EE.UU.

Un tiroteo llenó la copa y hay que vaciarla

Manuel E. Yepe    01.Jun.2018    EE.UU.

El tiroteo que se desató a mediados de marzo en el complejo estudiantil de Parkland, en el estado de Florida, con saldo mortal de 17 personas entre estudiantes y profesores, fue recibido en Estados Unidos con algo así como una fatalidad con la que la ciudadanía estaba llamada a familiarizarse. Cuando aún aullaban ambulancias con su carga de cadáveres y sobrevivientes en dirección a los hospitales, las autoridades del país, el estado y las del propio centro comenzaron a hacer patente plegarias y lamentos expresando su profundo pesar y congoja por lo ocurrido.

Alguna que otra voz se alzó para condenar los hechos sin aventurarse a culpar a alguien o algo por el horrible crimen. Paul Ryan, líder republicano en el Congreso estadounidense y segundo en la sucesión presidencial (después del vicepresidente), advirtió contra reacciones impensadas demasiado sensibleras.

Pero, sorprendentemente ocurrió algo extraño: los estudiantes del Preuniversitario Marjory Stoneman Douglas en una concertación que convocaron al efecto, se pronunciaron contra la inacción oficial.

“Cada persona que está aquí hoy, toda esta gente, debía estar afligida en su casa. Pero, por el contrario, hoy estamos aquí unidos, porque si todo lo que pueden hacer nuestro gobierno y nuestro presidente es darnos a conocer su pesar y sus oraciones pensamos que es hora de que las víctimas sean la motivación de los cambios que necesitamos ver”, dijo entre sollozos y lágrimas la estudiante Emma González a nombre de todos.

“Los políticos que permanecen en sus dorados curules de la Cámara y el Senado, financiados por la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) diciéndonos que nada pudo hacerse para evitar esto que nosotros llamamos mierda”, dijo la líder estudiantil.

La transmisión de su discurso se cortó, pero esa última frase de las palabras de Emma se convirtió en el eslogan clamando por el control de las armas que encabezaría los planes para una próxima huelga nacional estudiantil y una marcha sobre Washington.

Un enjundioso artículo de George Zornick, editor de The Nation, argumenta acerca de lo aceleradamente que se está desmitificando el poderío de la NRA como escudo protector de la libertad de compraventa de armas en Estados Unidos.

Como prueba de ello, Zornick comenta que en noviembre último, en Virginia, la NRA patrocinó a Ed Gillespie como candidato republicano a gobernador del estado y fue ampliamente derrotado. Apoyó a 13 candidatos que competían reñidamente por asientos en la Cámara de Representantes del Congreso estadual y 12 de ellos fracasaron, en tanto que el otro ganó muy apretadamente.

A nivel del estado de Virginia, los defensores del control de armas han podido obtener la aprobación de resoluciones y medidas que luego el congreso estadual no ha promulgado, aunque hay que tomar en cuenta que esto ocurrió cuando el movimiento no tenía la fuerza que logró tras la masacre de Sandy Hook en 2012 cuando se estructuraron los mayores grupos favorables al control de armas.

Debe tenerse en cuenta que los políticos demócratas, hasta hace poco, jamás se pronunciaban contra el control de armas por temor al acaudalado grupo de presión congresional de la ANR.

“Por las características de nuestro osificado sistema político, y especialmente con Trump en la Casa Blanca agradeciendo a la ANR los 30 millones de dólares donados a su campaña, Estados Unidos jamás aprobará una legislación para el control de armas. Pero mientras se espera el momento para elegir un nuevo congreso y un nuevo presidente, algo se puede hacer considerando que los fabricantes de armas valoran por sobre todas las demás cosas, incluso más que la vida humana: el dinero”, dice Zornick.

El periodista de The Nation llama a los activistas a contribuir a propinar un golpe decisivo a esos traficantes retirándoles respaldo financiero o comercial a sus empresas hasta convertir a las armas en un negocio inviable. En 2013, la Caja de Retiros de los Maestros del estado de California votó por deshacerse de millones de dólares en acciones de fabricantes de armas. Lo mismo hizo en 2016 el Fondo de Pensiones de los Empleados Públicos de la Ciudad de Nueva York que también retiró los
fondos de otros grandes almacenes de efectos deportivos que comercian armas.

Actualmente los colosos de las armas están repletos de deudas y enfrentan un declinar de la demanda de sus consumidores. Se han habilitado centros como el GoodbyeGunStocks.com, para informar sobre entidades almacenistas que comercian armas para orientar a los activistas ávidos de boicotear a aquellas que lo hacen.

Los incesantes tiroteos que asesinan inocentes han llenado la copa de la resistencia de la ciudadanía estadounidense. Se está agotando su capacidad de asimilación y si ese gigante se levanta no sería raro que el negocio de las armas se vea obligado a iniciar, más temprano que tarde, un conteo regresivo en Estados Unidos y en todo el mundo.