Paraisos Fiscales- Queen Elizabeth II

¿Irá a la cárcel la reina de Inglaterra por haber evadido a Hacienda?

Javier Cortines    18.Nov.2017    Mundo

Los gobernantes de las democracias europeas nos dirán que la justicia es igual para todos y para todas, para los individuos de las capas más altas de la sociedad y para los delincuentes de poca monta que roban 300 euros “porque han sido tallados por el diablo”.

Sé que es una pregunta estúpida y que, para ser políticamente correcto, debería hacerla de otra manera, por ejemplo, ¿Es la Ley igual para todos y para todas? Lanzando así la cuestión se allana el camino, que es lo que se hace desde que se inventó la filosofía.

Los gobernantes de las democracias europeas nos dirán -sin creérselo, o creyéndoselo, lo que es mucho más preocupante- que la justicia es igual para todos y para todas, para los individuos de las capas más altas de la sociedad y para los delincuentes de poca monta que roban 300 euros para pagar la factura de la luz y del agua o, por que han sido tallados por el diablo, según afirman las elites.

Pero yendo más allá, con un candil en la mano como hacía Diógenes de Sinope, podríamos acercarnos al hijo de un pequeño comerciante e interrogarle ¿Cres que tu papá se libraría de la cárcel si los inspectores de Hacienda descubren que ha estado evadiendo impuestos durante décadas?

No voy a responder en su lugar pues estaría ocupando su escaño. Es como si, conociendo los secretos de la psicología humana, le ordenara autoritariamente ¡No pienses en elefantes! La primera reacción del bípedo implume (el hombre, según Platón) sería sin duda recrear la imagen del proboscídeo en el holograma de su red neuronal.

Digan lo que digan los gobiernos, debido a su adicción a los “arcana imperii”, la Ley no es, ni de coña, igual para todos. ¿Alguien se imagina a la policía llevando al trullo a la Reina de Inglaterra por haber invertido al menos 7,5 millones de dólares en Las Islas Caimán y Las Bermudas, para evadir impuestos, a través de una sociedad del Ducado de Lancaster? según acaban de revelar los “Paradise Papers” (Los Papeles del Paraíso).

La cárcel es el destino de los “malnacidos” o de los que, teniéndolo todo, calcularon mal o fueron abandonados por los amigos blindados. La Justicia, a la hora de dictar sentencia, no sólo tiene en cuenta nuestro estatus social, sino también nuestros atributos. Se puede decir que es más fácil que acabe entre rejas un feo sin estudios, que una persona guapísima. Ver crónica “Mayumi La Bella” mató a 115 personas y recibió miles de cartas de amor.

Es más fácil “tropezar” con la justicia si has nacido debajo de un puente o te dieron de mamar los perros. Si naciste en una cuna de oro y de niño tocabas el piano y leías Alicia en el País de las Maravillas, si no haces muchas tonterías, acabarás siendo invitado o invitada al banquete de los dioses.

Jesucristo también se calló la verdad, y lo hizo por amor al prójimo, “para no deprimir a los humanos que nacieron a la intemperie”. Cuando dijo que “de los pobres será el Reino de los Cielos”, pecó contra el octavo mandamiento “no levantarás falsos testimonios ni mentirás”.

Al Paraíso sólo van los ricos. Según fuentes no confirmadas dignas de crédito, a la entrada del Cielo se cobra, como mínimo, un peaje de un millón de euros. Los pobres, que con escasas excepciones conocen el Infierno en vida, no son bienvenidos a esa zona VIP por mucho que diga el Papa, líder de la secta más influyente del planeta.

El Reino de los Cielos es una pasada, allí todo es bello y además no hay leyes que frustren a los huéspedes. Todo está permitido desde el sexo más sofisticado hasta los vinos que se extraen de los viñedos de Noé. En el paraíso, al menos en el cristiano, se puede tomar además jamón ibérico y turrón de lujo en Navidad. También se puede brindar con Freixenet, pues esa marca ha demostrado que es “mucho, mucho español”, como le gusta a Rajoy. Además, los afortunados que residen allí pueden gastar todo el dinero que quieran, pues la banca ama como nadie los paraísos fiscales. El Cielo es como las islas Caimán y las Bermudas, pero a lo bestia.

Yo un día soñé que todos los hombres y mujeres éramos iguales y, cuando me desperté, Rajoy me dijo: “Tú, estúpido, no estás en tus cabales”.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para aconsejar a la gente leer la maravillosa obra, publicada en una edición pulga, “El Arte de la mentira política” (1) de Jonathan Swift (1667-1745), quien además de esta joya nos dejó “los viajes de Gulliver”, ácida crítica social que en la época del franquismo se vendió como un edulcorado tocinito de cielo.

-1 Edición Centellas. José J. de Olañeta, 2013.

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