África y la apuesta por desatar el potencial de liderazgo femenino

Para cuando muchas niñas en África cumplen los 10 años, su destino de dolor ya está marcado; cada vez son más incapaces de escapar de la pobreza que afecta a sus familias y comunidades, consideraron hoy expertos.

Actualmente, hay más de 130 millones de chicas sin acceso a la escuela en todo el planeta, sin que sea su propia responsabilidad.

En este continente, las preocupaciones aumentan de forma paralela al incremento de víctimas de dañinas prácticas culturales, como la mutilación genital y el matrimonio infantil.

Para especialistas, el sesgo económico es especialmente severo con ellas. Cuando hay escasez de recursos, los núcleos familiares pobres deben escoger qué niños enviar a estudiar, y en muchas regiones se ve a los del sexo masculino como una inversión más segura.

Para las pequeñas se suele arreglar un casamiento, o se las envía a laborar los campos o a trabajar como asistentas del hogar. Estas decisiones sobre la asignación de las oportunidades educacionales limitan gravemente el potencial de liderazgo femenino, refirió a Prensa Latina el investigador y profesor de la Universidad de Addis Abeba, Zeleke Mekonen.

Uno de los objetivos claros de la Unión Africana, en su opinión, debe ser fortalecer la independencia financiera de las féminas y así crear las condiciones para el desarrollo y surgimiento de lideresas en el futuro.

Existe evidencia que demuestra que cuando las mujeres trabajan, invierten el 90 por ciento de sus ingresos en sus familias, en comparación con el 35 por ciento en el caso de los hombres.

Es más, una vez tienen su propia fuente de ingresos, son más capaces de participar en los procesos políticos.

Para el comentarista Bilal Derso, el cambio de las normas culturales endémicas sobre género e identidad (y el desarrollo de más líderes femeninas) comienza en el aula.

Se les debe enseñar a valorarse a sí mismas y como grupo, y que tienen derecho a recibir educación, estar sanas y empoderarse, agregó.

Los analistas señalaron que hay partes de la región que avanzan en la dirección correcta. Hoy, cerca de un cuarto de los parlamentarios de los países subsaharianos son mujeres, mientras en 1997 la cifra era de solo un 10 por ciento.

Ruanda posee el más alto porcentaje de legisladoras del mundo y Etiopía está dando pasos concretos en función de equilibrar responsabilidades gubernamentales entre uno y otro sector poblacional.

De todos modos, queda mucho por hacer, puntualizó Derso; es necesario que los gobiernos renueven su compromiso en este sentido mediante la inversión en salud y educación para ellas.

Dar acceso a esos servicios, especialmente en áreas rurales, es esencial para que África logre una igualdad de género duradera.

Estudios de la India muestran que cuando los Estados elevan el porcentaje de mujeres en sus filas, se da una mayor prioridad a problemas sociales como la sanidad, la educación y la seguridad alimentaria.

Que haya más mujeres líderes nos beneficia a todos, subrayó Mekonen a Prensa Latina.

Los líderes nacen y también se hacen, pero cuando nacen en suelo africano no siempre se los reconoce. Para dar a más mujeres la oportunidad de desarrollar sus talentos y habilidades, quienes hoy dirigen deben preparar el camino para quienes lo harán mañana, concluyó el estudioso.

Prensa Latina