Brasil, política

Lula, una candidatura inédita

Emir Sader    21.Ago.2018    Opinión

El PT mantiene la candidatura de Lula, a pesar de la condena y de los varios procesos que todavía tiene por delante. Todos los indicios que llegan desde distintas instancias del Poder Judicial apuntan hacia la imposibilidad de la candidatura de Lula.

Sin embargo, las cosas son mucho más complejas para los que quieren impedir que Lula sea candidato. A dos semanas de que empiece el horario electoral en radio y en TV, y a un mes de que los nombres de los candidatos a la presidencia de Brasil entren en la urna electrónica, no es tan simple para la derecha quitar a Lula el derecho de ser candidato.

El trámite normal impediría una decisión del Poder Judicial en contra de Lula en 14 días, 7 de los cuales le tocan a la defensa. Mientras tanto, él no puede ser impugnado como candidato. Es así imposible que Lula no pueda participar del horario electoral.

El desafío de Lula es alargar el máximo de tiempo posible su presencia en la televisión, en lo posible hasta por lo menos el 17 de septiembre, cuando las listas de los candidatos van a la urna electrónica y ya no pueden ser alterados, lo cual es factible, es una fecha de menos de un mes. Si se deja a un lado los 8 días de los fines de semana, quedan 22 días útiles para que los jueces juzguen un caso tan inédito y de enorme relevancia y repercusión nacional e internacional en tres tribunales distintos: el Tribunal Superior Electoral, el Superior Tribunal de Justicia y el Supremo Tribunal de Justicia.

Los jueces, sin embargo, operan en contra de Lula con velocidad máxima, dado que se trata de una persecución política que intenta impedir que sea candidato, con la conciencia clara de que, si es candidato, gana en primera vuelta.

Pero si hasta el 17 de septiembre no hay sentencia final, la foto y el nombre de Lula estarán en la urna electrónica el 7 de octubre, día de la elección presidencial, aunque sea impugnado inmediatamente después de esa fecha, porque no hay como sacar su nombre de la urna electrónica a partir de esa fecha. En caso de que su victoria fuera cuestionada, asumiría Fernando Haddad, que será registrado como su vicepresidente.

Es por ese camino sinuoso y complejo que Lula puede protagonizar una candidatura inédita: ser candidato a la presidencia de Brasil condenado y preso, haciendo campaña desde la cárcel y triunfando en primera vuelta, en poco más de un mes y medio. Una situación inédita no solo para Lula, sino para la historia política mundial, que solo sería posible por la absurda situación en que el Poder Judicial brasileño lo ha colocado: víctima de un proceso forjado, sin pruebas. Y, preso, Lula actúa más que nunca en la articulación política de su candidatura y de las otras candidaturas del PT y de la izquierda, al tiempo que su apoyo en las encuestas sube todavía más y los adversarios se pelean entre sí, sin amenazarlo, y a la vez, la posible candidatura de Haddad recibirá la trasferencia directa de los votos de Lula, en caso de que tenga que ser el candidato a la presidencia de Brasil.

Después del espectacular acto de masas en Curitiba, cuando fuimos a registrar la candidatura de Lula, Haddad ha empezado una nueva Caravana por el nordeste, para presentarse como el vice de Lula. En ese día, en Curitiba, hemos lanzado el primer libro de la Caravana de Lula, la del Nordeste de Brasil, que yo tuve el honor de editar, el primero de una colección de 5 libros, con los cuales volvemos al nordeste, un bellísimo testimonio gráfico de los viajes históricos de Lula.

Cuanto más fuerte es el apoyo popular a Lula, más se fortalece la decisión de la derecha de intentar inviabilizar su candidatura. La victoria de Lula, apoyada en un movimiento popular muy organizado – como las marchas que llegaron el día 15 a Brasilia los han confirmado – sería una derrota gigantesca para toda la derecha, no solo para los candidatos que se identifican con el gobierno Temer, sino también para el Poder Judicial y para los medios de comunicación.

Es una disputa que aparece como un enfrentamiento jurídico, pero que es una dura pelea política, entre jueces, por una parte, apoyados por los medios, y el movimiento popular y la fuerza política de Lula. Es en medio de esos enfrentamientos que surgió la decisión de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, a favor de los derechos de Lula a ser candidato y participar de todo el proceso de campaña electoral.

La resolución cayó como una bomba sobre el gobierno, el Poder Judicial y los medios, que no logran recuperarse del golpe. Ministros del gobierno – incluido Aloisio Nunes, canciller, ex militante del Partido Comunista y de la Alianza Nacional Liberadora, de Carlos Marighella – se manifiestan exactamente en los mismos términos que lo hacían los ministros de la dictadura, cuando los gobiernos militares eran condenados por organismos internacionales. Dicen que se trata de una injerencia indebida en un asunto interno de Brasil. De hecho, Brasil tenía esa alternativa de no haber firmado el pacto internacional en que las Naciones Unidas se basan para condenar al gobierno brasileño, pero una vez habiendo firmado, tienen que obedecer sus decisiones.

Lula ya ha enfrentado situación inédita en su vida política de más de 50 años de luchas. Ha liderado las más grandes huelgas obreras de la historia de Brasil, ha sido tomado preso, ha sido reelegido presidente del sindicato no reconocido por la dictadura, ha vivido las más distintas circunstancias hasta volverse el presidente más importante de la historia de Brasil y el líder de izquierda de más prestigio en la actualidad en el mundo. Pero nunca podría imaginar que llegaría a la situación actual, en que puede llegar a ser reelegido presidente de Brasil estando en la cárcel.

Circulando esta semana por Brasilia, pude ver las imágenes de lo que es el vacío de poder en el país. El Palacio del Planalto, completamente cercado por fuerzas militares, frente a las tres columnas – una de ellas llevaba el nombre de Columna Prestes – del MST que han llegado desde distintas partes de Brasil, con miedo que se acercaran al lugar desde donde se supone que Temer trabaja. El Palacio del Jaburu, del vicepresidente, donde vive Temer, dado que ha abandonado la residencia oficial del presidente, para alojarse en la del vicepresidente, es un edificio no solamente completamente protegido militarmente, sino tambien con alambre de púa, como si se tratara de un presidio.

Por otra parte, uno se acerca al Palacio de la Alvorada, la linda residencia presidencial, donde Lula vivió por ocho años, completamente abandonado, como imagen del vacío de gobierno que vive Brasil. El Congreso, a su vez, en vacaciones electorales, igualmente vacío. El Tribunal Superior Electoral, cercado por unas manifestaciones de decenas de miles de personas que fueron registrar la candidatura de Lula, con la imagen de Lula Libre proyectadas en su edificio.

Hay más poder en la pequeña celda de Curitiba desde donde Lula articula el retorno a la presidencia de Brasil que en todos esos edificios vaciados de legitimidad y de poder.