EE.UU.

Entre Trump y el “Estado profundo”

En el léxico político de Estados Unidos se ha puesto de moda, a partir de la presidencia de Donald Trump, el concepto misterioso de “Estado profundo o Deep State “, entendido éste como especie de adversario místico que el gabinete del presidente debe enfrentar. El término se ha utilizado para referirse a una supuesta red de funcionarios públicos que opera secretamente para impedir que Trump lleve adelante sus políticas. La expresión se utiliza también para aludir a un poder fáctico de empleados públicos cuya estadía en sus cargos escapa a la voluntad presidencial.

Pero su definición varía según quien la utilice. Generalmente implica la existencia de una nebulosa secreta e invisible que opera desde las entrañas del gobierno y que sería la responsable de las filtraciones de información sensible desde oficinas públicas, incluso las de inteligencia y las de asesores y analistas subordinados de manera directa al Presidente.

“El Estado profundo tiene que parar con su mierda”, dijo Roger Stone, viejo asesor político de Trump, a la revista The New Yorker en vísperas de la investidura del presidente el 20 de enero. Se refería a información publicada por el diario The New York Times, citando a funcionarios estadounidenses, que indicaba que el FBI, la CIA y otras agencias de inteligencia investigaban a Stone y otros colaboradores de Trump por supuestos vínculos con Rusia. Stone negó haber tenido esos nexos, y responsabilizó al “Estado profundo” por la información divulgada.

Diferentes medios que apoyan al gobierno han manejado el concepto, sobre todo luego que se diera a conocer que el consejero de seguridad nacional, Michael Flynn, había ocultado datos sobre sus contactos con Rusia que, divulgados por la prensa, condujeron a que éste tuviera que renunciar poco después de asumir el cargo.

“El Estado profundo nunca duerme. Siempre está haciendo algo para socavar a la administración de Trump”, indicó un artículo en Breitbart News, un sitio web de derecha cuyo fundador y ex ejecutivo, Stephen Bannon, polémico hombre de confianza de Trump acusado reiteradamente de antisemitismo y racismo que se desempeñó como estratega en jefe de la Casa Blanca.

“El Estado profundo está aquí”, escribió una semana antes Ed Rogers, un columnista republicano en su columna del diario The Washington Post. “Es un fenómeno preocupante tener a las organizaciones anti-Trump y funcionarios demócratas alineados conspirando para trabajar activamente contra el gobierno en ejercicio”, advirtió. Sin embargo, no faltan analistas que rechazan que en EEUU pueda haber un “Estado profundo” actuando en las sombras. “El término surge de una especie de teoría conspirativa que no capta lo que es una tensión normal entre burócratas que manejan durante años programas políticos y que pueden llegar a querer cambiar las cosas por sí mismos”, opina Gordon Adams en BBC Mundo.

A juicio de gran número de analistas las acciones del “Estado Profundo” que agobian a Trump derivan de la contradicción básica entre el gobierno federal y el poder invisible de los militares y las corporaciones definido por el ex presidente Dwight Eisenhower como Complejo Militar e Industrial. Esta tensión se manifiesta, por ahora, como un enfrentamiento entre la Casa Blanca y la comunidad de inteligencia, en el que esta última actúa, por definición, de forma reservada.

Cuando era estratega principal de Trump, Steve Bannon definió como meta del gobierno la deconstrucción del Estado administrativo que -a su entender- había sido montado por la izquierda política para defender sus intereses mediante regulaciones burocráticas que ahora deben ser corregidas.

“Si se observan los nombramientos para el gabinete, verán que fueron efectuados con un objetivo de lograr la deconstrucción del Estado administrativo”, explicó Bannon en una reunión con políticos conservadores.

Prueba de ello es que muchas personas elegidas por Trump para su gabinete han tenido posiciones encontradas con las que tradicionalmente se asignan a los departamentos para los que fueron nombrados.

Por ejemplo, para la agencia de protección ambiental escogió a alguien con intereses ligados a la industria de combustibles fósiles que duda de la existencia del cambio climático; como secretaria de Educación seleccionó a una millonaria enemiga de la enseñanza estatal y de las escuelas públicas. Para el Departamento de Salud escogió a un médico que cree que el problema es que “hay demasiado involucramiento del gobierno en la atención sanitaria”.

Hay quienes valoran que este conflicto de intereses entre altos mandos del gobierno y directivos del funcionariado público avala la existencia de un “Estado profundo” que opera contra Trump por su condición de dirigente impredecible, ignorante e incapaz de cumplir el encargo de las fuerzas dominantes del sistema… y mucho menos el mandato de la ciudadanía.

Manuel E. Yepe

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