Arabia Saudí-Misoginia

Y el príncipe saudí Abdulah Al-Saud reivindicó entre carcajadas “el derecho del hombre” a pegar a la mujer

(Esta crónica está basada en las declaraciones que hizo el príncipe Abdulah Al- Saud, embajador de Arabia Saudí en EEUU, -en la foto levantado la mano derecha- en una rueda de prensa celebrada en Washington el 4 de noviembre de 2016. Debido al reciente secuestro, tortura y descuartizamiento del periodista Jamal Khashoggi, de 59 años, que se oponía a la política criminal de Riad en la Guerra de Yemen, “la socarrona broma” del diplomático vuelve a estar de actualidad).

(El Corán, Azora IV) Los hombres están por encima de las mujeres porque Dios ha favorecido a unos respecto a otros, y porque ellos gastan parte de sus riquezas a favor de ellas (…) A aquellas de quienes temáis desobediencia, amonestadlas, confinadlas en sus habitaciones, golpeadlas. Si os obedecen no busquéis pretexto para maltratarlas.

El príncipe Abdulah Al-Saud, embajador de Arabia Saudí en EEUU, reivindicó un lamentable mes de noviembre de 2016 -en tono de broma y con sonoras carcajadas- el “derecho del hombre” a golpear a la mujer, tal como reconoce El Corán en su Azora IV.

El Excmo. Sr. Embajador Abdulah (vocablo que en castellano significa “siervo de Alá”) hizo esas declaraciones en una rueda de prensa celebrada en Washington en fecha arriba indicada. Ahora con el secuestro, tortura y descuartizamiento del periodista Jamal Khashoggi, las palabras del diplomático nos ponen de nuevo ante el espejo del terror que muchas y muchos viven en el reino del petróleo con la indiferencia cómplice y criminal de Occidente.

Cuando el príncipe fue preguntado ese 4 de noviembre “si Arabia Saudí estaba considerando la posibilidad de poner fin a la Guerra de Yemen”, el interpelado respondió: “Dejar de bombardear Yemen es como pedir que pare de pegar a mi mujer”.

Tras hacer “la broma del siglo” sobre la Azora IV de El Corán, que “sólo autoriza golpear a la mujer” en el caso de que desobedezca al padre, al marido o al hermano mayor, estalló en carcajadas pensando, quizás, que con “ese chiste” se moriría de risa el entonces candidato a la Casa Blanca Donald Trump, paradigma de la misoginia en este lamentable planeta de destino incierto.

Jamal Khashoggi, el periodista saudí que colaboraba desde el 2017 en el diario The Washington Post, no dejaba de denunciar en sus artículos, escritos en “el exilio”, la implicación letal de su país en la Guerra de Yemen, donde han muerto decenas de miles de personas (muchas civiles) y se preguntaba ¿Por qué estamos asesinando a nuestros hermanos? (Arriba foto del periodista Jamal Khashoggi).

Diversas organizaciones defensoras de los Derechos Humanos han acusado a Arabia Saudí de bombardear deliberadamente en Yemen hospitales, fábricas y zonas residenciales, pero Occidente tan duro con los países que ha puesto EEUU en su “lista negra” y tan blando “con los aliados que violan sistemáticamente los DDHH” prefiere vivir con la cabeza debajo del ala, no sea que la corten el grifo y ya no se pueda tomar cruasán en el desayuno.

La situación de la mujer en el mundo musulmán clama al cielo, incluso en los países laicos. Cual leve reflejo de lo anterior, se acaba de estrenar en España, en el canal de televisión “Nova”, la serie turca EZEL, que fue anunciada en su día como un éxito mundial.

En uno de sus capítulos, tan sangrante como la realidad, uno de los protagonistas, llamado Tevfik, recibe el encargo (de sus padres) de matar a su hermana porque ésta ha pecado (no se explica “la grave falta” pero lo suponemos). El primogénito entra, con pistola en mano, en la habitación de la muchacha, que está cubierta de pies a cabeza con blanca vestimenta halal (religiosa).

La joven “que hizo algo prohibido” parece un ángel pero ¡qué importa! ¡ha llevado la deshonra a la familia!

La chica se abraza arrodillada a las piernas de su hermano, al que se ve apesadumbrado, y le dice entre sollozos:

“Estoy temblando y tengo mucho frío, pero no tengo miedo. Te quiero, no te preocupes, haz lo que tienes que hacer”.

Tevfik le acaricia con ternura para despedirse y la dispara a bocajarro en el pecho dejándola muerta en el suelo.

Dicen que la realidad supera a la ficción. Soy lo suficientemente viejo y estoy lo suficientemente viajado para constatar esa verdad.

Pase lo que pase, Europa debe seguir actuando, como viene haciendo desde hace miles de años, según sus intereses, y ahora haciendo reverencias al inquilino de la Casa Blanca de turno porque, de lo contrario, corremos el riesgo de perder el sillón en el banquete que ofrecen a los que se portan bien los falsos dioses.

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