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Mundo

Partidarios y adversarios de la paz en Corea

Manuel E. Yepe :: 28.03.18

Según el presidente surcoreano Moon Jae-in, el sorpresivo anuncio de una cumbre en mayo entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder norcoreano Kim Jong-un para abordar la desnuclearización de la península coreana, marca un “hito histórico” en el camino a la paz en la región.

Por medio de un vocero presidencial, Moon así lo declaró por conducto de la comitiva surcoreana que viajó a Washington tras la cumbre intercoreana en Pyongyang, luego que el mandatario estadounidense aceptara mantener la reunión propuesta por Kim.

Los gobiernos de Alemania y Japón calificaron el evento como “un éxito de la presión internacional”, aunque mostraron prudencia al calificar las probables consecuencias de tal encuentro.

Por su parte, China y Rusia, ambas potencias con poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, razonaron que se trata de “un paso en la dirección correcta”, luego de abogar durante todo el año pasado por una salida diplomática al conflicto en abierta contradicción con la postura de Washington, que impulsó el camino de las sanciones contra Corea del Norte y hasta llegó a agitar la opción bélica.

Beijing, que es el principal aliado de Pyongyang en la región, calificó a través de un portavoz de la cancillería china el propuesto magno encuentro como una salida que allana la distensión del conflicto por medio de una “doble suspensión”, en la que Seúl y Washington habrían de detener sus maniobras militares a cambio de que Corea del Norte frenara sus pruebas nucleares.

Para nadie es un secreto que en Corea del Sur abundan gente, dirigentes incluidos, que objetan la relación neocolonial de su país con Estados Unidos. Incluso son muchos los que admiran, aunque no aplaudan, las posiciones de defensa a ultranza de su soberanía nacional por Corea del Norte en el marco de sus tensas relaciones con la superpotencia estadounidense y lamentan la contrastante situación de virtual plaza ocupada que sufre Corea del Sur.

La invitación que formulara el Presidente de la República Popular Democrática de Corea a un diálogo que constituiría la primera reunión en la historia entre los mandatarios de Estados Unidos y Corea del Norte, incluye el ofrecimiento de suspender las pruebas de armamentos y la discusión de asuntos del programa nuclear norcoreano.

Con la aceptación de Trump se cierra el circuito de deshielo intercoreano que constituyeron los Juegos Olímpicos de Invierno, el anuncio de la cumbre en abril y ahora el diálogo al más alto nivel. Todo ello contrasta vivamente con el clímax de la escalada que hasta el año pasado enfrentó a Kim y Trump elevando la tensión en la región y el mundo, a raíz de las pruebas nucleares y de misiles efectuadas por Pyongyang que condujeron a fuertes sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU por iniciativa de Washington.

Es evidente que si se llega a efectuar la reunión de Kim con Trump en mayo, tras la cumbre intercoreana, la Humanidad habrá dado un paso significativo hacia una desnuclearización seria y completa de la península coreana.

Habrá entonces que reconocer a muchos factores y personas que han contribuido a este objetivo, entre ellos el papel jugado por el presidente de Corea del Sur Moon Jae-in quien cumplirá en mayo un año en el poder y desde que ocupó su alto cargo ha hecho esfuerzos por propiciar un acercamiento con sus vecinos del Norte.

Corea del Sur es, prácticamente, una gigantesca base militar estadounidense en la que Washington dispone de no menos de 30.000 efectivos militares propios en una relación extremadamente tensa con Corea del Norte, a la que, valiéndose de su condición de superpotencia única mundial, Estados Unidos sistemáticamente amenaza con todo tipo de sanciones internacionales.

Por eso, no sorprende que el mandatario surcoreano, tal vez el mayor impulsor del acercamiento entre Washington y Pyongyang, invitara a Trump a dar apoyo al empeño vaticinándole que “recibirá elogios de los pueblos, no solo de las dos Coreas sino también de quienes desean la paz en todo el mundo por aceptar la invitación de Kim Jong-un”, según dijo la agencia de noticias surcoreana Yonhap.

Lo que sí chocó en medio del ambiente favorable a la paz que vive la península de Corea, fue que el Ministerio surcoreano de Defensa anunciara que a partir del 1º de abril, Estados Unidos y Corea del Sur realizarán nuevos ejercicios militares.

No obstante, quien analice objetivamente el desarrollo de los acontecimientos en la península coreana a la luz de las lecciones de la historia, tendrá que reconocer que la firmeza inconmovible de sus principios con que los comunistas coreanos han defendido la independencia de esta nación asiática ha demostrado ser la única manera capaz de frenar los desenfrenados apetitos del imperialismo estadounidense en la contemporaneidad.


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