Chile, política

Piñera no sirve / nadie sirve / Pinochet manda

Pablo Varas    26.Nov.2018    Opinión

Chile está pasando el peor momento desde que en marzo de 1990, cuando las Fuerzas Armadas le pasaran la administración del país a los civiles. Se debe dejar constancia que en pacto cerrado antes, que es negado sistemáticamente, quedó constancia que nada de lo construido por el régimen militar/civil, sufriría alteraciones que puedan provocar cambios sustanciales al diseño que la UDI/FFAA, construyeron bajo el poder de las armas.

En ningún país del mundo refundar el estado, como sucedió en Chile, hubiera sido posible, pues acá se hizo a sangre y fuego. El actual modelo de acumulación y de distribución de la ganancia incluida fue posible con el asesinato, las desapariciones y la tortura.
Pinochet sigue mandando, o como Bachellet, se subió a un tanque.

Un país donde las Fuerzas Armadas viven bajo un estado de robo/corrupción desbocado y sin control, se hace necesario pensar que ese segmento siempre actúa de esa forma. No hay absolutamente ningún poder civil que sea capaz de contener la enorme cantidad de aberraciones de todo tipo que son amparadas siempre por los ministros de defensa.

La sola existencia de tribunales militares los deja bajo el amparo de la impunidad. El secretismo de jueces militares y militares investigados/procesados/condenados son un eterno misterio. Durante la dictadura fueron condenados cientos de personas por jueces militares donde NUNCA existió una legítima defensa. El recorrido del detenido era sencillo y rápido, desde la sala de tortura a la cárcel y veinte años de condena.

El PLAN ZETA otra mentira. Cuantos chilenos fueron torturados hasta la muerte para buscar información que NUNCA existió…. nunca.

Que se constate que los militares mienten a la ciudadanía y al débil mundo civil gobernante no es casualidad. Los actuales uniformados han sido educados, por decir algo, bajo las estructuras ideológicas en esos tiempos de la guerra fría. Para ellos sigue existiendo el Muro de Berlín y los sindicatos, los pliegos de peticiones, los derechos para la ciudadanía tienen el germen de la destrucción de la patria.

Militares ladrones sin ética ni principios, eso son.

Matar civiles ha sido siempre la constante de los militares. Lo hacen cuando la clase dominante se lo pide para defender sus derechos, recordar la Pacificación de la Araucanía, aquella guerra sin prisioneros, población indefensa y pobre, masacrar a hombres, mujeres y niños bajo pretexto de combatir la delincuencia y el abigeato, cuando la realidad deja constancia de una política de exterminio, un verdadero intento de genocidio que hasta los tiempos actuales no se quiere reconocer y continúa.

Lamentar lo sucedido no resuelve el problema. Asesinar a nuestros pueblos originarios constituye un delito de Lesa Humanidad. Se debe dejar constancia que desde los presidentes hacia abajo, todos amparan encubren crímenes, y entregan patente de corso para el libertinaje que corre sin control por cuarteles, barcos, aviones y regimientos, comisarias, y escuelas matrices. Piratas con uniforme de todos los colores llenando baúles con dinero.

La dictadura encabezada por Pinochet dejó todo un andamiaje institucional militar que se prolonga en el tiempo, desde la ley del cobre hasta los beneficios que están por sobre la sociedad civil. Con leyes secretas guardadas en el parlamento, redactadas para proteger y amparar a todo un cuerpo uniformado cobarde. Un jubilado de las Fuerzas Armadas muere con banda de música, un jubilado pobre muere de hambre.

Chile debe observar como los militares condenados por haber cometido horrorosos crímenes mantienes sus grados, sus privilegios, sus jubilaciones y los bonos por haber actuado asesinando en la DINA/CNI. Precaria es entonces la clase política que no es capaz de apurar la degradación de criminales. La supremacía del poder civil al militar es una metáfora, ellos se mandan solos y hacen lo que quieren.

Los militares, esos zánganos que viven en la actualidad de batallas perdidas en el tiempo, deben saber que ante un eventual conflicto será la sociedad y la civilización la que se imponga, así funcionan las sociedades que han logrado algún nivel de desarrollo. Incontables son los requerimientos como país para estar despilfarrando tantos recursos que posibilitarían mejores condiciones de vida a tantos.

Los militares son los mismos de siempre, con un Comandante en Jefe mentiroso. Más débil aún es el Ministro de Defensa, Alberto Espina, que actúa en representación de la sociedad civil. Perdió hace rato toda credibilidad y tiene los pies de barro. Espina, abogado, “copio” gran parte de su trabajo de memoria, es decir, es como si su título de abogado se lo hubiera sacado en una rifa. Chile está en las manos de dos mentirosos y así no hay futuro.

Se mantiene en secreto los homenajes a los criminales emblemáticos. Los brindis en sus clubes militares. Pinochet fue grito de guerra en el lanzamiento de la campaña presidencial de Piñera. Todos iguales, Insulza fue quien encabezó la recuperación del dictador para NO juzgarlo en Chile, mintiéndole a los países de Europa que solicitaban castigo sus ciudadanos asesinados o detenidos desaparecidos.

Largo es el listado de acciones, declaraciones, comentarios, dichos públicos y privados que dejan en evidencia el precario Estado que somos. Todo cruje en la patria mientras en la región de nuestros pueblos originarios el Terrorismo de Estado se mantiene incólume. Ese es el lugar a donde van a buscar sus medallas y el reconocimiento toda una bandada uniformada de corruptos y mentirosos.

La masacre de Chihuio nos deja en la memoria el asesinato de campesinos mapuches pobres y analfabetos asesinados por militares algunas semanas posteriores al golpe militar. No eran ni latifundistas ni agentes del comunismo internacional, la pobreza que le entregaron sus antepasados los tenían en aquel lugar, hasta dónde llegó el ejército para masacrarlos.

Nada se ha resuelto. Todo queda suspendido en el tiempo y es demasiada la angustia. Nadie se queda esperando que algo suceda, nadie se puede quedar eternamente esperando.

Apura entonces bajo este especial estado de corrupción mentiras y crímenes sin condenar, urge intervenir carabineros y dar inicio a una verdadera democratización de las Fuerzas Armadas. Para ayer era la ley que degrada a los asesinos uniformados.

Cuanto asusta que no todos los chilenos sean iguales frente a la ley….cuanto