Hambre en Argentina, pero Mauticio Macri critica a Venezuela

La palabra hambre proviene del latín vulgar “famen”. Con ese vocablo designamos la necesidad natural de proveer al cuerpo de alimentos, algo ocasionado por sustancias que operan a nivel del cerebro, en el hipotálamo y que no lo debemos confundir con el apetito o sea con el deseo de comer.

Hay varios tipos de hambre, pues tener que proveer al cuerpo de alimentos, no es sólo darle comida, sino otras cosas que nuestro cerebro nos reclama.
Desde que nacemos predicamos a los niños valores, como la igualdad, la fraternidad, les hablamos de nuestros derechos y así, vamos haciéndoles conocer lo que es justo, o sea, sus derechos a tener lo que posee la sociedad en donde vive, como algo esencial para su desarrollo psicofísico.
El hambre como necesidad de comer, requiere ser saciado con alimentos. Pero no cualquiera puede alimentarse, saciando el apetito. Hoy sabemos que la clase media, se alimenta y por lo general está desnutrida, pues las empresas multinacionales como Monsanto, acusada de ecocidio, se encargan de que los alimentos no tengan nutrientes, porque la tierra está en estado de coma, por estar saturada de monocultivos y de agrotóxicos que enferman a los seres humanos, que se alimentan de cereales, verduras y frutas. Los productos fertilizantes que estas empresas comercializan para los productos transgénicos, o sea, modificados en su ADN, sacian el hambre pero no nutrien. Igualmente sucede con la carne animal, saturada de antibióticos y hormonas, lo que nos hace mucho daño a los seres humanos. Hasta la leche y huevos sufren las mismas consecuencias.
No obstante, se pueden cultivar alimentos orgánicos, con cajones y un poco de tierra, se pueden criar gallinas y tener huevos con buenos nutrientes. Pero para ello, hay que brindar conocimientos desde la niñez, porque la naturaleza les brindará todo el alimento que necesita. Lo que mata, en realidad, no es la falta de alimentos sino la ignorancia. Desde que el hombre comenzó con la división del trabajo, hizo trueques y perdió sus conocimientos para saber cultivar y sobrevivir con salud. Hay que retomar el camino de los bisabuelos, donde cada casa era una pequeña huerta orgánica, con gallinero.
El hombre puede saciar el hambre físico con alimentos, lo que no puede saciar es el otro hambre, pues desea tener como sus iguales, abrigo, zapatos, juguetes, ir a estudiar, tener televisión, una estufa, un ventilador, en fin, vivir como todos. Y como es un animal dotado de razón, que le permite dominar sus instintos, se contiene ante la adversidad, pero cuando las necesidades son muchas y no se satisfacen, el hombre ya no puede controlar racionalmente el instinto y puede llegar a robar o matar para conseguir lo que desea.
Como dije, no hay que confundir hambre y desnutrición, tampoco limitar las necesidades humanas a la comida. Si bien es cierto, que la alimentación, puede satisfacer ese deseo de comer, puede que no aporte los requerimientos nutricionales necesarios y eso origina en muchos casos y en todos los niveles económicos, la mala nutrición, o sub nutrición, que puede llegar a producir la muerte o enfermedades graves y también mentales.
Según la ONU el hambre y la desnutrición afectan a 1.500.000.000 de seres humanos en el planeta. Pero oculta decir, que las personas que pueden comprar alimentos, también pueden morir a causa de desnutrición, por las mafias que envenenan los productos alimenticios, que les quitan todos los nutrientes a las verduras como a los animales. Monsanto o empresas multinacionales, que producen gaseosas, son las que enferman a todo el mundo, gracias a las sustancias químicas nocivas como Aspartamo, en aquellas bebidas, postres y dulces que son dietéticos. Tampoco nos dice la ONU que las aguas que bebemos, están cargadas de arsénico, como ocurre en San Juan de Argentina, a causa de las Mineras. Y si bien, la gente no muere con la piel pegada a los huesos, como los niños africanos, muere con cáncer, por obra de los negocios de los laboratorios que se hacen ricos con la quimioterapia y la radioterapia, que no curan a nadie, pero les llenan los bolsillos de dinero.
La causa de todas estas enfermedades, es la destrucción del sistema defensivo, por mala nutrición. Y esto no es por la pobreza sino por los negocios de los Laboratorios y super-empresas extranjeras, que aprovechan la baja en las defensas de esas personas, que comen comida chatarra a toda hora, que son adictos a los deliverys, que beben litros de Gaseosas y jugos, con edulcorantes y químicos nocivos y como los alimentos no los nutren, eso acaba con su sistema inmunológico y enferman física y psíquicamente, tanto los pobres como los no pobres.
Insisto, la palabra hambre no se refiere sólo al cuerpo físico, porque tenemos otras necesidades que satisfacer y entonces, por extensión llamamos hambre al deseo de conseguir cosas distintas al alimento. Y se tiene hambre de paz, de amor, de justicia, de ser tratado con igualdad de derechos y oportunidades, de educación, etcétera. Y por eso es que digo, que el hambre” no se acabará nunca, si no es con educación. Me dirán que estoy demente, pero correré el riesgo.
Cultivar verduras verdes orgánicas, en su propio terreno, puede hacerse utilizando los cabitos de las verduras que tiramos a la basura. Pero la educación para la salud, está vedada para las escuelas públicas y privadas, porque el neoliberalismo salvaje y criminal, necesita personas mal nutridas para proveer de clientes a la Multinacionales de la salud, que son muchas, no sólo los laboratorios sino los fabricantes y dueños de tantos aparatos para diagnósticos, que negocian con las enfermedades, con las cirugías y especialmente, con el cáncer.
Ya sabemos que un hombre instruido, puede defenderse del hambre del cuerpo, ya que la naturaleza es muy generosa. Pero no del hambre que nace en las insatisfacciones espirituales, en el desprecio por el color de su piel, por su pobreza, en la discriminación, a pesar de un falso discurso social de igualdad y solidaridad. Porque, se vive entre los ricos, quienes lucen sus autos de alta gama, sus celulares y cuanto aparato surge para que el pobre se deprima, se estrese, sienta el peso de haber nacido en una villa de emergencia, de la falta de trabajo, de la portación de cara, de raza y cuanta diferencia le quieran endilgar. Y así, cuando se llega a la adolescencia, se rebela y toma en sus manos la justicia por la igualdad, que el gobierno no asume.
Claro está, que ese no es el camino, pero nadie les ha enseñado a sobrevivir. Ni en su casa ni en la escuela, que es donde más ha notado las diferencias, porque los niños no se igualan con un uniforme blanco, ni azul, sino con políticas destinadas a ello, que nunca se aplican. Y la Justicia por propia mano, siempre termina mal. Y el hambre espiritual, va a dañar, también, a los que no tienen hambre de ninguna clase, porque suelen ser víctimas de los errores fatales que se enquistan en el alma enferma de hambriento, pero no sólo de comida, sino de las cosas que no tiene y que tiene derecho a tener.
Por eso, una educación para la salud física y psíquica del niño y del adolescente, es tan imprescindible en la erradicación de la injusticia social y la delincuencia. Pero lamentablemente, hay otra delincuencia, la del rico enquistado en el poder, la del funcionario político que no respeta ni ama a su pueblo, que no sabe de solidaridad con el que menos tiene, ni permite la erradicación del hambre, que cada día es mayor en el planeta.

Barometro Internacional
normaef10@hotmail.com