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La extrema derecha y Bannon unidos para destruir la Unión Europea (y Unasur)

Con el objetivo de “destruir” la Unión Europea (UE), Steve Bannon, el estratega político que llevó a Donald Trump al poder y duró menos de siete meses como consejero del presidente, acaba de crear una organización política, con sede en Bruselas, que pretende unificar todos los movimientos de extrema derecha y populistas en Europa.

La estrategia no es novedosa para América Latina, donde para imponer el pensamiento único y reorganizar la dependencia regional de las políticas de Washington y de los intereses de las grandes megaempresas trasnacionales, la derecha fue, paso a paso, desarticulando el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), destruyendo los procesos integradores desarrollados en los últimos tres lustros.

Los neoconservadores latinoamericanos

Eduardo Bolsonaro, el hijo de Jair, el presidente electo de Brasil, organizó una “cumbre” en Foz de Iguazú con el objetivo de aunar a la extrema derecha de América Latina, y organizar un movimiento capaz de coordinar estrategias. Un hombre clave con gran influencia sobre Bolsonaro es Olavo de Carvalho, el Steve Bannon brasileño, quien dijo que “hay que hacer con la izquierda lo que los conquistadores españoles hicieron con los aztecas”.

Eduardo Bolsonaro ya venía manteniendo con Bannon, con representantes de la bancada del ex presidente colombiano Álvaro Uribe y con John Bolton, Consejero de Seguridad Nacional de los EU, En Foz declaró que Brasil “podría ser sede de un tribunal para juzgar las dictaduras comunistas de Cuba, Venezuela y Nicaragua”, apoyando de esta manera una idea del opositor cubano, residente en Miami, Orlando Gutiérrez, también asistente a la cumbre.

Esta lógica discursiva de lucha “contra el comunismo” que parece salida de los años de la Guerra Fría, en realidad esconde un rechazo visceral a la mal llamada “ideología de género”, a los inmigrantes, a los trabajadores, los negros e indígenas, y en defensa a ultranza de la inversión privada y de las reformas fiscal y laboral que insisten en adelantar los gobiernos neoliberales de la región en desmedro de las grandes mayorías.

Entre los participantes de Chile, estuvo el ultraconservador excandidato presidencial José Antonio Kast; el abogado e integrante del Consejo para la Transparencia, Francisco Javier Leturia, y el ingeniero civil y director del International Center for Pension Reform, Carlos Gómez.

En videoconferencia desde Colombia, el genocida expresidente Álvaro Uribe señaló la línea: seguridad, impermisibilidad para con el crimen y el narcotráfico, y “una gran inversión privada, porque sin ella no hay política social”. O sea, represión, lawfare y permisividad para la expoliación de las riquezas naturales de la región por las trasnacionales y quita a las trabas para el capital financiero.

Otros colombianos participantes fueron el general (R) Jorge Jerez Cuéllar, comandante de operaciones contra las FARC y la senadora María Fernanda Cabal Molina. A ellos se sumaron los venezolanos Roderick Navarro (Rumbo Libertad), y Miguel Ángel Martín, expresidente del Tribunal Supremo de Justicia, exilado en EU y el senador paraguayo Fidel Zavala.

Dinamitar la UE

La meta de Bannon es la de provocar una “rebelión continental contra las elites” y el paneuropeísmo, que deberá estallar en las urnas en las elecciones del Parlamento Europeo, previstas para mayo de 2019. “No hay que tomar a la ligera los proyectos europeos de ese príncipe de las tinieblas”, advirtió el ensayista alemán Tilman Jens, autor de la biografía Stephen Bannon: el oscuro susurrador de Trump.

Las elecciones al Parlamento Europeo suelen ser una anodina pugna entre los acalorados llamamientos de las instituciones comunitarias a la participación y la indiferencia de una gran parte de la opinión pública. Pero en mayo próximo se calentará por el auge de los partidos ultraderechistas. “Será el primer cara a cara entre el populismo y el partido de Davos”, dijo Bannon.

Durante 40 años el Parlamento ha estado dominado por las dos grandes familias europeas (populares y socialistas) con los liberales y verdes completando un bloque pro-UE. Los euroescépticos y la extrema derecha han ganado peso, pero suman 170 escaños, insuficientes para marcar o paralizar la agenda parlamentaria. Ese bando perderá, tras el Brexit, los apoyos británicos (38 escaños), pero Steve Bannon espera coaligar a grupos de varios países e incluso atraer a la facción dura del Partido Popular Europeo (PPE).

Su entrada en escena preocupa a la elite comunitaria. “Bannon tiene el plan y el dinero para influir en las próximas elecciones europeas”, avisa el grupo liberal del Parlamento Europeo, que incluso ha lanzado una recogida de firmas para mostrar rechazo a las ideas del estadounidense. “Quiere unir a los Orbans, LePens, Wilders y otros extremistas con el objetivo de acabar con los valores europeos”, acusan los liberales, cuarto grupo parlamentario con 68 de los 751 escaños.

“La historia está de nuestro lado y nos llevará de victoria en victoria en toda Europa”, profetizó el ideólogo ultraconservador de 64 años, al anunciar la creación de su nueva estructura, la semana pasada. La nueva corriente política, bautizada The Movement (El Movimiento), fue lanzada en Londres, pero tendrá su sede en Bruselas. Es una fundación inscrita en Bruselas en 2017 por Mischaël Modrikamen, abogado y miembro del minoritario Partido Popular belga.

El Movimiento será su vehículo para apoyar a partidos ultraderechistas (aun llamados nacional-populistas) de cara a las parlamentarias con la aspiración de formar un “supergrupo” euroescéptico. Un caballo de Troya para desintegrar la Unión: esa es la fantasía de Bannon. “Lo que viene es el populismo de derechas. Eso gobernará”, dijo a The Daily Beast.

“Soy un luchador callejero”, dijo al portal The Hill, y agregó que la separación de padres y niños inmigrantes en la frontera fue “una solución muy humana”. Bannon se quedó huérfano de poder desde que Trump lo despidió en agosto de 2017 y más aún cuando en enero pasado el presidente dijo que había “perdido la cabeza” por criticar a sus hijos en un libro. A continuación, la familia Mercer, su mecenas, lo dejó tirado y el portal ultra Breitbart le enseñó la puerta de salida.

Bannon está asociado a Raheem Kassam, asesor de Nigel Farage, exlíder del partido británico antieuropeo UKIP y uno de los principales promotores de la campaña por la salida de Gran Bretaña de la UE (Brexit). Coincidentemente, el Brexit fue apoyado tanto por Bannon como por Robert Mercer, uno de los multimillonarios que luego financió la campaña de Donald Trump.

Aún diputado europeo, Farage será uno de los principales dirigentes de El Movimiento, junto con Louis Aliot, vicepresidente del partido francés de ultraderecha Reunión Nacional (ex Frente Nacional), que dirige su esposa, Marine Le Pen.

La red de contactos que tiene Bannon en Europa incluye a todos los principales líderes de la escena ultraderechista, desde Alice Wedel, vocera del partido Alternativa para Alemania (AfD), hasta Marine Le Pen en Francia, el holandés Geert Wilders y el italiano Matteo Salvini, ministro del Interior del nuevo gobierno derechista.
Montado sobre Vox

Steve Bannon, jefe de la campaña electoral de Trump en EU estaba muy atento a los resultados de las elecciones en Andalucía (España) y sobre todo del desempeño de su socio político, el ultraderechista partido Vox. España era la última parada de su viaje europeo para exportar el trumpismo a Europa y fundar una Internacional Ultraderechista.

Al fin de la jornada, contaba con 12 nuevos eurodiputados para apoyar la campaña para la retirada de cada país de la Unión Europea, para el combate xenófobo a la migración (disfrazado de nacionalismo) y en defensa del oscurantismo religioso, y para destruir la globalización para beneficio del neoconservadurismo quasi fascista…

Bannon los instruyó a usar las redes sociales al estilo de Trump y para eso contó con los perfiles de los usuarios andaluces. Pero también con mucho dinero, de empresas trasnacionales estadounidenses interesadas en el fin de la Unión Europea como bloque.

Fabricando el personaje

Kurt Bardella, ex colaborador estrecho de Bannon opina que Europa es solo una vía para alimentar su personaje: “Por sí mismo no es nada. No es un líder. Es un organismo que necesita de otro para vivir, como un parásito”. A juicio del experto holandés en extremismo Cas Mudde, “resulta tan ridículo que él proclame que quiere unir a la derecha radical europea como que los medios lo publiquen acríticamente (…) Nada tiene de “Rasputín” ni de “prodigio político” sino de “venderse a sí mismo como operador político exitoso a inversores y periodistas”.

Bannon, ex editor de Breitbart News, es el gurú de las campañas electorales de los partidos de ultraderecha y el armador de una internacional parda generadora de animadversión hacia China, los musulmanes y los africanos. Sus tentáculos alcanzan a Jair Bolsonaro, Europa y EU.

Desde que Bannon empezó a coquetear con Europa, solo se han mostrado dispuestos a trabajar con él dos partidos marginales y sin la más mínima presencia a nivel comunitario como el español Vox y el belga Partido Popular. En Francia cuenta con la simpatía de Marine Le Pen y su Reagrupamiento Nacional pero miembros del partido han descartado cualquier plan “supranacional”. Tampoco Alternativa por Alemania (AfD) piensa en cooperar con él.

Tras abandonar Washington, Bannon se consolidó como referente de todos los grupos neonazis a nivel mundial y se ofreció como operador mediático y de redes sociales para constituir una internacional de la derecha alternativa, eufemismo con el que se designa a quienes se oponen a los procesos migratorios, la cooperación multilateral, la distribución de la riqueza, el mestizaje cultural y el crecimiento del sudeste asiático como expresión de la decadencia del occidente hegemonizado por EU.

Bannon ha sido acusado por el ex director del FBI y actual fiscal especial, Robert Muellen, de ser parte de una asociación destinada a realizar maniobras informáticas ilegales y manipulación de la opinión pública para posibilitar el triunfo de su por entonces jefe, el magnate Donald Trump, recuerda Jorge Elbaum.

Entre las investigaciones comandadas por Muellen figura la campaña en redes sociales contratada por Bannon e implementada por la empresa Cambridge Analytica, que identificaba grupos sensibles entre el electorado estadounidense, a quienes se les dirigían anuncios falsos destinados a sembrar o multiplicar la animadversión hacia los potenciales seguidores de Hilary Clinton.

Fue durante su periplo por Londres, que Bannon y Mercer conocieron a Alexander Nix. Mercer decidió invertir 15 millones de dólares en la conformación inicial de Cambridge Analytica (CA), que tiempo después fue denunciada por manejos turbios de redes sociales y operaciones encubiertas contra candidatos en todas partes del mundo, inclusive de México, Colombia y Argentina. Bannon se constituyó en vicepresidente de CA desde junio de 2014, empresa contratada. por Jared Kushner, yerno de Trump.

Luego mantuvo encuentros públicos con el partido neonazi alemán, Alternativa por Alemania, y el Frente Nacional francés. Invitado a hablar en un congreso de la agrupación fascista francesa en Lille, expresó que debían “portar como una medalla de honor el que les llamasen racistas o xenófobos”, por su defensa de la identidad nacional.

El tema migratorio aparece como una constante en los discursos reaccionarios. El extraño, el extranjero, el portador de una identidad ajena a la hegemónica, es descripto como un peligro potencial de contaminación respecto de la pureza identitaria, racial, cultural o religiosa de una nacionalidad determinada.

Bannon también visitó Hungría, donde aduló sin miramientos al primer ministro Viktor Orban, de frente Fidesz, que sustenta la retórica más xenófoba de Europa: “Orban fue Trump antes que Trump”, dijo. En Suiza se ruenió con los líderes de Alternativa por Alemania, el grupo neonazi que obtuvo la tercera minoría en las últimas elecciones, y en Bruselas con los Demócratas de Suecia (que superaron el 20% en los últimos sondeos) y con el ultraconservador partido de los Verdaderos Finlandeses.

Bannon es el ideólogo y publicista de un programa restaurador orientado a dinamitar la globalización y permitir a Occidente la recuperación de una centralidad que viene perdiendo desde hace 40 años. La globalización fue funcional a las fracciones más concentradas del capital trasnacional pero se mostró incapaz de diseminar esos beneficios en el mercado interno estadounidense, ni evitar que China se constituyera en la locomotora productiva mundial.

Bannon es el caballito de Troya de la expresión resentida de ese fracaso. Quizás el más claro exponente comunicacional de una frustración que se viste con retórica y colores belicistas para intentar frenar una multipolaridad en auge, una hibridación cultural imparable y la reconfiguración de las relaciones globales con unos Estados Unidos menos hegemónicos.

El autor, Mirko C. Trudeau, es economista-jefe del Observatorio de Estudios Macroeconómicos (Nueva York), Analista de temas de EU y Europa, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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