Religión

La iglesia católica: ramera de los dueños de Chile

Cabe preguntarse por qué la visita del Papa Francisco a Chile provoca un marcado rechazo si se compara con las recientes giras a otros países latinoamericanos; en Bolivia, por ejemplo, fue recibido con mucho fervor y entusiasmo, y hasta selló una buena amistad con el Presidente, Evo Morales; se les veía tan compadres que Francisco, sobrecogido por la amabilidad, estuvo tentado a regarle una playa; con Rafael Correa, ocurrió otro tanto.

En Colombia, que se esperaba que fuera difícil su estadía, pues los uribistas, que votaron en contra de la paz en el plebiscito, no estaban contentos con este Papa, a quien consideran medio rojo y, con razón lo acusaban de ser el alma de las negociaciones y, sobre todo de los Acuerdos de paz con las Farc. En Paraguay, el país por excelencia de la Misiones Jesuitas, por lógica, tenía que ser recibido con los brazos abiertos.

En el Cono Sur, la situación se complica: Francisco nunca ha sido “profeta en su tierra”: unos lo acusan de peronista; otros, anti PRO y que le hizo mala cara a Mauricio Macri en su visita al Vaticano – a la única que dedicó su cariño fue a la pequeña hija del matrimonio presidencial. Para las abuelas de Plaza de Mayo, el Cardenal de Buenos Aires en esa época, Jorge Mario Bergoglio, fue el responsable de delación ante el régimen militar de Rafael Videla, de dos sacerdotes Jesuitas, quienes fueron secuestrados y torturados – hay que agregar que la jerarquía católica argentina fue, en su mayoría, colaboradora con la dictadura, y no pocos muertos y desaparecidos, incluidos niños, deben estar en la negra conciencia de algunos obispos y curas, a quienes aguarda satanás, si en realidad existe.

En Chile, la iglesia católica ha acumulado 80 denuncias sobre abuso sexual y actos de pedofilia, delitos perpetrados por personas consagradas.

La pedofilia es un delito repudiable, repugnante y asqueroso que no debiera prescribir jamás, pues es un brutal atropello a la dignidad humana, tanto o más grave que la tortura. El sacerdote que abusa del poder que ha recibido de la iglesia para guiar a los y jóvenes es un canalla, que utiliza el poder para doblegar las voluntades de los más débiles: Francisco se refiere a este hecho, en una reciente entrevista, llamándolos “caníbales”, es decir, que lisa y llanamente se comen a los niños. Curas como Karadima y O´Reilly provocan ira, repugnancia y rechazo, pues además de abusadores de los inocentes, son “rameras” de los ricos de Chile, y que cuando son descubiertos por sus crímenes, los defienden _ no hay que olvidad que los cuatro obispos que Karadima formó para “enriquecer” y enlodar la iglesia, le decían a este degenerado fofo el “santito”, y uno de ellos el famoso Juan Barros, repudiando como pastor de la diócesis de Osorno, según una de las víctimas de Karadima, se besaba en la boca con el asqueroso curita.

El Papa Juan Pablo II tuvo como meta en su vida destruir a los países comunistas, y en América Latina, reemplazar paulatinamente a los obispos progresistas, nombrados por Juan XXIII y Pablo VI, por obispos del Opus Dei o bien, sacerdotes seculares muy reaccionarios. Se trataba de destruir la teología de la liberación y las comunidades cristianas de base, y de la opción por los pobres pasando a una iglesia cuyo único pensamiento es ocuparse del pene y la vulva – algunos imbéciles denominan “temas valóricos” – convirtiendo a Cristo en un ginecólogo o en un urólogo.

A los ricos de Chile nunca les ha bastado el “dios mamón”: tener mucho dinero en un banco es muy agradable, pero no basta cuando descubren que en un día no muy lejano, “marcarán calavera” como cualquier mortal; para superar la angustia de la muerte nada mejor que recurrir a una iglesia que les garantice que su alma será eterna, y que si trata injustamente a sus trabajadores, siempre habrá un cura complaciente que, en la confesión, les perdonará los pecados, arrepiéntanse o no.

Hay que recocer que el Papa polaco logró buenos resultados en su largo “reinado”, por ejemplo, en Chile, logró cambiar a todos los obispos progresistas que habían sido la voz de los sin voz durante el negro período de la dictadura, y en su reemplazo, colocar en esos cargos a obispos reaccionarios, que sólo ven a la distancia a sus ovejas, o cuando se celebran las grandes fiestas, como la de la Virgen del Carmen y de la Tirana. Estos jerarcas no tienen ningún olor a oveja, pero sí a mucho billete y trago sello negro, pero nada con el vulgar “Bo (v) lantines”.

El jefe de estos pastores de magnates es el Cardenal Ricardo Ezzati, un italiano muy dado a las conspiraciones. Baste recordar las famosas cartas que sostenía con el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, a propósito de las víctimas de Karadima y, sobre todo, para que se abstuviera de nombrar a destacados sacerdotes progresistas como capellanes de la Moneda, entre ellos Felipe Berríos y José Aldunate.

Como los sacerdotes reaccionarios serán los “monaguillos” en las misas que el Papa celebrará en Santiago, Temuco e Iquique, a las pocas comunidades cristianas de base que restan luego de la devastadora labor de Juan Pablo II, no les tendrán muchas ganas de adquirir entradas para las distintas actividades de estos tres días.

Francisco también ha hecho su parte al tratar muy despectivamente a los fieles de la diócesis de Osorno, llamándolos “zurdos y tontos” por el simple hecho de rechazar a un encubridor del pedófilo Karadima. Se acaba de saber que el Vaticano pensó enviar a los obispos formados por Karadima a una especie de año sabático. En “la leprosa curia romana” – la denomina así el propio Francisco – se usa los términos “promovido, removido”.

Desde la herencia de Constantino, gran parte de la iglesia católica ha sido la ramera de los ricos, “la puta de Babilonia”, como la llamaban los albigenses, los cátaros y los puros, los tres términos son sinónimos, pero hay que reconocer que hay algunos sacerdotes proféticos, carismáticos y verdaderos apóstoles que intentan imitar a Cristo.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)