Arabia Saudí-Mujeres

¿Sigue viva Dina Ali, la chica que quiso escapar de un matrimonio forzoso, y fue cazada por perros saudíes?

Javier Cortines    23.Nov.2018    Mundo

(En la foto dos gorilas, dos tíos de Dina Alí, acorralan a la joven en el aeropuerto de Manila).

En Arabia Saudí, la vida de la mujer está controlada por un hombre desde su nacimiento hasta su muerte. Todas las mujeres saudíes tienen que tener un tutor, normalmente el padre o el marido, pero en algunos casos es un hermano e incluso un hijo, que está autorizado para tomar todas las decisiones importantes en su lugar.

De vez en cuando repaso la prensa occidental y la árabe para ver si hay alguna noticia sobre la joven Dina Ali Lasloom -capturada por dos gorilas en el aeropuerto de Manila en la primavera de 2017- y compruebo que no hay rastro de ella. Me recuerda ¡perdonad la expresión! a la tortuga de “Blade Runner” que cita en un reciente artículo nuestro colega Juan Ignacio Codina. E intuyendo lo peor, me pregunto, como muchos seguidores de esta macabra historia, ¿Sigue viva esa chica tan valiente? ¿Continúa encerrada y amordazada?  Hay muchas formas de morir, aunque no tengamos una lápida con nuestro nombre.

Dina Ali trabajaba de profesora de inglés en Kuwait, con permiso de “los varones” de su familia, y como quería escapar de un vejatorio matrimonio pactado, pidió un visado en la Embajada de Australia, “en un intento desesperado por quitarse el burka” y vivir en libertad, como cualquier muchacha del “primer mundo” (en aquel entonces tenía 24 años).

En su viaje a Sídney había que hacer una escala en el Aeropuerto Internacional Nino Aquino de Manila, donde sólo durante un ratito respiró “LIBERTAD”. En ese corto espacio de tiempo se acercó a una mujer canadiense, llamada Meagan khan, y, temblorosa, le dijo: “Me he cambiado la ropa (en ese momento vestía un pantalón vaquero y un suéter azul) y voy a quemar el burka (…) Si me pasa algo (que me maten o encierren) no quiero que mi historia quede en el olvido”.

Después de que la maestra fuera atrapada por dos perros saudíes con la connivencia de las autoridades filipinas, que la despojaron de su pasaporte y de su tarjeta de embarque con dirección a Síddney, (el 11 de abril de 2017), Meagan Khan publicó un “hastag” con el siguiente texto:

Tras enterarse de que “sus dos tíos” venían a por ella, Dina Alí grabó un video en su móvil, que colgó apresuradamente en las redes sociales y que ya hemos publicado con anterioridad en este medio. El texto, traducido del inglés al castellano, dice lo siguiente:

Me llamo Dina Alí y soy una mujer saudí que ha huido de Arabia Saudí para pedir asilo en Australia. He hecho una parada en Filipinas, en tránsito, y me han quitado mi pasaporte. Llevo encerrada 13 horas por deseo de la Embajada de mi país. Si viene mi familia me matarán. Si regreso a Arabia Saudí moriré. Ayudadme, grabo este video para pedir ayuda y confirmar que soy real y estoy aquí. Los gobiernos de Filipinas y Arabia Saudí violan los Derechos Humanos y el derecho internacional. Estoy retenida aquí como una criminal y no puedo hacer nada y no puedo salir. Me han quitado el pasaporte y todos mis documentos y esperan a que venga mi familia. Me van a matar.

El peor de los presagios se cumplió y llegaron “dos tíos” de Dina Alí, uno de ellos corpulento y bestial (entrenado para meter miedo a los débiles y a las mujeres) que acorralaron a la chica, la sellaron la boca con una cinta aislante para que dejara de pedir ayuda, la pusieron una especie de camisa de fuerza para inmovilizarla, dentro de lo posible, porque no dejaba de poner resistencia física, y la arrastraron como si fuera un animal a “un compartimento privado” de un avión de las Líneas Aéreas Saudíes. La policía la recibió en Ryad el 12 de abril. Lo último que se sabe de ella es que bajó del avión en una silla de ruedas.

Sobre el actual paradero de Dina Alí se barajan varias hipótesis. Una, que esté encerrada en un centro de detención de mujeres menores de 30 años que han violado el código que rige la “Tutela del Varón“; dos “que haya sido reeducada, obligada a pedir perdón, y haya aceptado casarse con el hombre “destinado para ella” y, por último, que haya sido ejecutada, lo que no es raro en este país cuando alguien mancha la honra familiar.

La organización Human Rights Watch dice en un informe titulado “Atrapadas, las mujeres saudíes y el sistema de tutela masculina“:

En Arabia Saudí, la vida de la mujer está controlada por un hombre desde su nacimiento hasta su muerte. Todas las mujeres saudíes tiene que tener un tutor, normalmente el padre o el marido, pero en algunos casos es un hermano e incluso un hijo, que está autorizado para tomar todas las decisiones importantes en su lugar.

El caso de Dina Alí ha traído a la memoria -a la prensa internacional- el de la princesa Mishaal bint Fahd (de la Casa Real), quien fue ejecutada con los ojos vendados y de rodillas, con sólo 19 años de edad, tras ser acusada de haberse enamorado y haber cometido adulterio con un muchacho llamado Jaled al- Sha’er, quien era sobrino del embajador saudí en El Líbano (En la foto, ejecución de la princesa Mishaal, (1958-1977).

Tras “el asesinato legal” de la chica, suceso que tuvo lugar en un parque público de la ciudad de Jeddah en 1997, a Jaled, -que le obligaron a presenciar la ejecución de la princesa-, le decapitaron también con un certero golpe de espada para escarmiento de los que desprecian los sagrados mandamientos de El Corán, y del hombre, guardián y protector de todas las mujeres del Reino del Petróleo.

Concluyo con esta pregunta ¿Por qué Europa y EEUU son tan amigos de Arabia Saudí y se empeñan tanto en airear “las miserias de Cuba o Venezuela”? ¿Idiotizan tanto el petróleo, los intereses económicos y estratégicos que lavamos los pies y las manos de los jeques con tal de hacer negocios suculentos con ellos? Recordando a Shakespeare (Macbeth):

 ”¿Will all the water in the ocean wash this blood. Clean from my hands? ¿Puede toda el agua del océano lavar la sangre de mis manos (¿las manos de Occidente?) 

Al final la tortuga se muere y nadie la da la vuelta. Nos hemos vuelto prácticos, hedonistas, y seguimos “más o menos contentos”, como nos recuerda Hannah Arendt, hipnotizados con la doctrina, “el adagio del palo y la zanahoria”.

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