Brasil-Elecciones

Trump repite victoria, pero más sonada, con la ascensión histórica del fascista Messias Bolsonaro

Arjuna    28.Oct.2018    Mundo

Si no ocurre un cataclismo, Messías Bolsonaro, “el Águila Negra” que sueña con cubrir con sus alas “de fascismo el continente”, será el próximo inquilino del Palacio del Altiplano, con la ayuda de EEUU, los votantes de las ciudades más ricas del país, la casta, la ultraderecha castrense, y la todopoderosa Iglesia Evangelista. Las urnas se cierran a las 17:00 hora local (20:00 GMT) por lo que, antes de ir a la cama, sabremos si la cruz gamada será el nuevo emblema de la cuarta democracia más poblada del planeta.

El capitán Jair Messias Bolsonaro, de 63 años, formado en la Academia Militar “Águilas Negras” y considerado por muchos analistas un “alter ego” de Hitler que viene a “extirpar los males de la maldita democracia” de su país, está a punto -si no ocurre un cataclismo, como el impacto de un meteorito sobre la Tierra- de conseguir una sonada victoria electoral contra su contrincante del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad.

Bolsonaro, candidato del Partido Social Liberal (PSL), cuenta con el apoyo del Departamento de Estado estadounidense y, por ende de Donald Trump, que le considera un socio ideal en todos los ámbitos, tanto en lo político como en lo económico, y como compañero de viaje perfecto para aplastar “a los que adoran falsos dioses” y “simpatizan con los rojos que quieren ponerlo todo patas arriba”.

Este Messias se ha ganado el respaldo de los ciudadanos y ciudadanas de las urbes más ricas del país- que tiene unos 210 millones de habitantes-, de la todopoderosa Iglesia Evangelista, a la que sigue el 30% de la gente; de los militares de ultraderecha; de los blancos; la burguesía; los empresarios y los latifundistas, que se vieron amenazados por las políticas sociales del PT que sacaron de la pobreza extrema al 20% de la población (sobre todo afrobrasileños, mestizos e indígenas).

El discurso del “Águila Negra” se asemeja a las arengas del Führer. Ataca “por su vagancia” y “pocas ganar de arrimar el hombro” a los afro brasileños y mestizos, -que forman el 50,7 % de la población- y a los indígenas “que se niegan a aceptar el progreso” y tienen religiones raras “basadas en supersticiones”.

Los discursos de este Messias, que no tiene desperdicio, van dirigidos “con toda la mala leche del mundo” contra “las feministas”, los gays, lesbianas, hermafroditas, los matrimonios de personas del mismo sexo, etc. Asimismo, condena el aborto, y, arremete contra el Islam, lo que considera una especie de sub-creencia que no debería tener cabida en Brasil.

Para Bolsonaro, por encima de todas las cosas está su homónimo El Mesías, (como los antiguos guerrilleros de Cristo Rey en España). La estatua del Cristo Redentor, de 38 metros de altura y que corona la cima del Cerro de Corcovado, no sólo protege e indica el camino a Rio de Janeiro, sino también a toda América y a todo el mundo.

Hoy están llamados a las urnas 147 millones de brasileñas y brasileños que desde las 08.00 de la mañana, hora local (11:00 GMT), están ejerciendo su derecho a voto en 450.000 colegios electorales. Las cajas se cerrarán a las 17:00, hora local (20:00 GMT), aunque algunas partes del país, debido a los husos horarios, estarán abiertas hasta los 19:00 (hora local, 22:00 GMT).

En este duelo histórico: el pueblo decidirá entre una dictadura que dé más poder a la casta o una democracia y políticas sociales dirigidas a mejorar el nivel de vida de “los nadies”, expresión que solía utilizar Eduardo Galeano. En la primera vuelta electoral del pasado 7 de octubre, Águila Negra obtuvo el 46% de los sufragios mientras que su rival Fernando Haddad se hizo con el 29% de las papeletas, lo que supuso un rotundo fracaso del PT, que había gobernado 13 de los últimos 15 años en Brasil.

No hay que ser ingenuos -como ya advirtió el escritor e investigador Carlos de Urubá, profundo conocedor de todo lo que se cuece en América Latina- y asombrarnos por el hundimiento del PT debido “a intensos bombardeos con noticias falsas” sobre las corruptelas de esa formación política.

Lula da Silva - condenado a 12 años de cárcel tras ser encontrado culpable de “corrupción leve, lavado de dinero y tráfico de influencias”-, tras hacer una inmensa labor en su país, cayó en la tentación, “metió la mano en la bolsa” y, con ello, la pata hasta el fondo del oscuro charco de las vanidades, por lo que ahora las urnas están deseando “pasar factura”.

Por su parte la dimitida Dilma Rousseff -escribió hace poco Carlos de Urubá- “en público se ponía la máscara del Ché Guevara” y en privado la encantaba vivir con un lujo faraónico.  (Carlos de Urabá fotografió en Madrid, en 1978, a nuestro amigo común, el revolucionario chileno León Canales, y a Celia Guevara, hermana del Ché, para inmortalizar su amistad).

Tanto Lula da Silva como Dilma Roussef no combatieron -como debieron hacer- las graves casos de corrupción del núcleo duro del PT, por lo que la empatía que lograron forjar con el pueblo cayó en picado, y puso a Messias, a Águila Negra, la victoria servida en bandeja de plata.

Si Bolsonaro triunfa, como anuncia la pitonisa, lo celebrarán, como no, los movimientos neofascistas que proliferan como hongos en Europa; un nutrido grupo de países suramericanos que añoran mano dura y corrección, como Argentina, Chile, Paraguay, etc., regiones que ya conocieron las consecuencias de llevar la cruz gamada en la frente, y, como no, Donald Trump, que ya ve a su Messias instalando los bártulos en el Palacio del Altiplano, la sede presidencial ubicada en Brasilia.

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