Brasil

Petrobras sobrevive al golpe

Emir Sader    06.Jun.2018    Destacados

Cardoso alcanzó a cambiar el nombre de la empresa, para facilitar su privatizacion. Total, Petrobras tiene demasiado olor a Brasil. Lo cambió a Petrobrax, en la onda de la globalización.

La operación resultó mal. La reacción indignada hizo que, en menos de 24 horas, Cardoso tuviera que dar marcha atrás, después de gastar un montón de plata en lo que consideraba una formidable operación de marketing. Le dejó una huella: sacó el acento: quedó Petrobras en lugar de Petrobrás.

Pero quedó la frustración del neoliberalismo en Brasil al contrario que Argentina, donde Menem llevó a cabo todo el proceso de privatizaciones. Quedaron Petrobras, Eletrobras, los bancos públicos como Banco do Brasil, Caixa Economica Federal, BNDES.

Lula fortaleció como nunca la esfera pública en Brasil. Los bancos públicos, esenciales para el apoyo a la recuperación del crecimiento económico y para la implementación de las políticas sociales, se volvieron los bancos más importantes del país. A su vez Petrobras se transformó en una de las dos empresas más importantes del mundo en la producción de combustibles, con el hallazgo del presal.

Pero, como dice siempre Lula, Petrobras no es solamente una empresa de combustibles, es un vector fundamental en el desarrollo de Brasil, por el rol estratégico que tiene en toda la economía del país. De ahí que el golpe en contra de los gobiernos del PT nombró, de inmediato, a un exministro de Cardoso, estrechamente vinculado a las corporaciones multinacionales del petróleo, para la presidencia de Petrobras.

Pedro Parente se volvió rápidamente un personaje esencial en el gobierno de Michel Temer, por el trabajo de desarticulación de todo lo que Petrobras representaba en la economía brasileña. Puso en práctica un proceso de privatización y desnacionalización de la principal empresa del país, con la venta a precios baratos de fuentes de petróleo del presal a compañías extranjeras, con la venta de óleo crudo y la compra de empresas norteamericanas de combustibles, generando un enorme déficit en la empresa, disminuyendo el personal que trabaja en Petrobras, importando a plataformas que podrían ser producidas en Brasil.

La crisis generada por los camioneros, que paralizó el país en contra de la política de reajustes diarios de los combustibles (conforme el precio internacional), sumada a la huelga de los trabajadores de Petrobras, desnudó la fragilidad absoluta del gobierno Temer, su aislamiento general y su impotencia para solucionar la ola de manifestaciones en contra de la política de precios de Petrobras. A pesar de las declaraciones oficiales, finalmente Pedro Parente no soportó el peso de la crisis y renunció a la presidencia de Petrobras.

Una gran victoria para las movilizaciones populares y para la oposición, que se opone frontalmente a la conducción que Parente llevaba a cabo en Petrobras. O Temer cambiaba a Parente o él mismo podía caer. Así que prefirió la salida de Parente, con la demostración de debilidad del gobierno frente a una política esencial para la restauración neoliberal que pone en práctica el gobierno.

A cuatro meses de las elecciones presidenciales, Brasil vive el desenlace de la crisis más profunda y prolongada de su historia, con total incertidumbre de lo que pueda pasar. El único candidato que tiene amplio apoyo popular está condenado y preso por un delito que no cometió, sin ninguna prueba en su contra. La derecha se concentra en sus candidatos tradicionales, que tienen 10 veces menos apoyo que Lula en las encuestas. El poder judicial, a su vez, no muestra ninguna predisposición para reconocer los derechos de Lula, ni siquiera la presunción de inocencia hasta la última instancia del juicio, precepto constitucional. Una abierta una persecución política en contra de Lula.

En caso de que Lula no pueda ser candidato, él tiene el poder de promover un favorito para ganar la presidencia de Brasil. Porque pueden hacer todo lo que quieran con Lula, menos quitarle la influencia que tiene sobre la población. Aun preso, Lula sigue siendo el centro de la política brasileña, en cuyas manos está la solución de la peor crisis que Brasil haya vivido.

Página 12