Perú

Cinco presidentes y una candidata, sospechosos o presos

Luis Varese    24.Nov.2018    Opinión

En orden cronológico de sus presidencias, Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczinsky, más la candidata Keiko Fujimori han sido acusados de haber recibido sobornos y otros actos de corrupción por parte de Odebrecht y otros. A ello hay que añadir que el expresidente y dictador Alberto Fujimori estuvo preso por violación masiva de los derechos humanos, hoy se encuentra en libertad, medio revocada, tras un doloso indulto concedido por Kuczynski.

Son seis dirigentes políticos del más alto nivel de la escala del poder. Por qué en el Perú, qué pasó que se destacan estos hechos. Reflexionemos sobre tres situaciones recientes.

1. En primer lugar en la década fujimorista (1990-2000) cuando había un desarrollo muy importante de la guerra interna, el Perú fue el espacio de experimentación donde la CIA, el Departamento de Estado de los EEUU, el FMI, la NED y algunos otros como el MOSSAD, desarrollaron los más exitosos experimentos de guerra sicológica (sigue, hasta hoy, funcionando la prensa chicha como éxito total de alienación), un aparato policial militar debilitado y corrompido por la vinculación con el narcotráfico, la implementación del modelo de mercado sin límites (en el Perú todo se compra todo se vende, y esto genera que la corrupción sea socialmente aceptada). Esa década marcada por la lucha militar en el marco del conflicto interno y contra las acciones terroristas (utilizadas por ambos bandos) dio total impunidad para experimentar en el territorio peruano con todo aquello que se les ocurriera para desarrollar un modelo implacable de neoliberalismo, incluso la esterilización masiva e involuntaria de mujeres indígenas. Se ha llegado en la actualidad a la ignominiosa cifra de haber concesionado el 67% del territorio peruano a la empresa privada nacional o multinacional. En esta etapa me atrevo a decir que se experimentaron de manera incipiente, las fake news y el lawfare. El poder judicial sumiso, la prensa nacional en gran parte comprada por el gobierno y otra prensa creada por el fujimorismo.

La destrucción de cualquier orden jurídico o estado de derecho. Cualquiera podía ser acusado de terrorismo solamente por escribir, opinar o decir algo que se pareciese a una defensa de personas detenidas por un supuesto delito vinculado a los grupos armados. En esta década la corrupción se institucionaliza (probablemente fue lo único institucional) y se destruyen todas las estructuras estatales creadas a lo largo de décadas. Lo único que sobrevive y muy perseguida es la sociedad civil, dos o tres periodistas, algún congresista muy valiente y pocos organismos de derechos humanos.

La confrontación militar llega a un punto de equilibrio estratégico (al punto que la capital Lima, está cercada por Sendero Luminoso y debe ser abastecida en algunos momentos, vía marítima, por barcos de la Armada Peruana). Finalmente Sendero Luminoso y el MRTA (cada uno con muy diversas características y orígenes) son derrotados. Esta victoria otorga la impunidad total a esa derecha ambiciosa, antidemocrática y antinacional para capturar el Estado y convertirlo en su cofre privado alcanzando su sueño, una vez más, de tomar el estado como botín. Se consolida un nuevo sector de clase que va compitiendo con la tradicional burguesía y en ello se mezcla el narco, con el intermediario exitoso (comerciantes como “el rey de la papa”), el lavador de dinero, el traficante de tierras, y una banca sin restricciones ni regulaciones (según el departamento del Tesoro de los EEUU, en el Perú se lavaron 2900 millones de dólares entre 2007 y 2016). Aparece, entre varias otras cómo no, Odebrecht que capitaliza los recursos del Estado, indispensables para facilitar la inversión transnacional.

En este espacio la compra de contratos, la coima, el lucro desmedido no se ve tan mal y caen muchos en la tentación. Alcaldes, concejales, gobernadores, congresistas. Diríamos que esa década es la del arca abierta. No es que antes no hubieran pecado. Kuczinsky viene desde los años 60 enriqueciéndose como un eficiente intermediario de los intereses de EEUU. Se cuenta que García se enriqueció con la compra de aviones Mirage y muchos otros por allí pasaron, pero fue en el fujimorismo y con la excusa del conflicto armado interno, de la guerra sucia, que se institucionaliza y se abre “la legitimidad” de la corrupción (recordar imágenes de Montesinos, el único oficial del Ejército Peruano expulsado por trabajar para la CIA, entregando fajos de billetes a cambio de cualquier necesidad política o informativa que tuviera.) Este espacio social, político y económico y la derrota del terror que había llegado a poner bombas en los barrios de la clase media urbana, da impunidad para actuar a estas mafias organizadas. En parte esto explica cómo un país de cultura milenaria, tradiciones enraizadas y generador de precursores de la independencia, militares y marinos patriotas, revolucionarios, literatos, poetas, artistas, políticos, sindicatos sólidos y organizaciones sociales de muy alto nivel, llega a este punto de deterioro.

2. A partir de ello se da, en segundo lugar, el desarrollo organizado de la corrupción donde actúa, entre varios otros, el instrumento Odebrecht. Para los intereses transnacionales y ante la inexistencia de un proyecto de burguesía nacional, la política peruana se lumpeniza y se consolida como un espacio de compra y venta de un país con riquezas enormes, que van desde un mar extraordinariamente productivo (primer productor de harina de pescado del mundo, hoy en manos multinacionales incluida la empresa Chilena EXALMAR de Sebastián Piñera) pasando por la minería, el petróleo, la madera y recientemente la explotación del desierto irrigado con recursos del Estado para generar productos finos de exportación como los espárragos u otros.

A todo ello hay que añadir que el país es el primer o segundo productor de cocaína del mundo, que genera un ingreso no regulado de dólares al mercado nacional. Prácticamente sin regulaciones laborales que protejan a los y las trabajadoras, el Perú atrae la inversión extranjera de cualquier tipo y esa inversión muchas veces viene con su inevitable dosis de corrupción para recibir la buena pro, por parte del gobierno y/o gobernante de turno. Podríamos decir que frente a países como Colombia o Chile, el Perú aparece como un país de corrupción silvestre, sencilla, hasta inocente. Porque en Colombia y Chile claro que hay corrupción y seguramente desde el Presidente hacia abajo, pero son más modositos y discretos para no ser descubiertos.

El instrumento destructor de ilusiones y corruptor creado por Odebrecht, encontró en este espacio un terreno tremendamente fértil para actuar y lo hizo con la confianza de la impunidad que generaban sus contrapartes. Me refiero solamente a la corrupción a ese nivel. Solamente son las movilizaciones comuneras, indígenas y en algunos casos urbanas que frenan un poco la destrucción y entrega total de las riquezas naturales del país.

3. Paradójicamente, y en tercer lugar existe una capacidad política ciudadana y de algunos fiscales y jueces honorables capaces de responder a ello. Fujimori fue expulsado del país por las marchas populares. Montesinos cayó en desgracia de la CIA por vender armas de guerra a las FARC. Hay un momento de la historia reciente, en el periodo de transición cuando Fujimori y Montesinos se ven obligados a huir, que aparece un hombre probo y valiente, el Presidente interino Valentín Paniagua (gobierna, desde el 28 de noviembre del 2000 al 28 de julio de 2001) que respondiendo a los momentáneos intereses mayoritarios genera las condiciones legales para juzgar a Fujimori y Montesinos y crea la Comisión de la Verdad y Reconciliación; nombra además como su Primer Ministro a Javier Pérez de Cuéllar, ex Secretario General de la ONU. Ese breve espacio de apenas siete meses de gobierno, responde a los intereses coyunturales de hartazgo, de anti corrupción y búsqueda de restañar las heridas del conflicto interno.

La capacidad política de la ciudadanía peruana lavando la dignidad de la bandera y marchando contra Fujimori, hoy se repite y exige sanción y respalda la acción de otro Presidente (que aunque no interino, no fue elegido directamente por el voto popular como Presidente). Es paradójico porque este poder Judicial, nido de corrupción, tiene unos funcionarios y funcionarias valientes, capaces de sacar el coraje para responder al clamor ciudadano (los más descreídos dirán que reaccionan porque pertenecen a otro bando, dejemos la ilusión y la necesidad de construir espacios políticos honestos).

Hoy en el Perú existe una izquierda que aún no logra recomponerse de la persecución desatada en algunos casos, por Sendero Luminoso y regularmente por la derecha caníbal, incapaz de construir una opción nacional. Una izquierda históricamente dividida por ambiciones personales o sectarismos ideológicos trasnochados.

La contradicción o paradoja a la que nos referimos (espacio nacional de corrupción y respuesta ciudadana en contra de ella) debe ser analizada por todos los sectores patrióticos y progresistas que creen en la posibilidad de restaurar un país con capacidad de redistribución de su riqueza. En esa paradoja, también se debe analizar que el Perú es el único en la mira (muy moderada) de los medios de comunicación internacional, donde los 5 Presidentes indiciados y la candidata presa, son de derecha y no pertenecen por lo tanto a los gobiernos progresistas que deben ser destruidos para dejar el espacio libre al patio trasero de los Estados Unidos. Esta contradicción resulta muy importante y debe ser aprovechada por las fuerzas democráticas y progresistas y avanzar en un camino de reinstitucionalización y restructuración del Estado de derecho, por lo menos.