Comunicación

Periodismo vendido, política corrupta

Fernán Medrano    07.Mar.2018    Mundo

Yo no les creo nada a los enormes medios de información del mundo. Les creo apenas nada a la CNN, al diario El País de España; Televisa, de México; Clarín, de Argentina; Globo, de Brasil; El Mercurio, de Chile, y a RCN y Caracol, de Colombia. De ellos no tengo una importante opinión, pues, a decir verdad, me parecen frívolos y los considero poco o nada veraces. Lo único que saben es comercializar y hacer negocios con la información. Funcionan como opulentas empresas de la información.

Por supuesto que yo no ambiciono convertir a nadie a mi opinión, deseo ejercer mi derecho a la libertad de expresión de modo respetuoso, sin que por ello deje ser sincero y reflexivo. Yo ya poseo demasiado hastío de ver cómo se hace un show mediático con la muerte y cómo inventan noticias increíbles y macabras para aumentar el rating.

Traigo a cuento el caso que tengo más cercano, el de Colombia. La guerra armada entre la ex guerrilla FARC y el Gobierno de Colombia ya se acabó. Pese a ello, los medios mercantiles colombianos siguen con los guantes puestos. Quiérase o no la paz de Colombia va a llegar más temprano que tarde, porque los jóvenes queremos un país diferente: en paz. El pueblo colombiano y la gente joven de hoy tienen otra mentalidad.

Los periodistas directores de los más renombrados medios colombianos me parecen inclinados hacia determinados intereses. Han utilizado sus medios de comunicación masiva como plataforma de sus egos, para coquetearle al poder, pues cuentan con sus enormes vuvuzelas informativas para direccionar las opiniones sociales y forjar propaganda y control mental.

El periodismo de las lujosas empresas de comunicación colombianas es desagradable y demasiado asqueroso. Es una vergüenza. Repugna la manera cómo producen sus noticias. Es un monopolio industrial de producción informativa. Todo el tiempo hablan de los mismos temas, de los mismos lugares comunes, de los mismos clichés que la gente ya se sabe de memoria. La gente se da cuenta y hasta lo murmura en las redes sociales. Más temprano que tarde el pueblo va a despertar.

Yo no olvido lo que indicaba Joseph Pulitzer. Afirmaba el director de New York World que una prensa cínica, corrupta, vil y despreciable terminaría formando a un público como ella misma. Eso fue expresado hace décadas. Y aun así, hoy en día dicha profecía ya es una realidad.

El futuro del que hablaba Pulitzer es nuestro presente: la prensa corrupta pone a la gente a que repita sus mentiras como si estas fueran verdades. Amarillismo puro y duro. Sin embargo, el lingüista americano Noam Chomsky es más contundente: considera que la manipulación puede destruir los cerebros, y, por eso mismo, es más peligrosa que las bombas atómicas.

Los periodistas deben fundar sus propios medios de información alternativos. Los comunicadores sociales deben ser independientes y ser, asimismo, militantes de la verdad, estar impulsados por la pasión de exponer la verdad.

Un industrial de la cerveza, como lo es Ardilla Lülle, o un banquero, como lo es Sarmiento Angulo, no saben y, tal vez, no les interese saber para qué sirven la responsabilidad social de los medios de comunicación y la ética periodística. Nuestro premio nobel de literatura colombiano, Gabriel García Márquez, aconsejaba que para ser periodista se precisa de mucha cultura, demasiada práctica y de suficiente ética. A no dudar.

Pero la prensa no es lo mismo que la empresa, leí en un libro del periodista español Pascual Serrano un aforismo que pertenece al periodista Santiago Alba. Es mil veces mejor romper la pluma antes que venderla, como invitaba a hacer José María Vargas Vila. Es lamentable palpar que el periodismo se haya vendido a la política corrupta, pero lo peor de todo es que puedan celebrar grandes negocios, redondos. Hoy, el periodismo vendido y la política corrupta caminan agarrados de las manos, destruyendo pueblos y mintiéndonos la verdad.