Cataluña-Independencia

Sobre la desobediencia civil o el cumplimiento de la ley

Este texto lo escribí, con algunas variaciones, quince días antes de la celebración del referendo del 1-0, en 2017, sobre la independencia de Cataluña. Como los problemas continúan sin solución aprovecho la actual reunión del Ejecutivo socialista en Barcelona para volver a hacerlo público.

El Partido Socialista Obrero Español, PSOE, encabezado por su presidente Pedro Sánchez, ha decidido celebrar una reunión ministerial en Barcelona este viernes 21 de diciembre para demostrar a los catalanes que la llamada “ciudad condal” pertenece, sin lugar a dudas, al Reino de España. Para asegurarse de que el cónclave se desarrolla “sin problemas” más de 9.000 policías de todo el Estado español se encargarán de mantener el orden (del 18 al 23 de diciembre) en esa “polis mediterránea” que “aspira” a convertirse en capital de una República Independiente, con el apoyo del 50% de la población de Cataluña ¿Deben los catalanes respetar la ley? Los independentistas intentarán boicotear el Consejo de Ministros manifestándose en diversos puntos de esta hermosa urbe del Mediterráneo, considerada como una segunda Paris.

El Consejo de Ministros contará con un despliegue de seguridad “cuasi bélico”, a modo de muralla para contener a los rebeldes ¿Deben o no, los insumisos respetar la Constitución monárquica? Para arrojar un poco de luz sobre el problema considero oportuno recordar un diálogo que tuvieron hace 2500 años Sócrates, partidario de respetar las leyes, y su amigo Critón, quien argumentaba que, en una sociedad corrompida, era legal saltárselas a la torera.

Sus argumentos cobran gran actualidad en España, donde la opinión pública se encuentra crispada y la mayoría de las instituciones atraviesan una profunda crisis, (espoleada por una creciente falta de credibilidad), tras haber absorbido “el humus de estos tiempos” en los que se pone en duda, incluso, la imparcialidad de la justicia.

Sócrates, (que representaba la vieja mentalidad del siglo V) amaba Atenas y defendía que no había nada por encima de la ley. Su amigo Critón, por el contrario, rechazaba sus argumentos pues él, que se consideraba hijo del nuevo espíritu del siglo IV, se mostraba partidario de desobedecer a los jueces pues, en aquella época, “la fe en la patria se había desmoronado”. (1)

Critón vive inmerso en el relativismo de una época que infravalora lo transcendental. El amigo y discípulo de Sócrates, consideraba que “las leyes no nos obligan a nada. Y, ya que no nos proporcionan ningún beneficio, no tenemos para ellas ni deberes ni obligaciones”.

Ambos amigos hablaron de la validez de las leyes en la prisión de Sócrates, cuando ya faltaba muy poco para que el sabio tomara la cicuta, ya que había sido condenado por el Areópago (Tribunal Superior de Atenas) al destierro o al suicidio, por pervertir con sus ideas a la juventud y ofender a los dioses.

Cuando Critón le propone huir (era un hombre muy rico y el carcelero aceptaría de buena gana un soborno), Sócrates le responde que ningún ciudadano está por encima de la ley, y que él la cumplirá, para asegurar la buena marcha de la polis, aunque le parezca injusta.

Así responde Sócrates a Critón cuando éste le habla de fugarse: “Si en un momento determinado las leyes nos perjudican y creemos que están equivocadas, ¿Por qué no pensamos si también estaban equivocadas cuando nos beneficiaban?”

El maestro pensaba que “El ciudadano, a título personal, no es nadie para decidir la justicia o injusticia de las leyes” y afirmaba que “tanto en este mundo como en el otro, es mejor sufrir una injusticia que cometerla”.

Sin querer hacer paralelismos entre la España de 1978 y la de 2018 (recurriendo para ello a la alegoría de Sócrates), se puede decir que en España no solo estamos viviendo un enfrentamiento entre monarquía y república (Madrid y Barcelona, respectivamente) sino también entre la “vieja guardia, adoctrinada” y las generaciones del 15-M (y afines) que quieren romper con un pasado que pesa como una losa. Quizás haya llegado el momento de repetir la consigna del Mayo francés de “la imaginación al poder”.

En India, cuando los valores de una civilización han quedado viejos, se inicia la Danza de Shiva para destruir todo lo inservible. Luego aparece el dios Brahma (el creador) que esparce las semillas de lo nuevo para que nazca otra civilización.

El tercer dios, Vishnú, conserva durante un tiempo la obra de Brahma que pasará, como todo en la vida, por las etapas del nacimiento, juventud, madurez y decadencia. Al llegar a este punto, se reanuda otra vez la Danza de Shiva, y se repite el relevo de la Trinidad hindú, conocida en el país del Ganges como “La Sagrada Trimurti”.

-1-Diálogos de Platón, Págs. 83, 84 y 85. (Ediciones Bruguera, 1.984). Algunas de esas ideas son analizadas por los traductores y prologuistas María Juana Ribas y A. González Gallego.
-2- Idem.

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