Copa Conquistadores de América (II)

El Napoleón que no conoce Waterloo

“La Copa Corruptores de América, también conocida por el irreverente nombre de Copa Libertadores de América”

Dante Panzeri, periodista deportivo argentino (5 XI 1921- 14 IV 1978).
Autor de “Fútbol, dinámica de lo impensado”.

Aunque “el fútbol es fútbol”, como dice Perogrullo y repiten los hinchas más sobrios, el resultado de un partido importante, al menos en la Argentina, tiene consecuencias que van mucho más allá de las canchas. A pocas horas de terminada la superfinal de Madrid, la derrota de Boca Jurniors -el club del presidente Mauricio Macri cuya gerencia heredó su operador político-judicial Daniel Angelici- ante River, el archirrival del barrio de Nuñez que conduce Marcelo Gallardo, ya potencia internas, roscas y operaciones, tanto en el club de la orilla del Riachuelo como en distintos grupos del radicalismo porteño y hasta entre los rivales del todavía presidente xeneize en el gabinete nacional, que operaron sobre distintos medios para empezar una maniobra de pinzas que se lo lleve puesto.

El propio Macri contribuye al panorama con su manía de meter el fútbol en sus discursos, mezclar el tema deportivo con la política partidaria y confundir al país con su parcializada pasión por el deporte de la pelota. Empujado por sus asesores, el lunes 3 de diciembre el mandatario se lanzó a las cámaras con la intención de “capitalizar” la presencia de los líderes del mundo que acababan de reunirse en Buenos Aires con motivo de la reunión del G20 y, por lógico protocolo, aparecieron en las fotos junto al anfitrión .
Los expertos presidenciales en comunicación trataron de homologar el “ambiente” creado por la cumbre con las condiciones de optimismo y confianza ciudadana que generaron los festejos del “Bicentenario” argentino en 2010, uno de los factores que confluyeron en la aplastante victoria de Cristina Kirchner en su reelección del año siguiente.

La realidad, en especial “los mercados” a los que siempre presta atención, tardaron pocas jornadas en darle la espalda a sus fantasías. Casi del mismo modo que los “chalecos amarillos” franceses desnudaron lo que había tras la imagen atildada y sonriente de su presidente, Emmanuel Macron, a quien Macri intenta parecerse. El galo, apenas un mes antes, había reunido a más de 70 jefes de Estado en el “Centenario del Armisticio de la Primera Guerra Mundial”, muchos más que los 20 de Costa Salguero, y hoy está contra las cuerdas, “odiado, acosado, mudo”, según los analistas europeos que miran incrédulos como los que manifiestan, y los que no lo hacen, piden la renuncia del ex empleado y asociado de la banca Rothschild & Cie a quien habían votado con entusiasmo.

A caballo de una ola pasajera, que los “asesores” del PRO confundieron con una corriente marina,
el CEO de SOCMA pretendió barrer bajo la alfombra del glamour, el tuteo a “Donald” y la elegancia de su primera dama la peor crisis social y económica que vive el país desde 2001, aceleró sus planes de instalación de las políticas represivas que fogonea la ministra de Seguridad Patricia Bullrich (a quien incluso miden como potencial miembro de una fórmula presidencial que él encabezaría) y, en el revoleo demagógico, trató de incluir un proyecto de combate contra las barras bravas en el fútbol, una maniobra improvisada después del papel escandaloso de las fuerzas de seguridad de la Nación y de la Ciudad de Buenos Aires encargadas de controlar la revancha en el Monumental de Núñez del partido disputado en la Boca entre el local y River Plate .

Con su costumbre, ya desgastada, que ironiza el “meme” que encabeza esta nota, volvió a responsabilizar al kirchnerismo de ese fenómeno de negociados ilegales con complicidad policial que rodea a los clubes en el país, con el que él convivió y fortaleció durante sus presidencias en el club azul y oro entre 1995 y 2007. Como agregado novedoso de “la pesada herencia” que le diese muy buen rédito electoral, al lograr que un sector de la población votase “en contra” antes que en su favor, afirmó que “El kirchnerismo generó un antes y un después: las barras no tenían el nivel de relación con la política que tuvieron a partir del kirchnerismo; lo digo con la autoridad de haber sido presidente de Boca y ver una barra comportarse de una manera hasta el kirchnerismo y después del kirchnerismo”.

Olvidó que su club está manejado por su procónsul Angelici, confeso responsable de presiones sobre las autoridades de la AFA para reducir sanciones a sus jugadores, jefe político de Martín Ocampo, el renunciado ministro de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, uno de los encargados del inexistente operativo que debía proteger al transporte de Boca en la llegada a la cancha de River el sábado 24 de noviembre pasado. La otra comprometida con los hechos fue la ministra Bullrich por cuya cuenta corrió el control del “tercer anillo” de seguridad, a la postre escenario de lo peor del vandalismo riverplatense. Sin embargo, decidieron preservarla de culpabilidades, a raíz de la necesidad de “cuidar” su imagen para mantener la fantasía de que era la encargada de la seguridad del G20 y frente a especulaciones electorales que apuestan a una “bolsonarización” del discurso, que tan bien actúa la ministra.

Solo 48 horas después del despegue del último de los aviones que devolvió a jefas y jefes de Estado a sus países, el “riesgo país” voló hasta las nuevas nubes de la crisis argentina, la Unión Europea planteó su interés en reimponer aranceles al biodiesel argentino, las acciones de las empresas con fondos en Argentina perdieron valor, el dólar reinició su trepada hacia los $50 que calculan los analistas de cualquier pelaje para fines del año entrante. Las mieles de las jornadas que agotaron al mandatario y lo mandaron hacia su enésima vacación en tres años de gobierno, resultaron ser de cartón piedra.

Delem pateó de nuevo el penal
Otro empresario, privado y del fútbol, presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, decidió secuestrar la Copa Libertadores y pateó el River-Boca que debía disputarse en Nuñez, a la cancha del Real Madrid, donde asienta sus reales Florentino Pérez, colega y amigo de Macri, titular de la empresa que concesiona los accesos Oeste y Norte a la Capital Federal.

Convertida en “Copa Conquistadores de América”, la final se disputaría el 9 de diciembre, una fecha de coincidencias históricas y deportivas: aniversario de la última batalla de los patriotas latinoamericanos contra España, en 1824 en la peruana Ayacucho , y a 58 años exactos del penal que el riverplatense Vladem Lázaro Ruiz Quevedo -conocido como Delém- le pateara a Antonio Roma, el arquero boquense que se adelantó, dos, tres pasos, se tiró hacia su derecha… ¡y se lo atajó! Los de River protestaron, pedían que el tiro se ejecutara de nuevo y el árbitro Carlos Nai Foino, con su metro 82 y sus 105 kilos, les mandó una frase exacta, hoy inscripta en la historia de la pelota: “Aire, aire; salgan, córranse, basta de llorar, penal bien pateado es gol. Les doy un penal en la cancha de Boca, faltando cinco minutos, se juegan un campeonato, lo patean como el orto y lo quieren patear de vuelta… Aire, aire…”, según el recuerdo de un inefable del periodismo deportivo, Ernesto Cherquis Bialo.

El partido terminó enseguida, Boca ganó 1 a 0, hasta ese día los dos grandes iban empatados en puntos y en la fecha siguiente salió campeón. Los de la Banda se sumergieron en una racha infausta que solo lograron romper en 1975, de la mano de Angel Labruna. La otra ilustración en el arranque de la nota muestra el sentimiento de un hincha, seguramente veterano, que esperó hasta el domingo 9 de diciembre de 2018 para ver cómo Delém volvía a patear la pena máxima y, esta vez, la metía. Cosas de la fantasía que pocas cosas, como el fútbol, logran que los hinchas vivan, o crean vivir.

Cuando las malas llegan, lo hacen en malón. Casi al unísono con el colectivo boquense que trasladaba a los derrotados por las autopistas porteñas, el presidente de la República Argentina, Mauricio Macri, se enteraba de que su padre, Franco, y su hermano Gianfranco eran citados a indagatoria, acusados del pago de coimas para renovar contratos de peaje, en una derivación de la causa por las “fotocopias de los cuadernos”. Todas las alarmas sonaron en la Casa Rosada, porque el propio mandatario era el jefe formal, legal, público, del grupo familiar controlante de Autopistas del Sol durante los años bajo careo.

Los familiares presidenciales zafarán al menos de la cita urgente a Comodoro Py, uno por estar fuera del país, el otro porque sus 88 años fueron usados para arrojarlo al rincón de la inimputabilidad y desplegarlo como paraguas protector de las causas judiciales que acechan al mandatario, como lo fue, y a la velocidad del rayo, en los Panamá Papers, al afirmar que el dueño de las offshore no declaradas por Mauricio, en verdad, pertenecían al fundador del clan.
De todos modos, la familia deberá responder sobre los accesos Norte y Oeste a Buenos Aires, en las que sus empresas participaban. Aunque en este caso se remite a los supuestos sobornos, la historia va mucho más lejos. Ya instalado en Balcarce 50, las -por lo menos- incompatibilidades entre los negocios y negociados con la gestión pública, pusieron a Macri en el límite de la ilegalidad, solo evitada por el apoyo de los organismos de “contralor” del Estado y por la opacidad informativa de los principales grupos de medios del país.
Macri –Mauricio- era la cabeza de SOCMA, sociedad controlante del holding SIDECO, el imperio familiar que Franco cedió a sus hijos, dentro del cual se encontraba la sospechada IECSA. A través de SIDECO, el grupo controlaba el 7% de Autopistas del Sol, concesionaria de los 120 kilómetros de la Panamericana. El deslizamiento desde el sillón principal de SOCMA hasta la butaca presidencial puso en evidencia las incompatibilidades legales y éticas entre el plan de negocios de las corporaciones triunfantes en 2015 y la gestión de un programa de gobierno. La causa “Correo Argentino” instaló de manera negativa a los Macri en el centro de la escena política y fue el primero de los más fuertes golpes contra la imagen de un Presidente que aspira a su reelección. El Grupo intenta pagar la deuda contraída con el Estado al valor nominal, licuarla con la inflación y, además, cobrar juicios contra el fisco. En castellano sencillo: bajar su deuda estimada en $4.700 millones a solo $ 300 millones y alzarse con otros centenares de millones.

Con la lógica parasitaria del Estado desarrollada a lo largo de más de medio siglo, el presidente Macri benefició al gerente Macri con el aumento de entre el 60 y el 100% de los peajes de las autopistas metropolitanas. Poco después, vendió las acciones de Autopistas del Sol por un precio cuatro veces mayor al de 2015. Uno de los compradores fue Natal Inversiones, socia de ACS en Abertis… y ACS es propiedad del merengue Florentino Pérez. La Autopista del Oeste, está controlado por Acesa “una de las más importantes empresas del grupo Abertis, líder europeo en gestión de infraestructuras y uno de los principales grupos empresariales por su rentabilidad y capacidad financiera”, según ilustra su propia página institucional. Dos de sus gerentes fueron citados a indagatoria en la misma causa que los Macri, aunque la prensa argentina no los haya detectado.

Parafraseando a los vendedores de merchandising en el Bernabéu, en el Obelisco y en todas las esquinas de la Argentina, podría decirse que, “por si esto fuera poco”, el numen de Daniel Angelici, decidió entregarle al dueño de “la Casa Blanca”, una “compensación” por una devaluación mayor a la prevista (generada intencionalmente por sus funcionarios) y ante la “caída de la circulación de autos un 5% superior a la proyección estipulada”. Dos días después de la “gracia” argentina, Florentino abrió las puertas de su palacio deportivo, aquel en el que se jugó la final en la que Marcelo Gallardo esquivó el Waterloo y condujo a River hasta la Copa Mundial de Clubes de la FIFA en Emiratos Árabes Unidos.