Arabia Saudí-Ejecución

Al periodista saudí, antes de ser decapitado, le cortaron los dedos para recordarle que no se puede escribir nada contra la sagrada monarquía

Javier Cortines    18.Oct.2018    Mundo

(En lo que va de año al menos 74 personas han sido ejecutadas-decapitadas en Arabia Saudí. En 2017 en número de ajusticiados llegó al centenar, entre hombres y mujeres)

El periodista disidente Jamal Kashoggi fue ejecutado por un “escuadrón de la muerte”, integrado por unos quince hombres, enviado desde Arabia Saudí. Su delito: Haberse atrevido a cuestionar la integridad moral y las dotes de gobernante del príncipe heredero Mohamed Bin Salman. Tanto la prensa turca como la de Oriente Medio ya tienen detalles de lo que ocurrió, tras haber llegado a sus redacciones grabaciones de voz de los hechos.

El diario turco Yeni Safat, cercano al Gobierno de Ankara, y el portal digital Middle East, entre otros, afirman que Jamal Khashoggi fue reducido nada más entrar en el consulado saudí en Estambul, el pasado 2 de octubre, y que en el mismo despacho del jefe de la legación diplomática fue drogado y torturado.

Aunque el cónsul Al Otabi les rogó que le ejecutaran fuera, los sicarios primero cortaron al periodista los dedos de las manos para recordarle las consecuencias de “escribir contra la monarquía”. Luego el médico forense del escuadrón, identificado como Salah al Tubaigi, se puso a escuchar música con auriculares mientras troceaba con una sierra el cuerpo del reportero que había ido allí a por un certificado para casarse con su novia turca, la investigadora Hatice Cengiz.

Cuando hago este trabajo escucho música, ustedes también deberían hacerlo“, dice el galeno castrense en la grabación que citan las fuentes.

Cuando el cónsul insistió en que era un error matarle allí porque eso iba a traerle problemas, los carniceros le advirtieron ¡Cállese si quiere seguir vivo cuando vuelva a Arabia Saudí!

Jamal Khashoggi - quien ganó gran celebridad tras entrevistar a Osama Bin Laden- se fue a vivir a Estados Unidos en 2017 debido a la persecución que sufrían en su país activistas y defensores de los Derechos Humanos que desde las Primaveras Arabes cuestionaban las políticas del Gobierno de Ryad. En “el exilio” escribía asiduamente en el prestigioso diario “The Washington Post”.

En uno de sus últimos artículos, Khashoggi dijo (tal vez eso le costó la vida), que “el príncipe heredero de Arabia Saudí debería restablecer la dignidad del país poniendo fin a la Guerra de Yemen“. El periodista lamentaba que se estuvieran “matando hermanos y seres inocentes” con las intervenciones bélicas de Ryad.

The Washington Post ha publicado una nota en la que expresa su pesar por la muerte de Khashoggi y subraya que en el periódico, el más importante de EEUU junto al The New York Times, ha quedado un espacio en blanco que echará en falta la pluma del analista asesinado por sicarios “cercanos a la monarquía saudí”.

La teocracia monárquica del Reino del Petróleo, oro negro considerado un regalo de Alá, no permite ningún desliz a sus súbditos, que deben pagar con carne los delitos que cometen. El más grave se paga con la decapitación.

Los ladrones sufren amputaciones medievales. Si una persona roba, por ejemplo, se le corta la mano a golpe de espada. En el caso de que sea reincidente, se hace lo mismo con la otra. Esa ley, como es de esperar, no se cumple con los que se auto proclaman descendientes del profeta Mahoma.

Aunque la ley saudí es implacable con los disidentes y los delincuentes, no debemos olvidar que la mitad de la población del país (34 millones de habitantes), es decir, unos 17 millones de mujeres, viven en una de las prisiones más aberrantes del planeta. Estas necesitan pedir permiso para todo al varón y, si se niegan a obedecerle están perdidas.

El Corán, en su Azora IV dice:

Los hombres están por encima de las mujeres porque Dios ha favorecido a unos respecto a otros, y porque ellos gastan parte de sus riquezas a favor de ellas (…) A aquellas de quienes temáis desobediencia, amonestadlas, confinadlas en sus habitaciones, golpeadlas. Si os obedecen no busquéis pretexto para maltratarlas.

En 2017, Dina Ali, una maestra de 24 años, huyó de un matrimonio forzado en Arabia Saudí y, cuando hizo escala en Manila antes de embarcar a Australia, las autoridades filipinas la devolvieron a Riad, donde se cree que ha sido reeducada para que no vuelva a desobedecer al “macho enjaulador” (expresión utilizada por Eduardo Galeano). Para ver noticia pinchar en enlace Dina Ali.

Con estos antecedentes, ejecuciones, torturas, millones de prisioneras, etc. ¿Cómo es posible que Occidente sea tan valiente con países con los que tiene “mala vibra” y haga negocios sucios con monarcas y jeques que tienen las manos ensangrentadas y consideran a las mujeres sirvientas de por vida de los vástagos varones de Alá?

http://www.nilo-homerico.es/