Elecciones en Suecia

Sin pretensiones pero con sabor a cambio

Las elecciones suecas de este próximo 9 de setiembre se están observando como en camino a un cambio de gobierno, probablemente con una mayoría parlamentaria mínima del bloque de derecha o apoyada por el partido de los Demócratas de Suecia (SD) quienes son irónicamente llamados fuerza de balance entre los bloques de izquierda y de derecha.

Los sondeos realizados por las encuestadoras de análisis de opinión pública resultan muchas veces formadores de opinión y por tanto debemos tener mucho ciudado con la interpretación de tales encuestas ya que las fuerzas políticas de derecha han tenido gran cantidad de espacios públicos y han aparecido más frecuentemente que las fuerzas representantes del gobierno, logrando así crear una coyuntura política favorable que parece no tener precedentes.

Sin dudas, el presumido crecimiento de la tasa de criminlidad, las renombradas quejas sobre el empeoramiento del sistema educacional y de la salud pública que reiteradamente hacen aparición en los medios de comunicación, no responden a una realidad objetiva, sino a la creación de una realidad paralela y profundamente subjetiva que por su carácter repetitivo y unilateral imprime en la población un sentimiento exesivamente negativo con ansiedad de cambio.

Cuando hablo de cambio dentro del sistema democrático occidental como el que existe en Suecia, no me refiero a cambios estructurales sino sencillamente a cambios superficiales que solamente conducen a una continuidad de las estructuras del sistema que se vive. Es decir que lo que está sucediendo es parte de una continuidad que no ve diferencias entre los bloques, cualquiera sea que esté en el gobierno. Estar en el gobierno no implica tener el poder. El verdadero poder está en manos de unos pocos, dueños de los medios de producción, de los corredores políticos lobyistas, de los bancos y los grandes capitales.

Con esto quiero decir que este sistema ya no da para más. La necesidad de cambiar sus estructuras se hace más que evidente cuando vemos que en lugar de entregarse a la transformación para lo mejor del bienestar de su pueblo, se dedica a discutir aquello que esta en el tapete y que eventualmente permite a los partidos ganar más o menos votos en el momento de las elecciones. Si observásemos la historia quizá veríamos que una gran parte de las batallas ganadas en beneficio de quienes trabajan y en definitiva mantienen las bases del sistema, estan disminuyendo.

Cuando vemos que las grandes fortunas se expanden y los menos privilegiados continúan empobreciendo, no podemos pensar que estamos viviendo en una sociedad justa. Es evidente que la distribución de las riquezas es injusta. Es evidente que cuando un deporte produce enormes fortunas mientras aquellas profesiones que sirven a la sociedad por vocación necesitan pelear por su dignidad, hay injusticia en la distribución.

Quisiera llegar a plantear una alternativa para que no se piense que solamente soy crítico de lo que poseemos. Si bien lo que poseemos potencialmente representa crecimiento y bienestar, cuando manifiesto que este sistema ya ha dado todo lo que pudo, hago directa alusión a un sistema alternativo. Ese sistema es el Socialismo. La elección directa de representantes no partidarios y emanados de las entrañas del pueblo, en los barrios, las zonas, las provincias y en una asamblea general parlamentaria que trabaje para la solución real de los problemas del pueblo, es una alternativa democrática imposible de obviar. La creación de un sistema de educación vinculado directamente a la población trabajadora y a los conocimientos que la ciencia y la tecnología nos brinda. El desarrollo de un sistema de salud enteramente dedicado al servicio de su gente y no creador de fortunas privadas fundadas en las arcas del estado. El arraigo de un sistema jubilatorio basado en el respeto a quienes ayudaron a fundar esta sociedad durante las épocas más duras de nuestra historia.

Pretendo plantear que también existen alternativas en Suecia y que una de ellas es hoy la de votar por un partido no parlamentario como el Partido Comunista de Suecia (SKP) para reforzar sus filas y comenzar a trabajar por verdaderos cambios, aquellos que los partidos tradicionales ya no pueden ofrecer por estar encerrados tras las rejas del sistema capitalista. El descontento popular tiene una salida, la de mostrarle a los partidos integrantes del parlamento que existen quienes presentan alternativas de cambio sucesivo y verdadero.

Sin grandes pretensiones, queremos acercarnos poco a poco a ese sabor a cambio que el paladar de la población en realidad requiere y necesita. Un voto depositado al Partido Comunista de Suecia es un voto de confianza al comienzo de sucesivos cambios estructurales necesarios para la mejor distribución de los recursos económicos y humanos de la sociedad sueca. Salgamos a votar y demostremos que hay alternativas.

Miguel Gabard
Secretario del Partido Comunista de Suecia en Lund