encargados del expediente. Aclara que Piñera también recalificó como delito no terrorista la causa contra cuatro comuneros Mapuche en huelga de hambre. Se mantuvo fuerte a pesar de la amenaza de renuncia de su principal lugarteniente. (Aleuy). También corrigió a Piñera en las cifras de disminución de la delincuencia, en comparación con los años de Piñera (tema predilecto de la derecha fascista). Hasta el derechista think tank Paz Ciudadana reconoció un descenso del 40.2% al 39.5% del índice de victimización.
 
Pero las costumbres de 27 años son difíciles de cambiar. En ENADE su ministro de Hacienda Nicolás Eyzaguirre sigue afirmando que “la gente no está contra el modelo” (neoliberal). Que hay que ir legitimando el sistema. En el mismo encuentro en ENADE, Bachelet defendió su legado. Reconoció que sus cuatro años serán los de más bajo crecimiento promedio desde el retorno de la democracia. Pero se defiende que recibió una economía con productividad estancada y que venía desacelerando y que “entrega una economía en recuperación, con cuentas fiscales ordenadas y con la capacidad intacta para retomar mayores niveles de crecimiento.”
 
Presidenciales inciertas
 
Muchos esperan que una eventual victoria Guillier asegure la continuidad del lento proceso de reformas de Bachelet. Ruegan que el voto útil, con calculo estratégico, unifique la las fuerzas de centro-izquierda. Sin embargo, pese a que la derecha le acusa de injerencia en la campaña, es difícil que la ofensiva de Bachelet tenga gran influencia. El 80% de popularidad que tenía en 2009, no evitó la victoria del derechista Sebastián Piñera. ¿Se repetirá el mismo escenario?
 
Todo indica que ninguno de los ocho candidatos presidenciales ganará en la primera vuelta. Las encuestas apuntan a que el balotaje del 17 de diciembre será entre el ex presidente derechista Sebastián Piñera de Chile Vamos y el senador y candidato de Fuerza de Mayoría Alejandro Guillier que busca asegurar la continuidad del saliente gobierno de Michelle Bachelet. Por ello, el tema de los acuerdos para la segunda vuelta presidencial será crucial.  
 
Las elecciones se realizan bajo nuevas reglas. Entre ellas, el fin del sistema de voto binominal por distrito, que falseaba la representación. La inclusión del sistema proporcional se traduce en el aumento del número de escaños en la cámara de diputados de 120 a 155. Ello permitirá una mayor diversidad y partidos que antes no podían aspirar a una representación parlamentaria ahora esperan acceder al parlamento. Lamentablemente, no existen modelizaciones adecuadas sobre la composición del nuevo parlamento y se entra en zona desconocida.