Elecciones legislativas el 21 de diciembre

¿Quo vadis Catalunya?

Ricardo Daher    03.Dic.2017    Europa

Este lunes 4 de diciembre comienza la campaña electoral para unas nuevas elecciones autónomas en Catalunya tras la intervención de Madrid al gobierno regional de esta región que comprende cuatro provincias.

Serán las cuartas elecciones en 7 años y las primeras con la cúpula del anterior gobierno autónomo y del Parlamento, en prisión, acusados de sedición, malversación de fondos entre otros supuestos delitos, por haber declarado la independencia del Reino de España y la constitución de una república.

El anterior presidente de la Comunidad Catalana, Carles Puigdemont, se encuentra en Bruselas y pesa sobre él una orden de captura, mientras que otros altos cargos de su gobierno, siguen en prisión desde el 2 de octubre sin fianza, aunque esta última alternativa podría cambiar esta semana.
Las encuestas conceden hasta ahora un virtual empate en los bloques independentistas y los llamados “constitucionalistas” es decir quienes quieren permanecer bajo el paraguas del Reino de España. La constitución de estos bloques es llamativa. Dentro de los “constitucionalistas” está desde la extrema derecha hasta el centro, y algunos partidos considerados de izquierda. Dentro del bloque independentista, hay partido de centro derecha e izquierda, y hasta representantes de lo que podría denominarse la oligarquía regional.
La pretensión autonomista catalana proviene de muy lejos. Esta región constituida por las provincias de Girona, Lérida, Barcelona y Tarragona, posee su propio dialecto, prohibido durante las décadas del gobierno dictatorial de Francisco Franco, y es tan antiguo, o más, que el idioma español, productos ambos derivados del latín hablado que introdujeron los romanos en su conquista de la península ibérica. En la región hay innumerables ruinas romanas del siglo I, y sus habitantes de jactan de aportar al menos el 20% del PBI de España.
La última ocasión en que Catalunya gozó de cierta autonomía, fue durante la república en la década del 30 de siglo pasado y quienes son partidarios de la independencia, tiene gran animadversión a La familia real de los Borbón. En la guerra por la sucesión del trono, a principios de 1700, Barcelona sufrió el sitio de las tropas del rey Felipe V, y tras la caída de la ciudad, en 1714, cientos de personas fueron ejecutadas, la autonomía que tenían hasta entonces fue perimida y la región controlada con dureza por los gobernantes posteriores. Recordando ese hecho, cuando el Barcelona juega en su estadio de Camp Nou, en el minuto 17, el público presente comienza a aplaudir y gritar por libertad.
En esta nueva etapa, los catalanes deberán decidir el 21 de diciembre, si vuelven a respaldar a los partidos independentistas como en las elecciones de 2015, o aceptan la propuesta de quienes rechazan esa posibilidad.
Voceros del Partido Popular, en el gobierno de España, han amenazado sin tapujos que si ganan los independentistas, y se vuelve a proclamar la república independiente, volverán a aplicar el artículo 155 de la Constitución española que permite intervenir los gobiernos autónomos.
La campaña electoral es todavía un acertijo. Con dirigentes presos o en el exterior con orden de captura, los independentistas tendrán dificultades para expresarse, además de que los medios de comunicación de masas han formado fila detrás de los “constitucionalistas”.
Los habilitados para votar superan apenas los 5,5 millones de personas. En las elecciones de 2015 había 5,5 millones de habilitados para votar y la participación apenas superó los 4,1 millones de votos. Cabe recordar que en el plebiscito boicoteado por gobierno central del primero de octubre pasado, 2,1 millones de votantes se pronunciaron por una república independiente. Habrá que ver ahora, a la luz de lo sucedido después, si ese respaldo se mantiene.