El péndulo se fue a la derecha

Muchos de los que nos formamos en esta alma mater, benemérita de la educación, bajo la égida de pensadores como Carlos Monge Alfaro, Eugenio Rodríguez, Carlos Manuel Arroyo, Isaac Felipe Azofeifa, Teodoro Olarte, Juan Mario Castellanos, Hugo Assman, Constantino Láscaris, etc. (¡qué tiempos!), para bien o para mal, perdimos la vieja y generalizada costumbre de preocuparnos más por qué piensan los otros para sustituir nuestro criterio. Eso independientemente de agradecer por el aporte venido del otro.

Algunos de estos raros especímenes, desde un principio, desanimamos a muy queridos amigos liberacionistas, socialcristianos y gente “progresista”, que miraban las elecciones del pasado 4 de febrero como la “oportunidad” histórica para que el país diera un salto en inclusión social, democracia participativa, un sistema judicial transparente, con justicia de verdad pronta, cumplida y de calidad, efectiva educación pública gratuita, “muerte” al desempleo, descongelamientos salariales, fin a exoneraciones tributarias, compadrazgos en licitaciones, clientelismo electorales, etc. Hubiera sido ingenuo pensar que nuestro país sería la excepción de las fuerzas que llevaron al poder a Temer en Brasil, a Macri en Argentina, a Juan Orlando Hernández en Honduras y a Santos en Colombia. Aunque todos, sin diferencias, hicieron del recorte del déficit fiscal un maravilloso caballo de batalla, dizque para garantizar empleo y un mejor futuro a todos sus habitantes, cuando en realidad lo que subyace en este discurso es la entrega de los pocos activos a un bajo control estatal.

Para el caso costarricense, a los candidatos presidenciales, Fabricio Alvarado y Carlos Alvarado el camino se les allanó –no importa quien resulte electo presidente en segunda ronda– al eliminarse lo que en derecho parlamentario denominan “la minoría desequilibrante” constituida por diputados Libertarios y el Frente Amplio. Ello supone que el multipartidismo acentuado en las elecciones presidenciales de los últimos años seguirá; mientras que se impondrá el bipartidismo al interior de la Asamblea Legislativa. Esto a partir de la reforma de un reglamento interno del parlamento para “agilizar”, según dicen, la aprobación de proyectos urgentes. Cualquier semejanza con Macri y Temer en Argentina y Brasil, respectivamente, es mera coincidencia.

Así, quienes están detrás de esta estrategia a lo largo y ancho de América Latina, de presentar los faltantes fiscales estatales como el demonio mayor, sin ir a las verdaderas causas del mismo, tienen la excusa perfecta para mantener, prácticamente, congelados los salarios, la privatización de pensiones, la educación, la seguridad social, etc. De aquí la importancia de reformar el Reglamento interno de nuestra Asamblea Legislativa, bajo la premisa de agilidad, sacrificando la esencia del parlamento: el debate de ideas y no la imposición mecánica de mayorías absolutistas.

Acá, como allá, tocar las causas reales de los déficits fiscales –la subfacturación, las exenciones, el contrabando, la negligencia en el cobro de los tributos vigentes, el óleo de dinero, independientemente de obras terminadas, “exportación” de capitales, impunidad, corrupción pública y privada, entre otras–, pareciera peligroso para cualquier candidato a un puesto de elección popular. Por consiguiente, discutir si este o aquel del mismo sexo pueden casarse, sí seguimos o no en una Corte Interamericana de Derechos Humanos a la que han trasladado los temas polémicos por incompetencia de nuestra clase política, si el candidato equis cumplió con el requisito formal de presentar un Programa de Gobierno (aunque no cumpla nada), suena más a “inclusión social” e “igualdad”, aunque sabemos que mientras no combatamos las causas reales (no las formales) de los faltantes fiscales cualquier paquete tributario es como halar agua en un canasto.

Pero estos “reacomodos” de nuestra clase costarricense privilegiada, que está entre las más lúcidas de toda la región, y así hay que reconocerlo sin mezquindad, es posible que pasen sin sobresaltos porque sus fuerzas antagónicas están dispersas. Quienes en algún momentos se ganaron el favor de los estudiantes, de las amas de casa, que la están pasando mal, de quienes recurren a la tarjeta de crédito para comer, de aquellos a quienes les llega un “gran” reajuste salarial de dos mil colones, de los que no tienen casa o se les está cayendo a pedazos, de los que tienen meses de soñar con un trabajo, etc., no los articularon. Quienes debían articularlos y movilizarlos desde sus urbanizaciones, centros de trabajo y acopio, pensaron más en los prejuicios del pasado y en la burocratización desde las redes sociales.

El creciente número de afiliados al mayor partido político de Costa Rica –el abstencionismo y los indignados– es una muestra de cómo miles de costarricenses centraron sus esperanzas en unos líderes castigados hasta decir basta el pasado 4 de febrero, pues no fueron ni “progres” ni “izquierda”, ni “reformistas”. Fueron unos más del montón. La gente más pobre, la más olvidada de las más abandonadas provincias, que es la “sangre viva” de las transformaciones sociales y económicas, se llenó de religión, ante la incapacidad de articulación de quienes en algún momento se llamaron de “izquierda” o “progres”. De ese modo, muchos de ellos terminaron borrados en Limón, Guanacaste y Puntarenas. Otros, creyendo que así se ganarían la confianza de quienes jamás confiarán en ellos, renunciaron a la defensa de naciones que sufren por la desempolvada doctrina Monrroe y su consecuente injerencismo. “No son ni chicha ni limonada”, parafraseando al educador de todos los tiempos: el cantante chileno don Víctor Jara.

rafaelangelu@yahoo.com

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