Las primarias, la abstención y las posibles lecciones

Alta abstención y pocos votos del total de militantes habilitados marcaron las elecciones primarias en Bolivia. A pesar de lo inédito de éstas en la historia del país, no dejan de ser polémicas y distantes de lo que significa una primaria para gran parte del mundo.

Las primarias son utilizadas en la mayoría de los países, sobre todo con sistemas presidencialistas, para definir a los candidatos que cada partido o coalición llevarán a las papeletas oficiales. Con esto, hallamos una crítica irrefutable, el hecho de que por cada partido sólo se presentó un binomio a elegir. No obstante, sí se puede argumentar, respaldado por estudios electorales, que las elecciones primarias brindan una mayor democracia interna y legitimidad a los candidatos que son electos en cada tolda política.

El problema surge acá. Las primarias de Bolivia se caracterizaron, y la oposición ha hecho eco de esto, por una alta abstención. El oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS) presentaba una nómina de 900 mil militantes (aprox.) habilitados para sufragar, de los cuales sólo votó alrededor de 450 mil. Esto plantea una serie de preguntas, por eso me detendré en esta tolda, puesto que el incentivo a no votar por parte de candidatos como Mesa impide realizar un análisis claro sobre la participación de los votantes en las organizaciones opositoras. El hecho de que para cada partido de la oposición votara un número significativamente menor, no es indicio de falta de movilidad de militantes o un bajo apoyo, sino el reflejo de un rechazo patentado en la abstención.

Desde que finalizó la jornada electoral del domingo y se conocieron los resultados, tanto la oposición como los medios de comunicación hicieron bulla sobre el escaso número de votos obtenidos por el MAS. No obstante, una disminuida participación no resta legitimidad, menos aun cuando es una característica que no afectó únicamente al MAS.

Los comicios que se realizaron fueron de “primarias cerradas”, es decir, que sólo militantes inscritos podían votar en ellas. Muchos estudios de análisis electoral, tales como Primary Election Systems and Representation de Gerber y Morton, reafirman –en base a datos históricos de elecciones– que la participación de votantes en “primarias cerradas” es significativamente menor a los de “primarias abiertas”, como igualmente de las elecciones generales.

Esto lo podemos comprobar sin ir muy lejos. Las elecciones primarias del año 2017 en Chile, arrojaron resultados de participación relativamente bajos, a pesar de ser abiertas (todo ciudadano tenía derecho a votar por un sólo candidato de una sola tolda política). Es así que dichas elecciones tenían un padrón de casi 13 millones de votantes, de los cuales participaron 1 millón 800 mil, contrastando con los 7 millones de votos emitidos en primera y segunda vuelta de las elecciones generales.

El fenómeno de la falta de participación no es exclusivo del MAS ni de Bolivia, es mundial, sobre todo cuando se trata de una elección que no tendrá gran impacto como sí lo son las elecciones presidenciales (la que más concurrencia convoca en todos los países con este tipo de régimen).

En una elección, por simple estadística, nunca participará el número total de votantes habilitados (para primarias, locales, parlamentarias, generales, entre otras), pero sí es necesario analizar los 450 mil votos válidamente emitidos en un movimiento que cuenta con el doble de militantes. Obviamente los válidamente emitidos se configuran como el voto duro del MAS, aquel que no cambiaría su opción en las elecciones generales bajo ningún motivo. Pero, ¿qué sucede con los restantes? Si bien los nulos fueron altos (comúnmente asociado al voto descontento), se enmarcan dentro del porcentaje normal en todas las elecciones latinoamericanas, por lo que es necesario observar si parte de esos militantes manifiestan descontento o simplemente el MAS no ha logrado fortificar su maquinaria partidaria y movilizarlos.

Pero no se puede asumir simplemente un descontento. Entre los electores existe el llamado “votante medio”, aquel que suele ser susceptible a cambiar de preferencia en cada elección y al que los partidos buscan captar. Esto no sólo existe a nivel de sociedad, sino también a nivel de partidos y, por lo general, suelen ser la mayor masa de votantes. Quizás el MAS deba usar estos resultados para hacer una introspección, ya que si difícilmente pudo captar al votante medio de su propio partido, en las elecciones generales, con un público más diverso, tendrá un camino difícil para alcanzar un resultado holgado, como en años anteriores.

Rudy López. Analista político