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Corea del Norte-EEUU

La cumbre Donald Trump-Kim Jong-un está condenada al fracaso

Javier Cortines :: 09.06.18

Sólo te matan si has hecho algo…pero no por pensar algo que no se puede evitar (George Orwell 1984)

El principal misterio de la cumbre Donald Trump-Kim Jong-un, prevista para el martes, 12 de junio, en Singapur, es cómo irá el líder norcoreano a la pequeña Ciudad Estado. Tanto él como todos los jefes de la dinastía comunista que le precedieron, han tenido horror a volar y por eso tiene un apego enfermizo al tren. La ruta más frecuente que hacían y hacen es Pyongyang-Beijing.

Si Kim Jong-un se atreve a coger el avión (y se quita el miedo de que le pongan una bomba en el aire) eso supondría que sus psiquiatras han logrado grandes avances con sus desajustes mentales.

Este escriba, que sigue la problemática coreana desde hace décadas (viví en el península coreana diez años y conozco Corea del Norte), sabe de carretilla el catálogo de peticiones del Norte y las respuesta de Seúl y Washington, ya que siempre ha sonado la misma música y la misma canción en los cientos de reuniones que han celebrado ambas Coreas en la aldea fronteriza de Panmunjon (marcada por el paralelo 38).

Antes de ir al grano quiero subrayar que “la hiena y el escorpión” nunca se regalan rosas. Dicho esto, puedo asegurar (apuesto triple contra sencillo) que Kim Jong-un le pedirá a Trump lo siguiente:

-1- La retirada de las tropas estadounidenses de Corea del Sur (unos 35.000 soldados).

-2- El desmantelamiento de las armas nucleares desplegadas en Corea del Sur (uno de los secretos mejor guardados por USA y su socio).

-3- El fin de las sanciones económicas contra Corea del Norte.

-4- El fin de los ejercicios militares conjuntos surcoreanos-estadounidenses que Seúl y Washington realizan todos los años en la frontera y que son vistos por Pyongyang como una preparación para iniciar una guerra contra Corea del Norte.

-5- El fin de la propaganda anticomunista que realiza constantemente Corea del Sur y Estados Unidos para intentar acabar con el régimen de Pyongyang.

-6- Contrapartidas económicas a cambio de desmantelar las centrales nucleares norcoreanas.

-7- Que EEUU saque a Corea del Norte de la lista de Estados terroristas, lo que supone borrar a Pyongyang del grupo de demonios que forman “El Eje del Mal”.

Hay más, pero con esto, de momento, es suficiente.

Estados Unidos jamás ha aceptado ni aceptará las peticiones de Corea del Norte (como mucho le ofrecerá dinero e inversiones surcoreanas si cierra sus centrales nucleares) y, casi con toda seguridad, el NO de Trump será mucho más contundente que el de sus predecesores imperiales.

Si durante la reunión de Singapur (que podría cancelarse en cualquier momento) en Corea del Norte no se produce un golpe de Estado del Partido y del Ejército, (una parte de la cúpula desea seguir la ruta china de apertura y reformas), Kim Jong-un volverá a ponerse la armadura y todo quedará en un permanente estado de incertidumbre.

Corea del Norte es uno de los países más siniestros del mundo -sus veinte millones de ciudadanos y ciudadanas están vigiladas y controladas las 24 horas del día- (periodistas cubanos y rusos destinados en Pyongyang estaban horrorizados de lo que veían, según me contaban cuando se celebraban reuniones en la frontera. En esas ocasiones había una sala para los reporteros de ambos lados).

El “paraíso” norcoreano encaja a la perfección con la dictadura del Hermano Mayor de George Orwell 1984. Allí el “crimental” (desviarse del pensamiento del Partido o tener ideas propias) se castiga con la muerte o la vaporización.

En otros países comunistas que he conocido, China, Vietnam, etc., la gente ríe, baila, canta. Por las noches hay vida y los amigos y amigas se emborrachan y critican, aunque sea metafóricamente, a sus líderes.

En Corea del Norte el color es el gris, el lavado de cerebro empieza en la cuna. Es la nación más aislada e incomunicada del mundo, la mayor cárcel orwelliana del planeta.

La península coreana, que fue colonia japonesa hasta 1945, fue dividida en dos partes en los acuerdos de Yalta. Al norte del paralelo 38 se instaló un régimen comunista con el apoyo de la URRS, y al sur, otro capitalista con el respaldo de EE.UU.

Entre 1950-1953 se desarrolló la guerra civil coreana, en un intento de unificar el país a la fuerza. El Norte contó con la ayuda de China, el Sur, con la de USA. El conflicto terminó en tablas y el país siguió como estaba antes de la conflagración: separado a través del paralelo 38. Se firmó un armisticio, nunca un acuerdo de paz, por lo que ambas Coreas siguen en “estado técnico de guerra”.

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