Perú,

El fujimorismo se resquebraja tras prisión de su líder

Las grietas en el otrora monolítico partido neoliberal, Fuerza Popular, tras la prisión de su líder, Keiko Fujimori, se confirman hoy con nuevas discrepancias en sus filas y la fuerte posibilidad de renuncia de una de sus principales figuras.

La prisión preventiva de Fujimori, por una indagación por lavado de activos, y el inminente encierro de su entorno político, parece además haber exasperado a sus legisladores, desatando declaraciones contradictorias y discusiones más o menos abiertas.

El presidente del Congreso y dirigente de FP, Daniel Salaverry, dejó hoy abierta la posibilidad de renunciar al partido fujimorista, la mayor fuerza neoliberal del país, debilitado por una cadena de errores y por los problemas de Fujimori con la ley, por ocultar fondos electorales de oscuro origen

‘En este momento no pienso en renunciar a Fuerza Popular’, dijo Salaverry en una entrevista difundida hoy, y cuando le preguntaron si no era una negativa solo temporal, solo respondió que ‘no tengo una bola de cristal para saber qué puede pasar en un futuro’.

El titular del legislativo pidió recientemente licencia ante la crisis con el fin de mantener, según dijo, independencia en el cargo parlamentario que ejerce y en el que aparentemente ha marcado distancias del manejo excluyente ejercido por FP en virtud de su mayoría parlamentaria, lo que le ha causado roces con su bancada.

Salaverry contradijo por otra parte en forma tajante la prédica de FP, de que Fujimori es una ‘presa política’. Preguntado al respecto, respondió que ‘No. Vivimos en democracia. Es una democracia débil, pero en el Perú no existen los presos políticos’.

Además, mantiene contradicciones con FP en torno a la situación del fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, a quien el fujimorismo protege porque lo considera contrapeso frente al implacable fiscal José Pérez, quien investiga a Keiko Fujimori y pidió los 36 meses de prisión preventiva dictaminados por el juez Richard Concepción.

Salaverry pidió tratar en el Congreso con celeridad las acusaciones constitucionales contra Chávarry, congeladas por la mayoría fujimorista, y su invocación fue rechazada por el presidente de la subcomisión encargada, César Segura, quien además lo emplazó a no declarar para luirse ante las cámaras.

La crisis obligó a Fujimori a reorganizar su partido, al punto de cesar a toda la dirección y encargar como responsable temporal a Miguel Torres, de su entera confianza y quien, tras la detención de la jefa, la proclamó como ‘prisionera política’, lo que no ha obtenido acogida por los fundamentos legales de su detención.

Trascendidos parlamentarios señalan que, al crujir FP, hay sectores descontentos que coinciden con Salaverry en mantener en forma efectiva, y no solo con anuncios, un diálogo civilizado con el presidente, y cesar la hostilidad hacia el mandatario.

La situación descrita parece dar la razón a los críticos del fujimorismo que consideran que su crisis no es coyuntural y remontable -como sostienen Keiko y su entorno- sino que tiene un carácter terminal.

Prensa Latina