Arabia Saudi-Mujeres

Tres activistas saudíes son liberadas tras sufrir diez meses un trato vejatorio en la cárcel

Arjuna    30.Mar.2019    Mundo

“Los hombres están por encima de las mujeres porque Dios ha favorecido a unos respecto a otros, y porque ellos gastan parte de sus riquezas en favor de ellas (…) Aquellas de quien temáis la desobediencia, amonestadlas, confinadlas en sus habitaciones, golpeadlas. Si os obedecen, no busquéis pretextos para maltratarlas”. El Corán Azora IV.

Tres mujeres saudíes, que reivindicaron el derecho a conducir poco antes de que la monarquía decretase que pueden ir al volante de un automóvil, fueron puestas en libertad el pasado jueves, tras pasar diez meses en la cárcel donde sufrieron, según sus familiares y amigas, un trato vejatorio, torturas y agresiones sexuales.

Según Reuters, las liberadas son Eman al Nafjan, profesora universitaria, Aziza al Yousef (académica) y la activista Ruqaya al Mohareb. Las tres fueron detenidas en mayo de 2018, un mes antes de que el gobernante de facto de Arabia Saudí, el príncipe Mohamed bin Salmán, aprobase un decreto para que las mujeres puedan ir al volante.

“Ni siquiera las mujeres con nietos se libraron de las agresiones sexuales y otras vejaciones…Es un paso que llega tarde, ya que nunca debieron ser encarceladas”, agregó Amnistía Internacional (AI).

Las fuentes añadieron “que las activistas sufrieron interrogatorios a media noche a cargo de hombres completamente ebrios que las aterrorizaban, y diversos tipos de torturas, como introducirlas la cabeza en cubos de agua hasta llegar a la asfixia y descargas eléctricas”.

Los jueces que dictaminaron la prisión para las activistas que reivindicaban el derecho a conducir, movimiento que cobró gran importancia a partir de 2014, alegaron que las inculpadas “habían sido acusadas de mantener contactos sospechosos con países rivales y de socavar la seguridad y la estabilidad nacionales”.

Aún siguen prisión, también por exigir el derecho a conducir, otras seis mujeres: Nur Abdelaziz, Maya al Zaharani, Jfatun al Fassi, Jamar Badawi, Narema al Sadah y Amal al Harbi. Tres hombres que las defendieron también están tras las rejas, a saber: el abogado Ibrahim al Modaimeegh, el filántropo Abdelaziz Mesaal y el activista Mohamed Rahea.

Algunos medios han informado de que, “gracias a la magnanimidad de su Alteza Real el Príncipe Heredero Mohamed bin Salmán, de 33 años de edad“, las detenidas y los detenidos podrían ser puestos en libertad en los próximos días, incluso mañana, domingo.

“El feliz acontecimiento” de la liberación de las tres activistas se produce seis meses después del secuestro, asesinato y descuartizamiento del periodista saudí Jamal Khashoggi, quien fue atado y cortado en pedazos el pasado 2 de octubre, en el consulado de su país en Estambul, por mostrarse crítico -era columnista del diario The Washington Post- con las políticas del príncipe Mohamed Bin Salmán, a quien responsabilizada de los bombardeos en Yemen sobre la población civil.

Se da por hecho de que la ejecución de Khashoggi no hubiera sido posible sin que el flamante príncipe no hubiera ordenado que lo “quitasen de en medio por manchar su reputación”.

No es extraño que en Arabia Saudí se persiga a las activistas y a las feministas “como si fueran prostitutas que pervierten a la juventud”, ya que existe un sistema de tutela masculino (Wilaya), mediante el cual la mujer debe obedecer en todo al varón (al padre, si está soltera; al marido, si está casada y, en su defecto, al hermano mayor).

La mujer debe pedir permiso al varón para todo, desde comprar una bicicleta a abrir una cuenta bancaria. Es imposible que una mujer saque el pasaporte o viaje al extranjero, si no lleva la respectiva autorización de su tutor o guardián.

Al ser El Corán la fuente de inspiración de muchas leyes -en algunos países musulmanes, incluido el Reino Saudí-, la mujer es “por decreto divino inferior”. El Libro Sagrado dice en su Azora IV:

Los hombres están por encima de las mujeres porque Dios ha favorecido a unos respecto a otros, y porque ellos gastan parte de sus riquezas en favor de ellas (…) Aquellas de quien temáis la desobediencia, amonestadlas, confinadlas en sus habitaciones, golpeadlas. Si os obedecen, no busquéis pretextos para maltratarlas.

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