Paz en Corea no es ya sueño imposible

Los llamados a conversar formulados por China y Rusia, así como el clamor mundial a ese fin, pudieron más que las amenazas de guerra de Estados Unidos y lograron que las dos Coreas se sentaron a hablar y que el diálogo se imponga sobre los cañones, al menos circunstancialmente.

La agresividad de Trump tuvo que ceder ante la razón y se logró en la península coreana lo que parecía menos probable, el diálogo en aras de la concordia, la paz y la reunificación de la patria.

Objetivamente, por lo que ha acontecido hasta ahora, el único perdedor absoluto por este logro universal ha sido la política exterior imperialista estadounidense que ve amenazado su papel de garante de la seguridad surcoreana ante un hipotético peligro de absorción por parte de Corea Democrática y Popular, pretexto de EEUU para su estrategia de control en esa región de Asia.

Sin embargo, por los prodigios de la propaganda imperialista, los medios de prensa en Estados Unidos y los muchos que en todo el mundo se rigen por los gigantescos recursos financieros que a ello dedica la máxima potencia mundial, lo que está ocurriendo hoy en la península coreana se presenta como fruto de la política de intimidaciones y amenazas de violencia de Washington contra Pyongyang que se ha intensificado notablemente desde la llegada de Trump al poder.

Es cierto que esa política no la inventó el actual mandatario, así como que no fue él quien inventó el imperialismo estadounidense, pero es demostrable que cada vez que un gobierno ha respondido con concesiones a las intimidaciones de EEUU, las amenazas han materializado con el ejercicio de mayor violencia. En el Medio Oriente, el centro de Europa y América Latina abundan las pruebas.

Si hubiera que atribuir a una positiva influencia extranjera el logro de las esperanzas de paz que se avizoran en la península coreana, ello solo podría acreditarse a la insistencia con que Beijing y Moscú han clamado por un diálogo respetuoso intercoreano en aras de una solución satisfactoria.

Pero es evidente que Pyongyang disfruta de la independencia nacional imprescindible para el logro de tal diálogo y, en cambio, Seúl carece de tal libertad a causa de su enorme dependencia política y militar en Estados Unidos.

La extensa e intensa presencia militar de EEUU en el Sur de la península coreana ha sido siempre el principal obstáculo para los esfuerzos por la reunificación de la patria coreana.

El Norte nunca ha cedido a las exigencias de Washington, y el Sur siempre ha carecido de la autonomía imprescindible para hacer valer sus intereses como nación formalmente independiente, debido al control sobre sus defensas y recursos bélicos que ejerce Estados Unidos.

Esta realidad circunstancial fue la que llevó a Pyongyang a proponerse un desarrollo totalmente independiente de su defensa nacional, incluso en materia de armas nucleares y misiles balísticos, producciones monopolizadas por naciones altamente desarrolladas, en las que Corea del Norte incursionó autónomamente a base de enormes sacrificios para sus objetivos de ampliación del bienestar material de su población.

Hay que reconocer el mérito del presidente surcoreano Moon Jae-in quien, desde su llegada al poder en mayo último, ha tratado de lograr un acercamiento al gobierno de Corea del Norte a través del diálogo y su insistencia en que Pyongyang participara en los Juegos de Invierno fue parte de ese esfuerzo. Se recuerda que en septiembre de 2017 el Presidente Donald Trump ofendió a Moon,en sus comentarios despectivos habituales al calificarlo de “mendigo”, por su insistencia en el diálogo con Corea del Norte.

Muchas empeños habrán contribuido al logro de los admirables acontecimientos que hoy se anuncian en Corea, pero debe reconocerse que la sabiduría con que los comunistas coreanos han defendido la independencia de su patria ha sido determinante para el triunfo de la nación asiática demostrando que la única manera de frenar los apetitos del imperialistas en la contemporaneidad es con el enfrentamiento a todo riesgo y no con concesiones.

Se espera que, en las conversaciones pactadas, el Presidente estadounidense trate de avanzar argumentos que salvaguarden el monopolio atómico mediante el reclamo de la no proliferación del armamento nuclear como principio para cualquier acuerdo. Por su parte, el norcoreano Kim abogará por la desnuclearización general y total como único forma de desarme verdaderamente democrática.

Si lograra hacer triunfar este propósito, la tan vilipendiada República Democrática y Popular de Corea habrá sentado las bases para una enseñanza por la que siempre abogó el guerrillero heroico argentino y cubano Ernesto Che Guevara: “al imperialismo no se le puede conceder ni un tantito así, nada”.