Relecturas del Verano

Dicen los que saben, que el verano es proclive a hacer nuevas o a repasar viejas lecturas.

En este caso me encuentro con un texto que tiene plena validez actual, es de 1932. El capitalismo mostró mayor vitalidad de la que en ese entonces le asignaba el conferencista, el mundo había salido de la tragedia de la primera guerra mundial y velaba las armas para la segunda - tal vez por aquello que escribía Marx de que ningún modo de producción abandona su predominancia sin agotar todas sus posibilidades, la guerra es utilizada en la proyección imperialista como una de ellas.

La vida le dio la razón a Lenin cuando siguiendo esas coordenadas previó que la humanidad iba a vivir una etapa más de desarrollo capitalista, donde el gobierno de la economía iba a pasar de los Estados a los conglomerados empresariales multinacionales que sin abandonar su intensas pugnas por la tasa de ganancia llegaran a todos los confines del planeta. Eso es lo que está ocurriendo.

Ahora nos toca a nosotros el desafío de preparar la muerte en paz de la predominancia del modo de producción capitalista –agostadas sus posibilidades en el desarrollo planetario - para que la humanidad haga la transición a la predominancia de un modo de producción superior para el cual están todas las condiciones objetivas, siendo hoy la tarea construir la herramienta con la voluntad política de realizarla.

Transición buscada intensamente por lo mejor de la sociedad, para superar los avatares sociales tremendos del desarrollo capitalista (la denominada etapa de acumulación de la primitiva a la superior), en medio de tragedias, en las que se han gestado, en aparente contradicción, acontecimientos formidables que han aportado avances a la humanidad toda, en conquistas sociales, en derechos, en democracia, que a la vez han sido presa en su desarrollo de construcciones estatales erigidas a imagen y semejanza del modo de producción imperante, estableciendo así retrocesos en el plano estrictamente político y en el plano concreto de los derechos. La vida confirmó a los maestros que ya habían advertido y escrito sobre esto, aún cuando, en nuestra humilde opinión, los “interpretes” perseveran en deforman sus conceptos.

El programa para esta etapa es lo que hoy tiene un grave retraso, que es una necesidad debatir y acordar, para avanzar en todos los planos, pues de la crisis actual ya no se sale sin ese instrumento programático y la tragedia de la guerra se extiende poniendo en duda la capacidad humana de detener esa conducta demencial en que parece entrar la humanidad toda; lo vemos en todas las expresiones culturales diarias que hacen a nuestra vida, en el aumento diario de la violencia, de la corrupción, de la búsqueda estimulada de las drogas, etc. etc. son esas hoy las imágenes informativas que tienen un claro predominio. En el plano económico ecuménico predomina lo que se ha dado en llamar el equilibrio inestable, que no es tal en la medida en que todos los índices en que se puede medir la economía tienden inexorablemente al desequilibrio, como las deudas de los Estados, el aumento de los paraísos fiscales, de la fractura social, de las emisiones monetarias con el envilecimiento de todos los signos, etc. etc.

El programa por otra parte, despejada la humanidad de las utopías estatistas, tiene inexorablemente que iniciarse en medidas económicas universales, relativamente simples, que hoy la tecnología pone al alcance de la mano.

Sirva el epílogo de esta magistral conferencia para entender de qué se trata:

Conferencia pronunciada el 27 de noviembre de 1932, en el stadium de Copenhague, Dinamarca por León Trotsky.- (fragmento final).-

El capitalismo como sistema mundial se sobrevive históricamente. Ha terminado de cumplir su misión esencial: la elevación del nivel del poder y de las riqueza humanas. La Humanidad no puede estancarse en el peldaño alcanzado. Sólo un poderoso empuje de las fuerzas productivas y una organización justa, planificada, es decir, socialista, de producción y distribución, puede asegurar a los hombres -a todos los hombres- un nivel de vida digno y conferirles al mismo tiempo el sentimiento inefable de la libertad frente a su propia economía. De la libertad en dos órdenes de relaciones; primeramente, el hombre no se verá ya obligado a consagrar su vida entera al trabajo físico.

En segundo lugar, ya no dependerá de las leyes del mercado, es decir de las fuerzas ciegas y obscuras que obran fuera de su voluntad. El hombre edificará libremente su economía, esto es, con arreglo a un plan, compás en mano. Ahora se trata de radiografiar la anatomía de la sociedad, de descubrir todos sus secretos y de someter todas sus funciones a la razón y a la voluntad del hombre colectivo. En este sentido, el socialismo entraña una nueva etapa en el crecimiento histórico de la Humanidad. A nuestro antepasado, armado por primera vez de un hacha de piedra, toda la naturaleza se le presenta como una conjuración de un poder misterioso y hostil.

Más tarde, las ciencias naturales, en estrecha colaboración con la tecnología práctica, iluminaron la naturaleza hasta en sus más profundas oscuridades. Por medio de la energía eléctrica, el físico elabora su juicio sobre el núcleo atómico. No está lejos la hora en que -como en un juego- la ciencia resolverá la quimera de la alquimia, transformando el estiércol en oro y el oro en estiércol. Allá donde los demonios y las furias de la naturaleza se desataban, reina ahora, cada vez con más energía, la voluntad industriosa del hombre.

Pero en tanto que el hombre lucha victoriosamente con la naturaleza, edificará a ciegas sus relaciones con los demás, casi al igual que las abejas y las hormigas. Con retraso y por demás indeciso, se encara con los problemas de la sociedad humana. Empezó por la religión, para pasar después a la política. La Reforma trajo el primer éxito del individualismo y del racionalismo burgués en un dominio donde venía imperando una tradición muerta. El pensamiento crítico pasó de la Iglesia al Estado. Nacida en la lucha contra el absolutismo y las condiciones medievales, la doctrina de la soberanía popular y de los derechos del hombre y del ciudadano se amplía y robustece. Así se formó el sistema del parlamentarismo. El pensamiento crítico penetró en el dominio de la administración del Estado. El racionalismo político de la democracia significó la más alta conquista de la burguesía revolucionaria.-

Pero entre la naturaleza y el Estado se interpone la economía. La técnica ha libertado al hombre de la tiranía de los viejos elementos: la tierra, el agua, el fuego y el aire, para someterle, acto seguido, a su propia tiranía. La actual crisis mundial testimonia, de una manera particularmente trágica, como este dominador altivo y audaz de la naturaleza permanece siendo el esclavo de los poderes ciegos de su propia economía. La tarea histórica de nuestra época consiste en sustituir el juego anárquico del mercado por un plan razonable, en disciplinar las fuerzas productivas, en obligarlas a obrar en armonía sirviendo dócilmente a las necesidades del hombre. Solamente sobre esta nueva base social el hombre podrá enderezar su espalda fatigada, y no ya sólo los elegidos, sino todos y todas, llegar a ser ciudadanos con plenos poderes en el dominio del pensamiento.

Sin embargo, esto no es todavía la meta del camino. No, esto no es más que el principio. El hombre se considera el coronamiento de la creación. Tiene para ello, sí, ciertos derechos. ¿Pero, quién se atreve a afirmar que el hombre actual sea el último representante, el más elevado de la especie homo sapiens? No, físicamente, como espiritualmente, está todavía muy lejos de la perfección este aborto biológico, de pensamiento enfermizo y que no se ha creado ningún nuevo equilibrio orgánico.

Verdad es que la Humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene perfecto derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes de tener la posibilidad de brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar, no elaborado por la teoría y la práctica, no sometido a la conciencia y a la voluntad.

La antropología, la biología, la fisiología, la psicología, han reunido verdaderas montañas de materiales para erigir ante el hombre, en toda su amplitud, las tareas de su propio perfeccionamiento corporal y espiritual y de su desarrollo ulterior. Por la mano genial de Siegmund Freud, el psicoanálisis examinó el abismo que, poéticamente, se llama el “alma” del hombre. ¿Y qué nos ha revelado? Nuestro pensamiento consciente no constituye más que una pequeña parte en el trabajo de las oscuras fuerzas psíquicas. Buzos sabios descienden al fondo del océano y fotografían la fauna misteriosa de las aguas. Para que el pensamiento humano descienda al fondo de su propio océano psíquico debe iluminar las fuerzas motrices misteriosas del alma y someterlas a la razón y a la voluntad. Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre se integrará en los morteros, en las retortas del químico. Por primera vez, la Humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como una semifabricación física y psíquica. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad, en el sentido de que hombre de hoy, plagado de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una especie más feliz.-

sipagola@adinet.com.uy

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