Entrevista a Sonia Corrêa

El camino de Bolsonaro y cómo instalar la violencia social

Ana Acosta    05.Feb.2019    Opinión

Jair Bolsonaro carga a una niña de menos de cinco años, toma su mano y le hace simular que sus dedos son una pistola, aprieta el gatillo invisible y sonríe. En otra escena se lo mira en el Congreso gritándole a una diputada “nunca te violaría porque eres fea”. En otra imagen, está en una entrevista respondiendo a una periodista que le cuestiona sobre su declaración de que golpearía a su hijo si fuera homosexual “a ti no te golpearía porque eres guapa” le responde. Una tras otra, imágenes, declaraciones del nuevo presidente de Brasil que nos estremecen y provocan un mezcla de rechazo e indignación. Pero Bolsonaro significa para Brasil y la región mucho más que estas veloces imágenes.

Sonia Correa investigadora, académica, feminista brasileña lo explica desde una mirada histórica, de largo alcance, donde una sola razón no basta para comprender lo que significa la llegada al poder de alguien como Bolsonaro y la activación de un conservadurismo y violencia en el centro de la misma sociedad, algo que llama una “expresión de fascismo social” en Brasil y en la región.

¿Qué permite que un personaje como Jair Bolsonaro llegue a la presidencia de Brasil?
Son los temas estructurales que no han sido solucionados con la democratización brasileña. El primer tema es la violencia estructural vinculada con el tráfico de drogas que hace que en los últimos años hayamos tenido más de 60 mil homicidios. Eso crea un clima de inseguridad, temor, miedo real pero que también ha sido sistemáticamente refabricado, reconstruido desde la solución penal y de armas por sectores de derecha, de donde viene Bolsonaro. Esto produce una realidad de temor, de desorden que ha sido muy claramente movilizada y activada por esas fuerzas en el proceso electoral. Bolsonaro es representante de las voces que piensan que debe haber pena de muerte, libre uso de armas, endurecer las sanciones, una posición criminalizante.
El otro tema estructural, que no solo es de Brasil sino de América Latina, son los procesos de materialización de la región en los últimos treinta años, algunos con mayor intensidad, en los países que salieron de dictaduras y también países en los que se dio más tarde y con más baja intensidad como fue el caso de Ecuador, Colombia, México. Así mismo como las transiciones de guerra en Centro América. Estos procesos no han tenido la capacidad de responder, de solucionar de manera sostenible, las inequidades económicas y sociales.

El tercer tema estructural es la corrupción. La democracia no ha solucionado el tema de la corrupción política. La corrupción siempre ha existido, pero especialmente la corrupción en los gobierno de izquierda ha tenido un significado diferente, al colocarse en la agenda.
Tienes un escenario de cambios socio económicos, demográficos muy importantes, como por ejemplo la urbanización, las estructuras familiares, las mujeres en el mercado del trabajo y en la educación, los cambios en el tema de fecundidad. Todo eso ha estado en curso desde los años sesenta, que ha ido cambiando las estructuras.

Finalmente hay que considerar que los temas de género, sexualidad, familia constituyen el punto duro de sociedades organizadas en torno al orden de los sexos, la familia y la democracia. En los últimos treinta años, no solo en la región, se han desestabilizado esas formas de forma profunda, en las agendas de derechos humanos, sexualidad, genero, reproducción. Además viene la democratización con la idea de los Derechos Humanos, los Derechos de las Mujeres, los derechos sexuales y reproductivos, el aborto. Todo eso se politiza.

Entonces tienes temas estructurales como la inequidad social que no se soluciona, tienes la violencia estructural a la cual los gobiernos democráticos de izquierda no han sido capaces de dar una respuesta consistente, y tienes la corrupción. Y sobre todo eso, no se puede analizar lo que pasa en Brasil, sin comprender que eso tiene una conexión muy fuerte con la expansión neoliberal. En el caso de Brasil, como de otros países de América Latina, los gobiernos post regreso a la democracia han mantenido estructuras estatales, no han privatizado todo. Brasil, por ejemplo, ha mantenido un sistema público de salud, escuela pública incluso Universidad pública y eso para las condiciones del neoliberalismo feroz tiene que eliminarse ya que lo considera como un estanque para el crecimiento.
Todo esto es como un caldo de cultivo muy complejo. Como ves no es posible decir lo muy sencillamente, yo no quiero correr el riesgo de atribuir a una sola razón.

Las derechas han juntado todo esto en un paquete y han utilizado estrategias que movilizan los afectos, las emociones entorno a eso. Juntaron todo los temas del sexo, género, con la mantención del orden frente al desorden y la violencia estructural de una manera muy compleja. Han sido capaces de activar un conservadurismo básico de la sociedad y hacerlo proactivo, protagonista de la política. Esa idea del “Caballo de Troya del Género” que junta todo eso es un saco, es lo que está pasando en Brasil y le dio llegada a la agenda de la derecha más extrema.

Bolsonaro es evangélico y tiene un discurso religioso fundamentalista. ¿Qué papel juega la iglesia en todo esto?

En toda América Latina la Iglesia que ha sido en dos décadas muy progresista ­–al menos en los temas sociales– ha sufrido los impactos de la restauración conservadora del Vaticano que remonta a los años ochenta. El retorno a la democracia en América Latina se hizo paralela al creciente conservadurismo de la Iglesia Católica y la expansión de las Iglesias Evangélicas.

Hemos hecho un pequeño estudio mirando cómo la llamada “ideología de género” apareció y como creció, a través de los medios religiosos desde el 2007, medios religiosos digitales católicos, evangélicos, y la comunidad de cardenistas espirituales que son bien importantes entre las clases medias y tienen su prensa, ellos nunca hablaron de “ideología de genero” sino del aborto, un tema antiguo; pero los medios de comunicación católicos empiezan a hablar de la “ideología de genero” desde el 2013 y es ahí donde se juntan con los evangélicos que ya lo venían haciendo desde antes y estos ganan adhesiones.
La población en Brasil que se adscribe como evangélica son apenas el 28% hoy día, con una visión bastante desigual entre los Estados. Hay lugares donde hay más, por ejemplo Rio de Janeiro tiene una población evangélica muy grande, y tenemos hoy una Iglesia Católica mayoritariamente conservadora, desde la restauración conservadora de Juan Pablo II, pero hay sectores que están más alineados a un ala más moderada que representaría la posición del Papa Francisco y eso está en tensión dentro de la Iglesia ahora.

Las elecciones estuvieron en tensión porque el grupo sur de la Conferencia Nacional de los Obispos sacó un documento en el que, si bien no dice el nombre de Bolsonaro, pero dice que no es posible que los católicos vayan a votar por una persona que propone, la violencia y la discriminación. Fue un documento que creó un remezón grande en los grupos partidarios de Bolsonaro. Ahí se vio que estos grupos fundamentalistas son una parte, pero hay una tensión interna fuerte de la Iglesia Católica que se vio en las elecciones.

¿Bolsonaro es un ex militar, qué incidencia ha tenido esto en su elección?
El tema de los militares es fuerte. Brasil a diferencia de Chile, Argentina, Uruguay, el mismo Perú, no ha hecho un proceso de justicia transicional después de la dictadura. Los militares involucrados nunca fueron juzgados. La Ley de Amnistías lo que hizo fue tapar la responsabilidad de todos. No se ha hecho un proceso a fondo como se ha hecho en Argentina y Chile, de revisión de lo que ha pasado con los crímenes de Estado de los militares en la dictadura, una revisión desde los Derechos Humanos, lo que significa que el sector militar en Brasil se ha quedado muy protegido y se siente con la fuerza de retomar su rol político, con mucho menos pudor.

La dictadura en Brasil sucedió entre 1965 y 1985. La Constitución con principios fundamentales de Derechos Humanos fue aprobada en 1988. Son veinte y cinco años de la primera elección directa presidencial que fue en 1989. Si bien no tuvimos la escala de violaciones como las dictaduras de Chile y Argentina, sí hubo situaciones de torturas sistemáticas, presos, desaparecidos, casos no solucionados y gente que fue asesinada en la cárcel, donde están involucrados personajes que en este momento están volviendo, tanto torturadores como víctimas. La figura de la dictadura está circulando en la política brasileña por lo menos durante los cinco últimos años.
Hay grupos que fueron afectados en la dictadura, de los que no se habla mucho, por ejemplo, lo que pasó con las poblaciones indígenas por los proyectos de desarrollo de la dictadura militar, campesinos que fueron atrapados en una guerrilla en la selva amazónica y no fueron reconocidos como víctimas de la dictadura.

En la dictadura hubo acciones de “limpiezas de la moral”, asesinatos de prostitutas, homosexuales en las calles, no en una escala nacional, pero sí en un régimen autorizado, Policías y Alcaldías que tomaron la medida de “limpieza de calle”.
Si bien se hizo una Comisión de la Verdad para recuperar esas historias, una Comisión de Memoria, pero la sociedad política y la sociedad brasileña no hemos procesado a fondo las experiencias de la dictadura, del autoritarismo y la brutalidad.

¿Cómo logra calar el discurso conservador de Bolsonaro en una sociedad como la brasileña?
Todo lo que dije antes cuenta ahora en las clases medias y altas que se han derechizado. Por ejemplo las clases medias y altas hacen un ataque brutal al tema de cuotas raciales o étnicas en la universidades, que es la política de becas para estudiantes afros, negros, indígena, que hizo Lula y luego mantuvo Dilma. Este es uno de los temas a los que se oponen. Pero claro esto no se puede comprender sin la historia del esclavismo y el racismo en Brasil.
El tema de la “ideología de género” ha logrado movilizar sentimientos de confrontación, y es un tema que también está anclado en estructuras más antiguas de la familia tradicional. A pesar que en Brasil el 40% de familias tienen de cabeza de hogar a una mujer, Bolsonaro se atrevió a decir que el problema en Brasil es que esas familias de mujeres con jefas de hogar “producen puros marginales”. Esto tuvo un fuerte rechazo, incluso de periodistas de derecha que dijeron que fueron criados por dos generaciones de mujeres jefas de hogar mujer, abuela y madre solas. Pero a pesar de eso, el discurso de la “protección de la familia tradicional” caló en las clases medias y altas.

Otro tema es el que tiene que ver con el ataque directo al Partido de los Trabajadores (PT). El “anti petismo” es como un punto clave del contexto electoral. Las fuerzas de derecha han conseguido crear una polarización entorno al “antipetismo”, que es palpable y con la acusación de corrupción del aparato de Estado aún más.

Jorge Scala autor de un libro que se llama “La Ideología de Género o el Género como herramienta de poder” dijo que el género y el feminismo son el nuevo rostro de la izquierda, entonces el discurso fue : “la izquierda es el PT”. Esto lo llaman el “peligro del marxismo cultural” que se convierte en “dictadura del proletariado”. Entonces hay gente que lo cree, y lo toma en serio. Si vemos otros países de América Latina, estos discursos del miedo a una supuesta “ideología de género” caló en Colombia en el referéndum de Paz, en las elecciones de Costa Rica en el que casi gana un extremista evangélico. Además han usado el tema de Venezuela y Nicaragua como ejemplos de la tragedia del “autoritarismo de izquierda”, algo que ha calado porque la izquierda del PT o la izquierda brasileña no lo ha criticado.

¿Entonces hay una cruzada anti género y feminismo que ha influenciado?
La cruzada anti género, anti feminismo y dentro de ella el ataque al aborto no son la única clave de explicación, son nada más que un lente para mirarlo.
Las fuerzas religiosas de la derecha, sectores evangélicos y el catolicismo conservador han ganado fuerza en los ultimo diez años, atacando temas como el aborto, la homosexualidad y los derechos LGTBI. Lo han hecho en el parlamento, en las Iglesias en sus medios digitales, han ganado corazones y mentalidades con ese discurso sistemático. Se han instalado en la escena política y ahora, en esa etapa más reciente, hay tres momentos sin los cuales no se puede comprender bien lo que está pasando en Brasil

Uno fue la elección de Dilma Rousseff en el 2010, porque era mujer sí, aunque no era feminista, ni es feminista, es una mujer de izquierda, que algún día se había manifestado a favor del aborto y eso lo tomaron como el banco principal en ataque contra ella en las elecciones del 2010, lo que la llevó en las dos vueltas a firmar una carta con el llamado “Pueblo de Dios” –evangélicos asociados con la derecha del catolicismo– donde se comprometió a no topar temas de aborto, ni de matrimonio igualitario, lo firmó y así ganó la elección. Entonces estos temas ya estaban en juego en el 2010.

El segundo momento en 2013, un año especial en el mundo porque es el año de las Primaveras Árabes, es el año cercano al efecto de las rebeliones en España, en Brasil también tuvimos las jornadas de julio, donde toda la gente salió a la calle para demostrar su insatisfacción con el gobierno. Es ahí donde se rompe el pacto de gobernabilidad del PT, que venia del 2002. En las calles estábamos todos, había derecha, izquierda, clase media, era muy heterogéneo, en ese momento empezó con más fuerza la polarización. La derecha empieza a caminar, por un lado, la izquierda por otro, la derecha toma para así el tema de corrupción y la izquierda decide no hablar de eso. Así la derecha hace de la corrupción su carro para atacar al PT, para atacar la izquierda y es esa la dinamita que va a llevar al golpe parlamentario contra Dilma Rousseff en 2016.

En los discursos realizados por los diputados que votaron por el golpe a Dilma no hablaban de economía o de los temas fiscales, hablaban de la familia, de la sexualidad, de todos los temas morales. El mismo Bolsonaro hizo un discurso de elogio y tributo a un torturador de la dictadura, llamado Coronel Ustra, que fue el militar que torturó a Dilma. Ese fue un momento significativo, como una señal de lo que podría pasar.

¿Cuál es está estrategia “anti género” y cómo se expresa?
Las políticas anti-género, que se gestaron desde los años 90, se propaga en la sociedad con fuerza a partir del 2012-2013. En Brasil coincide con el momento de la jornada de la ruptura del PT, de la gente en las calles, y la polarización se sigue configurando con un ataque principalmente al género en la educación.

En 2016 esa estrategia ya está implantada en toda la región, con grados de intensidad diversos, pero ya está implantada. Ese año tenemos el episodio de referéndum en Colombia, en el que el tema “anti género” salta en el medio del debate del Referéndum por la Paz. Si bien, según todos los analistas el tema no fue el motivo principal de la derrota del Sí a la Paz, sí es un elemento que le dio llegada y trajo a gente a votar contra el referéndum no porque esté en contra de la Paz, si no por estar en contra de la llamada “ideología de género” de la supuesta “destrucción de la familia”, de la “venezualización del país”, todo eso junto en un solo saco. Esto es lo que José Fernando Serrano llama “La Tormenta perfecta” que es cuando se juntan cosas que son muy distintas en un momento y producen un resultado.

A lo largo del 2017 el tema de la “ideología de género” está con más fuerza, y lo hace físicamente en los países. Un bus con mensajes antigénero, anti homosexualidad baja desde Estados Unidos, pasa por Nueva York, para la sesión de la Comisión del Estado de la Mujer de la ONU, baja a México, pasa a Costa Rica, Colombia, va a Perú y a Chile. Mientras esto se da, en Brasil empiezan ataques de censura a obras de teatro y exposiciones de arte en el Museo Queer, donde censuran una performance que un artista hacía desnudo en un museo de Sao Paulo, que provocó un pánico moral.

En Brasil todos los actores se fueron juntando, había evangélicos, católicos, pero también neoliberales extremos que desde el 2013 habían ganado fuerza en la sociedad, con propuestas de privatización radical y reducción del Estado. Todo esto es una mezcla de liberales económicos radicales con conservadurismo social. El autor que los forma principalmente es Edmund Burke, un filósofo y político, padre del liberalismo conservador, crítico de la Revolución Francesa. En Brasil incluso crean el Instituto Burke.

Mantenían la cosa de baja intensidad pero constante, utilizando métodos completamente nuevos, en Internet, WhatsApp, muy al modelo de la elección de Donald Trump. Así lo hicieron con el ataque a la educación con enfoque de género, pero sin mayores momentos de visibilidad. Pero todo esto fue dando elementos que luego se convirtieron en elementos electorales.
Ya para 2017 estos grupos están conformados y se juntan a las campañas morales y eso culmina en noviembre con el ataque a Judith Butler, filósofa feminista que visita Brasil. No es su primera visita, ya lo hizo en el 2015, y no había pasado nada, pero en el 2017 se convirtió en una acción gigantesca, donde la atacaron, habían hecho una campaña en Internet y recogido 500 mil firmas, hicieron una protesta, fue como una quema de brujas, como un ensayo de la escena electoral.

Juntaron a todos esos actores a los evangélicos, católicos, las madres que hablan de educar a sus niños en la casa, más los liberales, el movimiento Brasil Liberal, la derecha judía ­–porque hay sectores de la comunidad judaica que apoyan a Bolsonaro desde que él estuvo en Israel en 2016– y claro hay grupos judíos que hacen un ataque a Butler por su posición y crítica al Estado de Israel. Además de las radios evangélicas, pero también católicas.
Además empieza a aparecer en la prensa dos fenómenos bastante preocupantes: el surgimiento de un antifeminismo abierto, organizado, con voceras, mujeres; porque teníamos un antifeminismo masculino de antes, personajes grotescos, que llamaban a las mujeres de feminazis que viene de los últimos diez años; pero eso ahora es un movimiento de “mujeres antifeministas”.

Y el otro aspecto que a mi ver es más preocupante es que no se trata solamente de una operación de toma del poder, por vía electoral, sino que lo más dramático es que ha logrado activar el conservadurismo de la sociedad y lo están haciendo con violencia, con expresiones fascistas.
Antes yo tenía un poco de miedo de llamar eso fascismo, porque no se puede usar así una palabra tan fuerte. Pero se puede hablar de proto fascismo en posiciones de Bolsonaro: racismo, elogio de la violencia, de la fuerza militar, del poder del Estado.

Pero ahora hay como acciones violentas en la sociedad, sea de violencia verbal, física, de muerte, que sí se puede decir son expresiones de un fascismo social. Se han muerto al menos dos personas en Sao Paulo y un capoeirista negro en Bahía que es un Estado donde Bolsonaro no ganó. En la pelea de bar ese señor ha sido asesinado por un tipo abierto elector de Bolsonaro por quien estaban discutiendo. Hay otros 100 ataques, incluso en el sur donde sí hay una historia más larga de presencia y de reminiscencias nazis. Agredieron a una chica lesbiana que tenía una camiseta de #EleNao –campaña del movimiento feminista– a la chica le tatuaron con un cuchillo una esvástica nazi en la piel en su barriga.
Se empiezan a poner esvástica en las Iglesias, en los clubes judíos, hay un temor social, yo nunca he vivido eso en Brasil, uno tiene temor de hablar, no por el Estado sino porque no sabes lo que la persona a tu lado va a decir o hacer. No solo hay una polarización brutal en la sociedad sino que la violencia y la brutalidad está a flor de piel.

El lunes siguiente a la elección, yo salí corriendo de la casa y cuando bajé a la esquina me di cuenta que yo tenía una camisa roja, me paré y voltee a ver a la casa para cambiarme, mire al exterior y mire si había otra gente vestida de rojo, eso es como para explicar mejor lo que está pasando. Estoy segura que mucha gente lo esta sintiendo así.
No está en el aparato del Estado, no está en la Policía, es en la sociedad, hay un monstruo que salió, y creo que eso va a quedar, pase lo que pase con la crisis electoral, es algo que se instaló y eso va a seguir porque la bestia fue liberada, digamos así.
Y frente a esto la respuesta institucional es muy mala, el delegado de Porto Alegre que trato el caso de la chica que fue tatuada con la esvástica, dijo que no, que eso no es un símbolo nazi sino un símbolo budista, ella fue pegada en la calle en Belo Horizonte, tuvo daño en el cráneo porque le pegaron en la cabeza, entonces ella está internada en el hospital y los tipos que le hicieron eso estaban sueltos, porque el delegado consideró que ese golpe fue una lesión corporal de baja intensidad. Hay una parte de las instituciones que se puede decir que está como adherida a esa situación.

¿Qué significaría para la región y los otros países?
Un analista de la Universidad de Sao Paulo dijo que la estrategia que fue utilizada por la campaña de Bolsonaro, es una estrategia basada en tecnologías militares, que ha sido concebida en Estados Unidos, desde la guerra de Vietnam hasta ahora, llamada “guerra hibrida” que es una estrategia de crear confusión, de decir cosas falsas, una estrategia deliberada de crear duda y confusión, que puede mucho mas fácilmente llevar a la gente a una dirección.
Antes de las elecciones el presidente Temer en medio de todo, sacó un decreto presidencial para la conformación de un grupo de alto nivel, totalmente militar, Fuerzas Armadas y más la Policía Federal, para control del terrorismo y el decreto no dice, pero parece que la justificación fue que hubo indicios de que había una infiltración terrorista en el proceso electoral, al decreto lo están llamando el AIUNO que fue un acto institucional adoptado por la dictadura militar en 1964.
Salió una investigación que hay empresas que financiaron indirectamente la campaña de Bolsonaro en WhatsApp, contabilizando quince millones de reales, lo que configura, crimen electoral, porque la Ley Electoral no lo permite. Entonces en el Congreso hubo una demanda de suspensión de la candidatura de Bolsonaro

Una gran parte de las élites económicas y políticas que no son de derecha, sino son liberales, de centro, no están alineadas con las propuestas de Bolsonaro, y seguramente no votó por él; pero que no han sido capaces de manifestar, han mantenido una posición de neutralidad, porque tienen muchas criticas al PT.

Hay una irresponsabilidad en estas élites. No posicionarse es dejar que el país vaya al abismo así. No sé si hay gente que hace cálculo político, pero de todos modos no creo que se esté evaluando la gravedad de la producción de violencia, autoritarismo que la campaña de Bolsonaro y los grupos de derecha han producido.
Brasil es lugar geopolítico, que va a tener efectos por toda la región, de una manera que no es comparable con Colombia o Chile y más aún cuando lo que viene es la derecha en su forma más autoritaria y más violenta.
Entonces creo que hay que estar muy atentos, circular información, hay que hacer tejidos de solidaridad y comunicación, atención y pedir a las Diosas que nos protejan, de último, a las buenas y las malas.

Brasil se ha convertido en un blanco del neoliberalismo más feroz y los intereses que están agrupados son nacionales e internacionales y van hacer de todo para garantizar la posibilidad de quitar todas la berreras que hay ahí, que no son muchas pero hay.

¿Cuándo dices esas barreras al neoliberalismo a qué te refieres?

Me refiero a la parte pública, Petro Brasil, a pesar de la corrupción, sigue siendo una de las petroleras públicas más grandes del mundo, hay muchas otras empresas estatales que no han sido privatizadas. Brasil ha sido bastante moderado en los proceso de privatización. No se logró hacer lo que se hizo en Chile o Colombia y creo que eso pasa en otras partes de América Latina como Argentina, Uruguay donde todavía hay la presencia del Estado en la educación y salud. Para el capitalismo feroz del siglo 21 es una gran barrera que haya países que tienen Estados con un rol importante.
Y es un capitalismo adaptable a cualquier cosa, creo que hemos tenido debilidad de análisis para comprender lo que estaba pasando en Brasil y en otras partes, porque tenemos lentes de lecturas que ya no sirven.

La propuesta de Bolsonaro es la venta de la Amazonía, de todo lo público, ósea lo tiene escrito en su plan, pero eso no es transmitido a los electores, la gente en general aunque tenga muchos problemas con el feminismo, el aborto, “ideología de genero”, la gente que sabe que va a perder sus sueldos, el acceso a la Universidad Pública, la mayor parte de la gente no le hubiera votado, pero eso está encubierto por la cortina de los temas morales.
Entonces el tema de la “ideología de género”, aborto, familia de un lado es central en las cosas del orden, de poner la casa en orden, dicen que hay que tener papá, mamá hijos, todo en orden y autoridad de Estado y de jefes, todo un conjunto de imágenes patriarcales, egocéntricas, pero en el proceso electoral también sirve como una distracción, la gente se distrae con esos temas morales: ¡Ay el aborto!, ¡el kit gay!, ¡ay mis hijos!.
Yo un día escuché de un amigo común que decía, “yo estoy escandalizado por eso de la ideología de género, que les van a hacer a los niños tocarse los penes uno a otros en la escuela” . Eso me lo dijo una persona con estudios, con una formación, leída, que ha estado en el exterior. Entonces estos grupos de extrema derecha han sido capaces de usar esas cosas para movilizar una irracionalidad. Cuando lees los clásicos sobre el fascismo como Humberto Eco, va a decir que un trazo del fascismo es movilizar una irracionalidad y convertirla en razón, cosas irracionales, que parecen que hacen sentido, pero es totalmente irracional.

Están súper infiltrados y penetrados, hay clases, la gente hace el curso y se lleva a la casa el poster de la “ideología de género”, aunque a nosotros nos parezca una tontería, pero tienen una capacidad grande de captar las razones y las desrazones.

Ellos tienen un lenguaje común, una imagen común: los chicos azul, las chicas de rosado, de la campaña “Con Mis Hijos No te Metas”. Esa imagen ya estaba en Francia en el 2013, y van a ver que es igual en Polonia y Brasil, sus palabras, su retórica, sus imágenes, son las mismas en Quito, en Perú, llegaron a Cuba y ahora hay un ataque por la Reforma Constitucional. Son fuerzas transnacionales conectadas en gran medida por las Iglesias y el dinero de los conservadores gringos, financiados por Turquía, China. Estamos manejando cosas muy poderosas. Es profundo y tiene una ambición impresionante de poder.

https://wambra.ec/
Ana Acosta @yakuana
transcripción Evelyn Ayala @EveArhi