Cuba-EEUU

Trump condena a Cuba y el mundo a EEUU

Cuando los estadounidenses recuperen el control de su nación de manos de los grandes monopolios que han desprestigiado a la gran potencia norteamericana y han convertido a sus ciudadanos en culpables o cómplices del execrable bloqueo económico con propósitos genocidas más largo de la historia, serán ellos –el pueblo estadounidense– quienes tendrán que pedir al pueblo cubano y a la Humanidad entera indulgencia por el brutal crimen que desde hace más de medio siglo llevan a cabo contra su país vecino menor.

La ciudadanía estadounidense en su conjunto tendrá que responder por una bestial agresión que quedará inscrita en la historia como un crimen de lesa humanidad que avergonzará a las futuras generaciones de USAmericanos por el resto de la vida humana en el planeta.

Es una realidad históricamente lamentable porque no es ese talentoso pueblo sino el sistema capitalista, el que en su etapa actual de desarrollo ha generado el régimen imperialista que atropella a la humanidad sin respetar fronteras ni hacer distingo entre habitantes de uno u otro país. Exonera de esa manera al reducido grupo de poderosas corporaciones financieras que han enarbolado la bandera estadounidense para sus monstruosas fechorías.

La política actual de Estados Unidos hacia Cuba no es excepcional porque tiene raíces históricas muy constantes, si bien la confrontación ha sido siempre asimétrica, con variable intensidad en la violencia y tolerabilidad circunstancial de los contendientes.

Durante el desgobierno del presidente Donald Trump, esta política ha estado secuestrada por un grupo minoritario y radical del partido republicano colmado de figuras relacionadas con los sectores más retrógrados y agresivos contra la Isla, embriagados por la demagogia Trumpista que la separa cada vez más de los intereses reales de la mayoría de los pobladores estadounidenses.

Es importante constatar sin embargo, que la medida de prohibir a los ciudadanos estadounidenses visitar a Cuba en calidad de turistas, no fue inventada por Trump. Esta política ha sido ratificada y continuada por más de una decena consecutiva de inquilinos de la Casa Blanca, Y no es ni tonta ni ingenua.

Numerosas encuestas realizadas a visitantes estadounidenses que, desafiando prohibiciones -legales o veladas- y ajustándose a los muchas veces humillantes requisitos que autorizan que un ciudadano de Estados Unidos pueda viajar a tierra cubana de manera lícita, demuestran que el impacto que tales visitantes experimentan al hacerlo es muy fuerte y trascendente.

Ello está motivado, principalmente, porque la realidad de Cuba, a lo largo de más de 60 años, ha estado sometida en la sociedad norteamericana a una campaña de difamación tan feroz y falsa que cuando un ciudadano medio de Estados Unidos llega a la isla se impresiona vivamente por una realidad contrastante con lo que ha aprendido en el curso de su vida sobre un país tan cercano al suyo pero tan vilipendiado durante tanto tiempo.

Con el tiempo y especialmente durante el gobierno de Barack Obama, se fueron abriendo pequeños huecos en el asedio por la presión de congresistas y empresarios de diversos sectores estadounidenses discrepantes de la política exterior contra Cuba.

La llegada a la Casa Blanca de Donald Trump significó un freno a estos muy discretos pasos de las administraciones demócratas.

Solo Israel, cuyo papel en la política global estadounidense le obliga a la más ridícula sumisión a EEUU, no unió su voto al resto de los tres centenares de países miembros de la ONU para exigir por enésima vez en el foro mundial el cese del bloqueo a Cuba.
El más reciente primero de noviembre, a pocos días de haber sufrido Washington, una nueva vez, confirmación del rechazo internacional a su política de bloqueo contra Cuba, los departamentos de Estado, Tesoro y Comercio de EEUU emitieron nuevas disposiciones y regulaciones para recrudecer el asedio a Cuba con adicionales medidas de prohibición y represión contra entidades económicas y ciudadanos estadounidenses que intentaran realizar transacciones financieras con sus similares cubanos.

El Departamento de Estado anunció que el listado continuará siendo actualizado de forma periódica por Washington con nuevas medidas punitivas que dañen de alguna manera la economía cubana, aunque ellas afecten igualmente a empresarios de Estados Unidos y, además, a los de terceros países.

No puede decirse que el régimen del iracundo Donald Trump haya sustituido a gobiernos serenos y pacifistas, porque las administraciones anteriores del partido demócrata superaron por su belicismo la media histórica de sus antecesores, convirtiendo a Estados Unidos en un verdadero campeón del guerrerismo.

Todo indica que la Humanidad tendrá que sufrir el “mal” de Trump, o el “peor” de Pence, por tanto tiempo como los resistan los estadounidenses y sean capaces por sí mismos de virar el pastel.