Orwell-La Sagrada Familia

George Orwel: Los anarquistas debieron volar por los aires la catedral de la Sagrada Familia, el templo icónico de Barcelona

Arjuna    23.Dic.2018    Opinión

George Orwell, quien combatió en la Guerra Civil española (1936-1939) contra el general golpista Francisco Franco -que impondría una dictadura militar de 40 años- dijo que “la catedral” de La Sagrada Familia, ubicada en Barcelona, era el monumento más horroroso que había visto en su vida y que los anarquistas debieron volarlo por los aires para hacer un favor a Cataluña.

George Orwell (1903-1950), quien combatió en la Guerra Civil española como miliciano del Partido Obrero Unificado Marxista (POUM), -aunque él deseaba formar parte de las Brigadas Internacionales- relata en su obra “Homenaje a Cataluña” que en esa región había una absoluta irreligiosidad y que se había procedido a una destrucción masiva y sistemática de iglesias.

El autor de “Orwell, 1984” y “Rebelión en la Granja” que estuvo en los frentes de Huesca y Aragón entre diciembre de 1936 y junio de 1937 (recibió un disparo en el cuello el 20 de mayo de 1937), lo explica así:

Me sorprendió que la gente de aquella parte de España careciera de sentimientos religiosos, al menos en el sentido ortodoxo. Es curioso que, en todo el tiempo que pasé en España, nunca viese a nadie santiguarse, pese a que, con revolución o sin ella, un gesto así es instintivo. Es evidente que la Iglesia española volverá (…) pero tampoco hay duda de que al principio de la revolución (obrera y campesina) se hundió y quedó hecha pedazos (…) Para los españoles, al menos en Cataluña y Aragón, la Iglesia es simplemente una maquinaria de robo organizado. (Homenaje a Cataluña, Ed. Penguin Randon House, DEBOLSILLO, Pag. 87).

George Orwell, que en aquel entonces tenía 33 años de edad, vivió, entre otras cosas, los sucesos de Mayo de 1937 (graves enfrentamientos que reflejaron la división entre las fuerzas de la República) y, aunque “padeció el conflicto hasta los tuétanos”, en sus ratos libres paseaba por Barcelona “para conocer mejor la calle”.

Un día se topó con la Sagrada Familia y, al confundirla con la Catedral de Barcelona, escribió:

Por primera vez desde que llegué a Barcelona fui a echar un vistazo a la catedral, un templo moderno y uno de los edificios más espantosos del mundo. Tenía cuatro torres almenadas con forma de botella de vino. A diferencia de la mayoría de las iglesias de Barcelona, no había sufrido daños durante la revolución: la gente decía que la habían conservado por “su valor artístico”. En mi opinión los anarquistas demostraron tener muy mal gusto al no volarla por los aires cuando tuvieron la ocasión, aunque colgaron una bandera negra y roja entre sus torres. (Ibídem, Pág. 203).

En varias crónicas políticas que he escrito con anterioridad sobre George Orwell y su “Homenaje en Cataluña” he pasado por alto sus comentarios acerca de La Sagrada Familia, ya que no encajaban en el texto. Quizás podemos pensar que el escritor inglés, en lo que se refiere a “arquitectura artística”, era un ignorante, pero… ¿Por qué no podemos ver su valoración espontánea, sin prejuicios, como una sana manifestación del ser?

Tal vez podríamos llegar a la conclusión ¿Por qué no? De que “el gusto es algo impuesto” y que tiene “los mismos efectos colaterales” que el “adoctrinamiento político”. Es decir, los que realmente ostentan el poder “nos educan para que el rebaño utilice lentes monocolores”. ¿Está mal visto vivir como un librepensador, ir por libre, ser independiente, tener ideas propias y romper con las corrientes de pensamiento dominantes?

Voy a ir más lejos, a mi no me gusta “El Guernica” de Picasso. Me parece “una obra de cartón piedra” que “necesita ser explicada” para que el aprendiz de turno “sienta en el corazón el horror del bombardeo y la guerra”. El genial pintor además tenía ideas políticas un “poco ambiguas” y cuando le encargaron la obra vivía en París “la vie boheme”.

Imágenes como la niña del Napalm, la pequeña que fue quemada viva en Vietnam, sí tocó el corazón del mundo y, “sin necesidad de nadie que nos tenga que explicar lo que tenemos que ver”, nos damos cuenta de cómo duele “el infierno de la guerra”.

A mi juicio, “el Grito de Munch” explica también, muy bien, qué pasa con un ser humano cuando tiene “el cerebro en llamas”.

Tal vez “el mercantilismo que domina el mundo del arte” carece de alma y de belleza en sentido “rilkeano”, lo que es esencial en cualquier manifestación artística. El filósofo catalán Eugenio Trías (el único Premio Nietzsche de Filosofía que tiene España) señala parafraseando a Rilke, que “lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar”. (Eugenio Trías, Lo Bello y lo Siniestro, Penguin Randon House, DEBOLSILLO, Pág. 33).

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